Liger: RENACIMIENTO. El fuego que recorría el cuerpo de Ángela, hizo que se sintiera febril, olas de aquel calor que la abrazaba le hizo comenzar a sudar. Gimió cuando las manos de Kail amasaron sus pechos; por debajo de la camiseta. Tomó el peso y parecía que el tamaño era justamente para él, ya que lo cubría perfectamente. No pudo evitar contener las ganas de frotarse contra aquel gran cuerpo; al notar la gran erección apuñaleando al final de su espalda. Como un rayo, el deseo y la lujuria atravesaron cada célula de su anatomía. Alojándose en su vientre y haciéndola jadear, era imposible luchar contra aquellas sensaciones que la embargaban. Ya sabía de primera mano lo que venía a continuación, lo había experimentado. La necesidad de ser poseída por un hombre, pero no cualquiera, solo

