***Adolescencia de Anastasia ***
—Pero es muy incomodo —se queja Ana viéndose al espejo con el sujetador que su madre le ha dado.
—Es el adecuado para ti, no se trata de comodidad, una niña decente no debe mostrar sus pechos como tú lo haces.
—Pero nunca los he mostrado —asegura confundida y con un dejo de ofensa.
—Los dejas entre ver con esa ropa inadecuada, de ahora en adelante usaras de este tipo.
—Pero me aprieta y lastima.
—Te acostumbrarás, siempre debes buscar la manera de ocultarlos o llamaras la atención de los hombres por vulgar.
—Supongo que no tengo opción...
—No, no tienes opción, recuerda que debes hacer absolutamente lo que yo diga.
—Si mamá —responde de manera mecánica pero con nula convicción.
—Ahora ordena las compras, yo saldré a cenar con mis amigas, ¿que estás haciendo?
—Quiero estar cómoda, lo usaré solo cuando salga de casa —responde desabrochando la incomoda prenda diseñada para esconder su busto.
—De ninguna manera, lo usarás todo el día, no quiero verte en la casa con esa ropa infantil que no te queda —tras un portazo, da por concluida la conversación, dejando a Ana en su habitación junto a las bolsas con el nuevo guardarropa que su madre minuciosamente seleccionó para esconder el cuerpo que apenas comenzaba a desarrollarse.
—¿Aun no regresa mamá? —pregunta Ana a su padre que lo encuentra sentado leyendo el periódico.
—No, aun no, estamos solos tú y yo, siéntate aquí Ana —palmea el asiento junto a él.
—Mejor voy a mi habitación, debo acomodar muchas cosas.
—¿La ropa que trajo tu mamá?
—Si —respondió con la mirada baja como siempre lo hacía cuando hablaba con él.
—No es necesario que uses siempre lo que ella te dice, puedes usar ropa más cómoda y fresca aquí en la casa, ¿por que no te pones una pijama sencilla para que estes más comoda?
—La ropa que me dio mamá esta bien, me gusta —de repente siente que por primera vez esta de acuerdo con su mamá, usará la ropa que ella le dio.
—Cuando necesites algo puedes pedírmelo, podemos escoger ropa interior bonita para ti, algo cómodo...
—No gracias, ya tengo suficientes y son bonitas, mamá tiene buen gusto.
—No lo creo, tu mamá es anticuada, muéstrame tu ropa y yo te diré si es bonita o no.
—Si es bonita, de verdad —insiste Ana.
—Anda, sube y tráeme un poco de esa ropa interior, no te tardes —sin más remedio, la atolondrada jovencita obedece y regresa con algunas de las prendas que solicitó su papá.
—Ya veo — dice él tocando los sujetadores—. Son anticuados, son como los que usan las mujeres mayores, deberíamos comprar algo más lindo, algo con encaje y seda.
—No sé si mamá estaría de acuerdo.
—Ella no lo debe saber, podemos ir solo tú y yo a escoger las prendas y te las mides para estar seguros de tu talla.
—No es necesario, de verdad, ya tengo mucha ropa.
—Pura ropa fea —asegura tomando una pantaleta y frotando con dos dedos la zona más baja de la prenda —. Algo con encaje suave sería mejor, además, se nota que nada de aquí es de tu talla.
—Si es mi talla, ya me medí todo y si me queda —contesta con inocencia pero sumamanete incomoda.
—No te creo, a ver, enseñame lo que traes puesto, estoy seguro que no te queda bien.
—¿Lo que traigo puesto? —pregunta con apenas un susurro y enredando sus propios dedos.
—Si, lo que traes debajo de ese pantalón y esa playera, debo ver si es verdad que te queda bien la ropa interior.
—Pero... Ya dije que me queda bien, de verdad
—también debo ver si es un color adecuado para... —su petición queda inconclusa al escuchar el portazo detrás de él.
—¿Qué estan haciendo? — pregunta la madre enviando un fuerte olor a alcohol a las fosas de su hija.
—Papá quería ver mi ropa nueva —responde más tranquila al ver que su madre ha regresado.
—Vamos a tu cuarto, acomodemos la ropa —responde tranquila ayudando a su hija con las prendas y retirando la pantaleta de las manos de su esposo.
—¿Qué hacías mostrando esto allá abajo? —la expresión de tranquilidad se torna oscura mientras arroja la prendas a la cara de Ana que ahora se ha quedado pasmada ante la reacción desmedida de su madre.
—Papá las quería ver, el me pidió que las bajara.
—Eres una tonta, esto no se le enseña a un hombre —espeta enfurecida.
—Pero papá me lo pidió —asegura en un hilo de voz.
—Callate, eres una malcriada y sucia mentirosa.
—Mamá, no miento, él me dijo que bajara mi ropa nueva —llora al ver que su madre abre el closet y saca un cinturón.
—Te voy a enseñar a no mentir y a comportarte como una niña decente.
—No mamá —implora antes de recibir el primer golpe.
—Por favor, mamá —ruega pero no es escuchada, sus súplicas son reemplazas por el cuero resonando sobre la delicada piel de la niña.
—No volverás a desobedecer —grita Faustina.
—No volverás a insitar a tu padre —amenaza entre cada golpe con esas palabras que hacen eco en la cabeza de Ana sin siquiera entender el significado pero que dejarán cicatrices en el alma y en la piel.