Me levanté decida. Abrí la puerta y salí directo a la habitación sin mirarlo. El vino detrás de mí, después de soltar un profundo respiro de alivio al verme salir. Tenía la poca ropa que tenía en unas perchas que colgaban de una vara en la pared que hacía función de armario. Tomé mi baquero y unas blusas y las puse dentro de mi cartera. _ ¿Qué haces? ¿A dónde vas? _ No respondí. _ Puedes responder por favor. _ Sin respuestas. _ Es que ahora no me hablas? _ Me toma por el brazo y me voltea para que lo mirara. Toma mi barbilla y la levanta _ ¡Mírame! _ Yo con los ojos cerrados y aún sin decir nada. _ abre los ojos y mírame. _ Sin respuestas. Me suelta y percibo que está perdiendo la paciencia. _ Ahora resulta que todos te ven demasiado joven para mí. Y estoy empezando a considerarlo. _

