_ Qué haces Giorgia.? _ le pregunté después de que ella, de repente me besó. _ Lo… siento Fabio. Estás demasiado guapo y seductor. Quería poder al menos besarte. No la dejé terminar. Aquello fue como si hubiesen prendido un encendedor. La tomé y la besé. Estábamos llegando a una plaza un poco escondida, no lejos de la torre Eiffel, donde había lugares con muy poca iluminación y muy pocos pasantes. La arrastré hacía uno de esos rincones oscuros, la apoyé contra uno de los muros de un monumento de los que había allí y al ver que al menos de cerca nadie nos estaba mirando, me metí entre sus piernas, como un animal salvaje, ahí mismo en esa plaza en la Av. Rapp, con vistas a la bendita Torre Eiffel. Aquel panorama le sirvió para crearse una linda y romántica historia de amor, en la que y

