: A m i g o s

2233 Words
Escape de la escuela con vergüenza y en realidad… No se que es lo que me daba más, el hecho de que todos vieran mis fotografías en ropa interior… ¡O que las vieran ellos,! que ellos supieran que tengo problemas, ¡Eso me asesinaba! Nunca habría pensado que mis problemas crecieran de esta magnitud. Todo se habría hecho un completo caos. Los gemelos, Gastón, Christian y Ares me habrían defendido, habrían generado una enorme pelea y habrían llegado todos con heridas en los nudillos o en el rostro, le dijeron a su madre y mi padre que nos intentaron asaltar, ellos se lo creyeron y yo agradecí que me cubrieran aquella mentira. Me recosté en la cama para mirar el techo, pasando mis dedos por encima de mi para pensar en el día de hoy, me sentía sucia y culpable. —¿Cuando fue que todo salió de mis manos?—Alargue en un suspiro. Para cerrar los ojos—, Estoy exhausta. Pasaron un par de minutos cuando tres golpes en la puerta me despertaron del trance en el que me encontraba, me acomodé en la cama para taparme con la cobija cubriendo mi cuerpo, cerré los ojos y suspiré. —¡Adelante! —, Alargué, intentando calmar mi tono de voz. La puerta se abrió para mostrarme a mi papá con una sonrisa, desde que llegó aquella noticia de Valeria siempre se encontraba así, feliz. Y me sentía feliz por él, porque hiciera de nuevo su vida, pero... No era del modo en el que la habría imaginado. Acomodó su ropa, y me miró alzando las cejas un par de veces. Se sentó en el borde de mi cama para sonreírme ligeramente. —¿Qué es lo que te pasa hija? Regresaste a apartarte de todos, ¿No estás feliz con esto? —, preguntó con intriga, podía ver cómo su sonrisa se apagaba un poco—, ¿No estás cómoda con esto? Mordí el interior de mi mejilla para sonreír levemente. Aferrando la cobija cubriendo mi cuerpo, esperando que la calma llegará a mí, miré las paredes de mi habitación, ya las habría cubierto con poster de Sabrina y Taylor Swift. Intentaba que las cosas se relajaran, quizá si me sentía cómoda en mi habitación me sentiría cómo en casa, fuera de esta pesadilla de la familia feliz. Y Taylor me hacía sentirme bien. —Ah… No, no es eso papá—, Alcé las cejas, para sonreír con un poco más de tranquilidad—. Esto esta bien. Valeria es increíble y estoy feliz por ti, de verdad. Es solo qué… Apenas esas palabras salieron de mis labios me mantuve en silencio, quería decirle lo que me habría hecho Theo, lo que sucedió en la escuela hoy, pero no podía pensar en ello, no podía sacar la idea de mi cabeza cómo una mala idea, cómo si esto en realidad no fuera a funcionar, la primera vez que me dio una paliza me quedé callada, ahora hice lo mismo. No podría pensar en que quizá se decepcionaría de mí, no quería que eso sucediera. —Estoy bien papá. No tienes porque preocuparte, de verdad. ¿Vas a salir?—Le dije apoyando mi mentón en mi mano. Los ojos de papá se iluminaron, acomodando aquella corbata azul que se había colocado. —Me veo bien, ¿No? —, Canturreo, para sonreír mostrando todos sus dientes. Asentí soltando una ligera risa—, Vamos a salir, todos, iremos a una cena. Levántate. Mordí el interior de mi mejilla, para sonreír de nuevo intentando mantener la calma, pero me resultaba imposible, —En realidad… Tengo cólicos papá—, mentí velozmente, para tomar su mano—, Se divierten. Y de verdad, estoy muy feliz por ti, se que seremos una familia feliz. Aquellas palabras se atoraron en mi garganta, porque no podía pensar en algo cómo eso. —Esta bien cariño—, Se levantó dejando un beso en mi frente—. ¿Necesitas algo? ¿Una pastilla? Negué sonriendo levemente. —Estaré bien—, prometí cruzando los dedos. Las mentiras seguramente me consumirían—, Se divierten papá. Él asintió para salir de la habitación, deseando que me sintiera mejor pronto. Esperaba lo mismo, pase mis manos por mi cabello, para suspirar. Pasado un par de minutos escuché silencio, en esta casa caótica, miré por la ventana notando cómo todos subían en aquella camioneta que habrían comprado para que esto fuera más “cómodo”, para ellos. Quizá así sería. Apenas noté que se fueron me quité aquella sudadera que cubría mi piel y aquellos moretones que me había llevado el lunes. Solté un suspiro lleno de pesadez, me observé en el reflejo en donde se encontraban aquellas marcas que me habrían hecho tanto daño. Después recordé lo que paso hoy en la escuela, el ver cómo los chicos habrían golpeado a Theo, a sus amigos, él primero en hacerlo fue Gastón, quien me pidió que me tranquilizará del martirió que estaba viviendo, hasta que sus ojos vieron a Theo y todo se iluminó cómo una idea fugaz en su cabeza. Bajé a la cocina por agua, comencé a tomarla cuando mis ojos conectaron con Ares, ¡Mierda! ¿Por qué no se fue con ellos? Sus ojos examinaron mi cuerpo, me sentí pequeña de nuevo. Entre abrí los labios y mis ojos casi salían de sus orbitas, me sentía pequeña. —Ah, yo… Yo pensé—, me quedé callada apenas noté cómo las palabras se quedaban atoradas en mi garganta—. Ah, ahm… Deje el vaso de agua y estaba por huir corriendo por las escaleras, pero el me impidió mi escape tomándome de la muñeca, mirándome directamente a los ojos. —Te vi los moretones en la mañana. No tienes que fingir que no están—, dijo con frialdad—. A ti no debería de darte vergüenza, si no a él. —¿Él? Yo no sé de qué hablas Ares. Estoy soltera...—, baje la mirada huyendo de sus ojos—, Yo... Su mano se dirige a mi mentón orillandome a verle, mis ojos chocaron con los de él, sus ojos verdes me embriagaron. —¿Tienes hambre? —No mucha en realidad—, acepté con una mueca—, Quiero irme a dormir. Miró hacía arriba, para soltar un suspiro, he de admitir que la situación me hacía sentir pequeña, no por él, sino por el modo en el que me encontraba yo. —Tu papá mencionó que tenías cólicos, ¿No? —, preguntó, asentí velozmente para intentar zafarme de él—, Por dios, pareces un chihuahua, cálmate. Ni que te fuera a pe... Sus palabras se quedaron en la garganta, cuando se dio cuenta lo que estaba por decir, aparté la mirada y aplane los labios, sacando aquella idea de mi cabeza, la que salió de sus labios. —Pues ya que estarás acostada, ¿Quieres ver una película?—, me dijo. Aparte la mirada. Mordí mi labio, el cual me lastimé apenas lo hice soltando un jadeo, sus ojos pasaron a mis labios, solté un suspiro. —Depende. ¿Qué película? —Lo que quieras, excepto alguna comedia romántica—, rodó los ojos, sonreí. —Entonces, acepto. Me soltó, para caminar hacía uno de los cajones y sacar unas palomitas que introdujo en el microondas, noté que tenía un tatuaje en el brazo, un par de alas. —Oye, Ares—, Llamé, recordando el día de hoy, me recargue en la encimera. Hoy había llorado como nunca, mis ojos estaban pesados y sentía como estos estaban irritados. Papá creía que era por el asalto. —¿Dime Maca? —Ah… Gracias por defenderme, en la escuela—, dije sonriendo de lado—, Y por defenderme en la fiesta, Ahm… Y por… —Ya—, dijo con una risa—, Te defiendo mucho, sí. Terminó de servir las palomitas y ambos subimos a su habitación, apenas entré le miré con un poco más de detalle, esta estaba con las luces moradas y un par de cosas pegadas en las paredes, me gustaba su habitación y el aroma que él tenía. —¿Te sigue doliendo el cuerpo? —, preguntó, pase mis dedos por uno de los dibujos. Era una calavera, misma que tenía tatuado en la espalda. —Ajá—, dije atenta al dibujo—, ¿Tu lo hiciste? —¿Te pusiste algo? —, preguntó, negué—, Sí. Yo lo hice. —Te quedó lindo—, dije. Él agradeció, para caminar a uno de los cajones buscando algo entre aquel mueble n***o, regrese mi mirada a los dibujos, era muy talentoso, no sabía esta parte de él. Escuché como cerraba el cajón notando que sacaba de el un frasco. —¿Puedes sujetar tu cabello? —, preguntó caminando hacía mí. —No es necesario que hagas esto, después de un par de días el dolor cesa—, dije con desdén mirando cada dibujo que se encontraba aquí. —¿Estás acostumbrada a esto? Le miré de reojo. —Acostumbrada, no. Pero se cómo funciona—, dije con vergüenza—, Dijiste que veríamos una película, ¿No era eso? —Sí, pero quiero curar tus heridas primero—, sentencio. Para sentarse detrás de mí, pasando mi cabello por mi hombro, dejando mi espalda descubierta—, Sabes, me gusta que te dejaras los lentes. Te hacen ver más bonita. —Gracias—, dije sin verlo, sentí cómo comenzaba a ponerme pomada en la piel, la cual hizo erizarme la piel—, Y gracias por esto. —Agradeces mucho—, me dijo con diversión, para dejar de poner aquel producto en mi piel—, Ya está. Le miré, últimamente mis pensamientos se enfrascaban en sus ojos verdes y en cada cosa que pasaba haciendo por mí. El encogió los hombros. A lo que minutos después colocó la película, era una de comedía, ambos nos recostamos en su cama, su mano se pasaba por mi cabello, mientras ambos veíamos la película. Por momentos no la veía, me quedaba enfrascada en mis pensamientos, antes de pensar cualquier cosa me giré a él notando que me miraba. —¿Por qué haces todo esto por mí? —, pregunté. Él frunció las cejas—, No eres del tipo de chico que hace esto. Lo sabes. Su mano se posó por detrás de mi cabello, para después sonreírme ligeramente, para encoger sus hombros. —Porque puedo. —Sí, puedes, ¿Pero por qué? —, pregunté nuevamente. —Superalo Macarena—, rodó los ojos. —Te vi, en la fiesta y... —¿Así que me estuviste observando antes de que habláramos?—, su tono fue burlón, rodé los ojos apartando la mirada. Me tomó del mentón—, Mírame. —Ares... —Porque usas unas sudaderas espantosas—, se mofó a lo que solté una risa—, Porque tus sudaderas no quedan con esas faldas que usas. —Sí, pensé en ello—, Le dije a lo que sonrió—, Pero, ayuda al titulo que tengo. Ahora soy más nerd para todos. ¿No? —Quizá. —Quizá podamos llevarnos bien. Fuera de este caos—, mencioné mirando hacía el techo—, Podríamos ser amigos. —¿Amigos? —Sí. Amigos. Asintió, para acercarse a mí, y mirar mis labios su mano pasó por mi rostro, mi cabello. —¿Tu crees que los amigos hacen esto? Apenas lo dijo sus labios se estrellaron con los míos, no podía negarlo, esto me generaba una corriente eléctrica en el cuerpo. Le regrese el beso y me incline un poco más hacía él. —¡No! —, retrocedí un poco, apenas lo hice el sonido de la puerta abriendose me llamó la atención.—, ¡Ay! ¡Ares! ¡Revisa bien! se que tengo algo en el ojo. La mirada de Ares se llenó de burla, para fingir observar mi ojo ante lo que dije, sus ojos y los míos se miraban compartiendo un sin fin de cosas que ninguno era capaz de mencionar. —Listo. Sí, era una pestaña—, fingió, divertido. —Gracias. Miré hacía la puerta tallando mi ojo encontrándome a Valeria, quien miraba la escena con diversión. —Hola chicos, parece que te vino bien la compañía—, dijo dulce, asentí—, Les trajimos de cenar y a ti Maca, pasé a comprarte algo, toma. Se acercó a mí dejando una bolsa en mi mano. —Calienta este en el microondas. Ayuda muchísimo ante tu problemática. —Gracias, Valeria—, le dije sonriendo ligeramente. —¿Y qué hacían? Recordé los moretones, acomodé mi cabello intentando cubrir mi cuerpo, esperaba que la luz morada disminuyera la vista de esto. —Escuché que Maca se sentía mal. Así que estamos viendo una película. Valeria asintió, para salir de la habitación, miré a Ares. —No me vuelvas a besar, Ares. Esto no va a funcionar—, dije mirando sus ojos—, No podemos seguir haciendo esto. Esta mal. —¿Por qué estaría mal Maca? —Porque… Seremos hermanos. Esto tiene que acabar.
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