Lo que se revela entre copas.
Valeria se miró al espejo una última vez.
No iba exagerada.
No iba sencilla.
Iba ella.
Respiró hondo antes de salir de la habitación.
—Mamá, ya me voy —anunció.
Elena apareció en la sala y la observó con atención, como si quisiera memorizar ese momento.
—Te ves muy bonita —dijo—. ¿Es alguien del trabajo?
—Sí —respondió Valeria—. El CEO.
Elena alzó una ceja.
—Ten cuidado, hija.
Valeria sonrió y la abrazó.
—Siempre.
El sonido del claxon la hizo separarse.
Sebastián ya estaba afuera.
Valeria abrió la puerta y se detuvo un segundo al verlo. Él la recorrió con la mirada sin disimular, pero con respeto.
—Buenas noches —dijo él—. ¿Lista?
—Lista.
Se despidió de su madre y subió al vehículo.
El auto avanzó en silencio unos segundos, hasta que Valeria preguntó:
—¿Cómo sabías dónde vivía?
Sebastián sonrió de medio lado, sin apartar la vista del camino.
—Sé todo de las personas que están cerca de mí.
Ella lo miró, divertida.
—Eso suena un poco intimidante.
Sebastián se detuvo en un semáforo, se inclinó hacia ella y, sin darle tiempo a reaccionar, rozó su mejilla con un beso lento, intencional, peligrosamente seductor.
—Tranquila —susurró—. Solo cuido lo que me importa.
Valeria sintió un escalofrío.
La cena transcurrió entre luces cálidas y música suave.
Hablaron de cosas simples al principio: el trabajo, viajes, pequeños gustos. Hasta que Sebastián la miró con curiosidad genuina.
—¿Tienes novio?
Valeria alzó la copa y sonrió.
—Si tuviera novio… ¿estaría aquí cenando con usted?
Sebastián rió, encantado.
—Buen punto.
—l¿ me pregunto si tuviste novio?
—Sí —respondió—. Ya sabes eso.
—¿me puedes contar?… bueno si deseas.
Valeria asintió despacio.
—Sí. Hace mucho tiempo. Cuando estaba en la universidad.
—¿Puedo saber más?
Ella dudó un segundo.
—Dejé la universidad por razones… ya obvias —dijo—. Económicas. Y terminé con él porque no me sentía protegida. Ni acompañada.
Sebastián la escuchaba con atención absoluta.
—Ahora es un gran arquitecto —continuó—. Su nombre es Miguel de la Fuente.
Sebastián dejó la copa en la mesa con una expresión incrédula.
—Espera… ¿me estás diciendo que ese estúpido de la Fuente fue tu novio?
Valeria frunció el ceño.
—¿Por qué le dices así?
—Porque siempre quiere quedarse con mis contratos —respondió—. Pero yo me los quedo.
Valeria lo miró sorprendida… y luego rió.
—Entonces el mundo es más pequeño de lo que pensaba.
Sebastián la observó con una intensidad distinta.
—O tal vez —dijo— el destino se está divirtiendo con nosotros.
Se quedaron mirándose, conscientes de que esa cena ya no era solo una cena.
Algo se estaba revelando.
Algo que no iba a ser fácil.
Ni correcto.
Pero sí inevitablemente.