Capítulo 14: Noche en el teatro

2834 Words
A la mañana siguiente desperté en una cama vacía y sin rastro de Declan. Se había marchado mucho antes de lo que podía imaginar. Me sentí un poco decepcionada porque no estuviera a mi lado, pero a la vez me alegraba que se hubiera marchado. Tomé mi celular de la mesita de noche a mi lado y en la pantalla indicaba que había un nuevo mensaje. Declan Lo siento por irme así, pero no podía levantar sospechas. Te veo después x Bajo los rayos de sol entrando en la habitación y recordando los detalles de la noche anterior no pude evitar sentir una presión en el pecho, y un remordimiento que me comía viva. Cómo era que durante las noches me sentía valiente y no me importaba nada y durante el día era una cobarde que se sentía culpable. La realidad era que no me sentía culpable, lo era. Me había metido por los ojos a un hombre que antes de mí no tenía mala fama y mucho menos algún rumor de infidelidad. No importaba por dónde buscara no había manera de justificar lo que había pasado. La primera tal vez era perdonable, pero ¡dos! Dos era pecado capital. Me llevé las manos al rostro y solté un pequeño grito de frustración. ¿Por qué me pasaban todas estas cosas a mí? ¿Cuál era la lección que no estaba aprendiendo? ¿Qué era lo qué no estaba viendo? Necesitaba salir y volver a dónde todo había comenzado. Analizar todo lo que había pasado con detenimiento, necesitaba volver al lugar en el que había sido feliz antes de conocer a Memphis; y que con un poco de suerte tal vez me encontraría a Tony para que me aconsejara. Me descubrí el rostro, decidida a pasar todo el día en aquella cafetería. Solo había un pequeño problema, al ajustar mi vista una vez más a la luz del día percibí un pequeño detalle. No era mi habitación, sino la de Memphis. Como resorte me levanté vistiéndome a la velocidad de la luz y comenzando a quitar las sábanas de la cama. Abrí y cerré los gabinetes de su armario buscando un par de sabanas limpias. Y agradecí que este hombre tuviera otro juego limpio del mismo color para sustituir aquellas que tenían nuestro olor. Arreglé y traté de dejar la habitación lo más pulcra posible, mientras corría de un lado a otro con el corazón en la boca. Eran las ocho de la mañana, y seguro Memphis no tardaría en llegar. Cuando coloqué la última almohada en su lugar escuché la puerta de la entrada abrirse, indicando que el terror de ese momento ya había llegado. Cerré la puerta y corrí a mi habitación. Me tiré sobre mi cama recuperando el aliento agitada mientras pensaba en: ¿cómo terminamos en otra habitación? Llegué a la conclusión de que, en el momento antes de subir las escaleras me referí a mi izquierda ignorando que para Declan era derecha. Me reprendí internamente por mi torpedad, debía ser más cuidadosa y no porque se fuera a repetir si no porque había muchas maneras de echarme de cabeza. De revelar aquel engaño, tal vez era buena mintiendo, pero nunca había guardado una mentira tan grande y grave como esa. —Adelante —dije cuando escuché que alguien tocaba mi puerta. —Hola —habló Memphis abriendo la puerta— ¿Ya desayunaste? —preguntó recostándose en el marco de ésta. Negué con la cabeza, ajustando la cobija con la que rápido me cubrí para esconder que llevaba la misma ropa del día anterior. —¿Quieres que desayunemos juntos? Puedo cocinar… —¿Qué me vas a cocinar? ¿Avena con fruta? —alcé una ceja, sarcástica. Soltó una pequeña risa. —Iba a sugerir hot cakes, pero si prefieres avena… —¡Sí, quiero! —interrumpí antes de que cambiara de opinión. Asintió y se dio media vuelta. —Te veo abajo —informó. Me quedé recostada un par de minutos antes de levantarme y colocarme otra ropa. No me había percatado de que el futbolista había llegado de buen humor, al punto de querer desayunar juntos y cocinar. Pero, sobre todo, cocinar hot cakes, algo que no estaba en su dieta y que en otro momento seguro me hubiera hecho tirar a la basura. ¡Que bueno que acepté! —¿A qué se debe esto? —pregunté tomando asiento en uno de los bancos de la cocina— ¿dónde quedó el Memphis fitness? El futbolista ya tenía casi todo listo, solo le quedaba un poco de la mezcla que vertió en el sartén. Colocó tres hot cakes en un plato con un poco de frutos rojos y me lo tendió. Debía admitir que se miraban bastante deliciosos. —Hoy es mi día libre y se me antojaron ¿hay algún problema? —respondió volteando las ultimas piezas antes de servirse su plato. —Ninguno —respondí devorando mi segunda pieza en segundos—. ¿Cómo te fue con Yannick? La curiosidad me ganó, recordando la reunión que menciono tener con Yannick, y que era el motivo por el que había llegado de tan buen humor. —¿Estás ocupada hoy por la noche? Cambió de tema. Asentí comprendiendo que Yannick no era la razón, ni tampoco tema de conversación. Seguía sin saber qué era lo que había hecho Memphis. Qué lo había puesto entre la espada y la pared y porque daba tantas vueltas con el abogado, pero entendí que ese no era el momento. —Depende, ¿qué tienes en mente? —¿Puedes o no? —insistió. Contuve el aire y me mordí la lengua, de nuevo el Memphis mandón estaba de vuelta. El hombre a veces tenía un carácter de la chingada que me hacían creer que tal vez ese era el motivo por el cual no tenía novia. —¿A qué hora me necesitas? —respondí soltando el aire. —A las siete. ¿Tienes algún vestido largo? —Dejé mi tenedor en el plato y lo observé curiosa— Es una gala… en el Royal Opera House. Informó tranquilo, como si lo que me acababa de decir no fuera la gran cosa. —¿Es broma? —hablé incrédula— ¡Vamos a ir al teatro! Asintió restándole importancia mientras se llevaba otro bocado a la boca. A simple vista parecía tranquilo pero por dentro se le inflaba el pecho de orgullo por complacerme, por haber recordado mi gusto por el ballet clásico. —Vamos a ir a la premier de La bella durmiente, el ballet. Me tragué el pequeño chillido y me contuve de no saltar como niña chiquita de la emoción. Ir al teatro siempre había sido uno de mis sueños y más si se trataba de una función de ballet. La danza, pero en especial el ballet eran el otro lado del arte que me gustaba y que también me hubiera gustado ejercer. Los tutus, tocados, y zapatillas eran un sueño, la delicadeza y a la vez precisión con la que ejecutaban cada uno de los bailes hacían que fuera algo irreal. Eso, sin mencionar la flexibilidad que las hacía parecer banda elástica. —¿Cómo obtuviste los boletos? —pregunté, emocionada. —Después del video en colaboración con el Royal Ballet nos invitaron al estreno. Y como estrategia extra de marketing el equipo decidió que sería buena idea que también asistiéramos hoy. Es un evento público, pero la cena posterior a la función es exclusiva. —No lo puedo creer —dije palabra por palabra— ¡Vamos a conocer e interactuar con los bailarines! Asintió una vez más divertido de mi reacción. Por primera vez cada palabra que salía de su boca me emocionaba como nunca. Ir al teatro se sentía como ir al parque de diversiones. —Por cierto, Keith encontró a la bailarina misteriosa. Se llama Aurora y trabaja en el ballet —informó mientras dejaba el plato en el lavabo. —¿¡En serio?! ¿La veremos bailar? —Tenía las mejillas entumecidas de tanto sonreír. —Creo que sí —Encogió los hombros—. La verdad es que no sé mucho, tendrás que preguntarle a Keith cuando lo veas. Terminamos de desayunar tranquilos y me fui a mi habitación. Aún era temprano y quedaba mucho tiempo por delante, así que me puse a pintar para distraerme y matar el tiempo. Tomé un lienzo en blanco y comencé a tomar diferentes colores pintando sin rumbo alguno, únicamente lo que mi mente y mi mano proyectaban. De vez en cuando dejar que los sentimientos guiaran mi trabajo se sentía bien, era una terapia bastante efectiva. —¡Sofía! ¡Nos vamos a las seis! —informó Memphis gritando desde el primer piso. Observé el reloj: las cuatro de la tarde. Dos horas no eran mucho, pero eran lo suficiente para sacar el trabajo. Dejé el pincel y comencé a buscar entre mi ropa algún vestido apropiado para la noche. Después de batir todo el armario encontré el vestido azul cielo de satín que usé en la última reunión de negocios de mi familia. No parecía tan mala opción, un vestido midi con el escote recto y sin tirantes, bastante conservador y a la vez atrevido. Me duché preocupada de que aún me quedara, pero cuando el zipper subió sin ningún problema continué arreglándome. Salimos de casa a las seis en punto, ni un minuto más ni uno menos, para evitar el tráfico y llegar a tiempo. Memphis era todo, menos impuntual. Nos bajamos del auto frente a un teatro lleno de gente y fotógrafos a la espera de que algún famoso apareciera, o más bien los chicos del Chelsea. Detrás de nosotros llegaron Keith, Kyle y Chase y juntos entramos al lugar después de quedar ciegos con los flashes. Dentro una persona nos indicó que podíamos esperar en el bar a que la función iniciara y entre personas yendo y viniendo nos llevó por unas puertas de cristal. Keith no tardó ni un segundo en pedirse un trago para tranquilizar el nerviosismo que emanaba desde lejos. ¿Quién no lo estaría? Después de meses buscando a la chica que le quitaba el sueño, al fin tenía la oportunidad que tanto había pedido, lo único que tenía que hacer era conquistarla y no arruinarlo. Pero con lo poco que conocía de Keith era imposible no enamorarse, y si Aurora era inteligente no lo dejaría ir. —Olvidaste lavarte las manos —dijo Memphis tomando mi mano y mostrándome el par de manchas de pintura sobre esta. —Gajes del oficio —respondí con una sonrisa justificando que no me había tallado lo suficiente para eliminar las manchas de pintura. Me dio una enorme sonrisa negando con la cabeza mientras entrelazando nuestros dedos para acercarnos con el resto de sus amigos. Observé nuestras manos de reojo y no pude evitar sonreír. Aquel simple gesto, costaba mucho trabajo cuando se trataba de un chico que de repente era frío como la noche, así como lo era Memphis. Por la manera en la que se dieron las cosas pude notar que le había salido inconsciente y no pude evitar abrazar su brazo, contenta de que por primera vez algo no fuera mentira. Chase, Kyle y Memphis se encontraban enfrascados en una conversación que desconocía por completo, mientras que a mi lado Keith daba pequeños sorbos a su vaso nervioso. —Memphis, me contó —hablé llamando su atención— me alegra muchísimo que pudieras encontrar a la chica. ¿Has hablado con ella? El inglés de ojos azules se sonrojó. —Un poco. Aurora es bastante reservada —respondió—, pero es muy simpática una vez la conoces. De hecho, creo se podrían llevar muy bien. —Nada me encantaría más que conocerla —Sonreí—. ¿Sabes en qué escena sale? Se encogió de hombros y negó. —Chicos los estaba buscando —interrumpió una chica más o menos de mi estatura, piel morena y ojos oscuros acercándose al lugar—. Pueden colocarse para una foto. —Saelly, no sabía que vendrías —comentó Chase. —Si, bueno, alguien tenía que capturar a las super estrellas del Chelsea en el teatro —respondió levantando su cámara fotográfica. La chica a quien desconocía parecía bastante simpática y por el logo del Chelsea en su chamarra asumí que trabajaba con el equipo como la fotógrafa o la encargada de publicidad. —No me sorprendería que mañana salgamos en la portada de todas las revistas —respondió Memphis alzando una ceja. —¡Ey! —respondió ofendida— yo no soy la que filtra los chismes. Yo solo entrego mi trabajo. —Creo que venir fue mala idea —expresó Keith un poco preocupado. —¿Por qué lo dices? —pregunté confundida. No veía el problema de su presencia en todo esto, al contrario, me parecía que ambas partes se beneficiaban. —Porque nosotros cuatro somos suficiente para quitarle protagonismo a la obra —explicó Kyle. —No si la chismosa les da a las revistas Aurora y Keith: un amor poco convencional. —¡No, no! ¡Eso no! —protestó Keith dejando su trago sobre la barra. —¿Vamos Keith, quieres que le vaya bien? ¿Que vuelva a tener la oportunidad de ser primera bailarina? Has que la gente comience a tener interés en ella y venga a las funciones solo a verla, así la compañía se vera obligada a darle un rol principal —habló serio Memphis. Keith guardó silencio sopesando su respuesta. Si lo mirabas por el lado malo, lo que sugería Memphis estaba mal. Estaba mal porque no teníamos el consentimiento de Aurora, sin embargo, a la prensa eso era lo que menos le importaba. Pero, si mirabas el otro lado de la moneda, aquella opción no sonaba tan descabellada. Era un encabezado que le beneficiaría en lugar de perjudicarla, y después de la lesión la bailarina no tenía muchas opciones que la llevaran a la cima de nuevo. Memphis observaba al ojiazul esperanzado, Keith era el pequeño respiro que necesitaba. Era la oportunidad para que por primera vez la prensa se enfocará en otro futbolista. Hacer que ellos tuvieran los reflectores mitigaría que se enfocaran en nosotros y honestamente, yo también necesitaba un descanso de las falsas acusaciones que me hacían. El último rumor que leí fue que Memphis me había sacado de un burdel, así que un amor de teatro no parecía tan mala opción. —Yo apuesto a que ellos dos son los que saldrán en la portada —Cambió de tema Chase señalándonos. —Muy gracioso, pero yo creo que nuestro momento ya pasó y serán ustedes cuatro. Imagínate el encabezado: De patear balones a usar zapatillas o De la cancha al teatro: los jugadores del Chelsea —puntualicé moviendo las manos en forma de arco. —No se preocupen yo me encargaré de eso —interrumpió, Saelly—. Ahora, júntense, por favor. Me hice a un lado y me paré detrás de ella observando como posaban para la foto. Todos tenían el don para modelar sin ningún problema y eso me hacía envidiarlos. Vestían traje, pero cada uno a su estilo. Memphis se había abrochado hasta el ultimo botón de la camisa, mientras que Kyle se había desabrochado uno más dejando ver un poco más de su pecho. Chase llevaba corbata y la camisa de Keith tenía unas figuras que no lograba distinguir. A simple vista podían formar una boy band sin ningún problema, podrían cantar terribl, pero las fans no les iban a faltar. La fotógrafa les daba pequeñas indicaciones mientras tomaba una ráfaga de fotos. Coordinar a cuatro futbolistas no era cosa fácil, en especial cuando estaban bromeando. —Espero te paguen bien por esto —dijo Memphis. —No me pagan lo suficiente para estar soportando sus chistes malos y sus bromas pesadas todos los días —Se burló. —Eso no dijiste el otro día cuando te encontraste a Chace en… —¡Fue un accidente! —interrumpió con las mejillas sonrojadas. —Cállate, Memphis que nosotros no estamos enrollados con… —Comenzó a decir Chace. —Eh eh, ni te atrevas a decirlo —amenazó a su amigo. —¡Chicos, tranquilícense! Vinimos a disfrutar la obra no a revelar intimidades —hablé metiéndome a la conversación. —Si supieras, no diría lo mismo —murmuró una voz que no logré distinguir pues unas campanadas y una mujer indicando la segunda llamada nos interrumpió. —Creo que deberíamos ir buscando nuestro asiento… —sugirió, Kyle caminando a la puerta que llevaba a las butacas. Nadie protestó y lo siguieron sin decir una palabra. Inclusive Saelly caminaba detrás de nosotros, mientras que Memphis esta vez colocó su mano en la parte baja de mi espalda. No dije nada, sólo podía pensar si aquellas palabras tenían que ver con lo que el futbolista ocultaba.
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