Capítulo 3

1146 Words
                                                                                  Capítulo 3 Se suponía que, según Gia, Madison debía ir a verla para explicarle la verdad de lo que estaba detrás de su secuestro, pero habían pasado más de dos días desde que había llegado a ese lugar y nadie más que la mujer de servicio venían a su cuarto, le traía los mejores manjares y las bebidas más caras, las cuales dejaba casi enteras y se iba sin decir palabra alguna, sabía perfectamente que su posición no podía exigir nada, era una rehén, pero sentía mucha curiosidad dentro de ella y no podía estar tranquila. Llegada la tarde, sintió la necesidad de tomar un baño, se quitó la ropa y se fue hasta la inmensa ducha que estaba frente a ella, le dio paso al agua caliente y se metió completamente bajo la regadera, sintiendo como su cuerpo se relajaba y sus preocupaciones se hacían a un lado, dejando que ese momento la consumiera en relajación, olvidándose en donde y con quien estaba. Madison en ese momento se bajaba de su jet privado, estaba llegando de una reunión de emergencia que tuvo con unos nuevos accionistas, Gia se acercó a ella para ponerla al corriente de todo y lo primero que pregunto fue por Ainoa, su amiga le comento que había un pequeño problemita con ella, la chica se negaba a probar bocado alguno y que eso podría representar un problema, a lo que Madison decidió ir directamente a verla. Cuando llego cerca de la puerta y posó su mano en la manija de esta, escucho claramente la regadera de la ducha, no sabía si entrar, no quería asustar a la chica, pero sus instintos más profundos y ganas de verla completamente desnuda, pudieron más que ella y simplemente con sumo cuidado abrió la puerta, miro a su lado y pudo deleitarse rápidamente con la hermosa vista de su desnudez, la chica estaba de espaldas y no se había dado cuenta de la presencia de la mujer, Madison dio unos pasos hacia ella y tomo asiento en un sofá que daba una perfecta vista hacia ese cuerpo escultural, como Dios lo había traído al mundo. Ainoa seguida asumida en sus pensamientos mientras tarareaba una melodía, mientras giraba su cuerpo y le daba una, aún más, perfecta vista a la lujuriosa mujer que ya sentía que sus bragas estaban empezando a mojarse, ver su centro empapado de agua y perfectamente depilado, fue lo que necesito para entrar en un trance en ese momento, sin poderla dejar de mirar; de un momento a otro, Ainoa abrió los ojos para poder ubicar el shampoo y cuando vio que estaba Madison mirándola de esa forma se asustó automáticamente, dando un salto y tapándose con dificultad sus partes desnudas. –¿Qué haces ahí? – le preguntó con nervios. –Vine a verte – le respondió mirándola a los ojos, con una sonrisa de medio lado. –Me estoy bañando, mínimo pudiste esperar a que terminara de hacerlo –se quejó. –No tienes nada, que ya no haya visto. La chica respiro profundo, tratando de no analizar a fondo que era lo que quería decir, y con dificultad apago la regadera y tomo una bata de baño que estaba cerca para poderse tapar, pues no se sentía cómoda con la mirada de esa misteriosa mujer sobre ella. –¿Qué quieres? – le preguntó, deteniéndose frente a ella. Madison la miro con una sonrisa y luego bajos sus ojos hasta el centro cubierto de la chica, pero luego volvió a subirlos rápidamente. –Quiero saber, ¿Por qué no has comida nada? –No tengo hambre, la comida que me traen no es lo que consumo regularmente. –Claro, lo que comes a menudo es pura porquería que te hace daño, solo por la obsesión de tener un cuerpo perfecto. La chica no atino palabra alguna, la mujer se levantó y se detuvo a unos centímetros frente a ella, causando nervios en su cuerpo. –Quiero ser sincera contigo, pero tú debes también ayudarme, puedo premiarte si haces lo que digo, sé que quieres saber porque te traje, si empiezas a comer lo que te traen, te juro que te contare la verdad y quizás deje que salgas y tomes el sol un poco, estas muy blanca – le dijo muy cerca de su rostro. El corazón de Ainoa latía con fuerza, esa mujer, así como era de hermosa, también lo era de intimidante y su sola presencia descontrolaba todos sus sentidos, no sabía si era por el miedo que le tenía o por algo más. Madison salió del cuarto sin decirle nada más, dejando con miles de preguntas a la chica, quien necesitaba encontrar esas respuestas a como diera lugar, pero la mujer había sido lo bastante clara y parecía no ser de las personas que juegan y hacen promesas en vano, empezaría a comer y lo haría solo para descubrir la verdad que necesitaba. Los siguientes días no volvió a ver a Madison, quien venía regularmente a verla era Gia, esa chica no parecía de verdad ser parte de todo eso, era amable y tenía una vibra muy diferente, tanto que pudo tomar confianza rápidamente con ella, sabía que era una trabajadora más de Madisonn y que no tenía más opción que seguir las ordenes de ella, no era la culpable de que ella estuviera ahí, así que cada vez que venía a verla y verificar que de verdad se comiera lo que le mandaban, aprovechaba para abordarla con preguntas sobre Madison Pitt, así tal vez, entre esa información, podría descubrir algo nuevo. Fue entonces una noche, mientras se parapara para dormir, que tocaron su puerta, la chica pensó que era Gia, así que simplemente grito que entraran, y para su suerte y nervios se trataba de Madison Pitt, la chica trago grueso y se acercó al centro de la habitación con nervios. –Veo que has cumplido tu palabra, comiste toda tu comida y tu semblante ha cambiado, eso me alegra. Ainoa afirmo con su cabeza, sin atinar palabra alguna. –En ese caso, yo cumpliré la mía y te contare porque te he traído aquí, pero primero, voy a servir dos copas de vino y vas a sentarte en el sofá a mi lado, prometo no hacerte nada… nada que tu no quieras. La mujer tenía un doble sentido al hablar y la miraba con extrañeza, parecía como si quisiera poseerla, la miraba como un lobo a su presa, pero no podía hacer nada más, negarse era en vano, las dos estaban solas y ella tenía muchas ganas de escuchar lo que tenía la mujer para decirle, así que simplemente camino hacia ella, tomo la copa de vino y tomaron asiento en el mismo sofá en el que el otro día la miro bañarse, esperando con paciencia, escuchar lo que Madison Pitt, tenía para decirle.    
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