Capítulo 4

1343 Words
                                                                                   Capítulo 4 Ainoa espero por unos segundos a que esa misteriosa mujer le dijera que todo era una jodida broma, la miro son seriedad mientras que la otra se perdía en sus ojos color café, cada una esperando una respuesta, pero ninguna se atrevía atinar palabra, Madison pensó que Ainoa tal vez estaba analizando en su mente lo que esa mujer le acababa de decir, es que hasta para ella misma representaba una locura, lo tenía claro, no es fácil que un día te secuestren y al otro te digan que es porque se enamoraron perdidamente de ti y a la fuerza harán que sientas lo mismo, es ilógico por los lados que lo veas, pero Madison Pitt estaba dispuesta a darle lógica a su locura y desenfreno, Ainoa Vachi se enamoraría de ella a como diera lugar. –¿No piensas decir nada? – le preguntó la misteriosa mujer. –¿Me estás hablando en serio? Madison esbozo una pícara sonrisa y dejo a un lado su copa, acercándose un poco más a la joven modelo, quien automáticamente empezó a sentir nervios a causa de la proximidad de esa mujer. –Conmigo tendrás el mundo a tus pies – le dijo, tomando un mechón del cabello de Ainoa. –No puedes obligarme, no puedo amarte a la fuerza, ni siquiera me gustan las mujeres. –He escuchado eso muchas veces, y siempre terminan en mi cama – vocifero con una sonrisa de medio lado. La chica Vachi la miro con molestia, si esa era la forma en la que pretendía conquistarla, iba realmente mal. –Por favor, pide el rescate a mi padre y déjame ir, tengo una vida allá afuera, tengo un futuro como modelo – le suplicó. –Si en un año, no te has enamorado de mí, te juro que te dejo en libertad. –¡¿Estás loca?! – le grito con desesperación. Un año para ella era demasiado tiempo, estar encerrada junto a esa mujer tan peligrosa que la miraba como a un trozo de carne, era una verdadera tortura, era una locura, y como diera lugar debía salir de ahí. La chica entro en un estado de pánico, comenzando a gritar que la sacaran de ahí, Madison solo pudo dibujar una sonrisa en su rostro y salió del lugar, dejando atrás los gritos desesperados de esa joven que deseaba con toda su alma salir del que parecía ser su infierno. –Te lo dije, es una locura y la tendrás difícil – le dijo Gia, entrando a la oficina. –Nómbrame una sola cosa con la que no haya podido en mi vida – le retó. La chica se quedó en silencio, negando con su cabeza, Madison era una mujer con una personalidad muy poderosa, tenía tantos atributos para ofrecer que sabía que Ainoa no iba a tardar en caer rendida a sus pies. Esa semana le había tocado muy difícil a Madison, muchos proyectos llegaron de sorpresa por lo que debió ausentarse un tiempo más, Gia, quien quedo a cargo de la chica secuestrada, la llevo una mañana a tomar el sol y caminar por los alrededores de la hermosa casa en donde estaban ubicadas, parecía una especie de mansión vacacional. –¿Todo esto es de Madison? – le preguntó son asombro, mirando a su alrededor. –Sí, esta es una de las tantas que tiene, particularmente es mi favorita, puedo venir, sentarme y hacer mis cosas en la paz de la naturaleza. Ainoa pensó por un momento que ser la mujer de una criminal tan poderosa como ella, no era tan mala idea, tendría lo que quisiera y hasta más, seguridad y el mundo a sus pies, tal cual como ella lo había dicho. –¿Y dónde está ahora? –Cerrando trato con unos japoneses, pero ahí está llegando. La chica miro hacia el frente, y pudo notar como un lujoso e inmenso jet privado, descendía por lo que parecía ser una pista de aterrizaje a lo lejos, Ainoa se quedó observando mientras algunos hombres de seguridad bajan de él y, por último, y hasta más deslumbrante que el jet, la poderosa Madison Pitt, la chica se quedó pensando por un momento en lo hermosa que era, una mujer que podía tener a quien quisiera a su lado, incluso por ella cualquiera se volvería loca. Algo que llamo rápidamente la atención de Ainoa fue que luego que se bajara Madison, una segunda mujer bajo del jet, una chica igual de joven que ella, con un hermoso cuerpo escultural, un largo y amarillo cabello que bailaba con viento. –¿Ella quién es? – preguntó la modelo con interés. –Hailey Goudash, una amiga de Madison, me cae mal, a decir verdad, es una estirada y me trata como si yo fuera la criada de este lugar – se quejó, colocando mala cara. Ainoa se quedó en silencio esperando el momento en que las mujeres pasaran a su lado, pensó tal vez que recibiría algunas palabras de Madison, pero paso al lado de ellas muy concentrada en la conversación con la rubia estirada, se notaba muy a gusto con la chica, hasta hacia chistes y reían a carcajadas, para ella esa situación representaba un alivio, por lo menos no la tendría cerca. Luego de la entrada triunfal de esas dos hermosas mujeres, Gia y Ainoa, se quedaron en el jardín de la mansión tomando el sol, mientras que la joven modelo se mantenía asumida en sus pensamientos, estudiando la posibilidad remota de si terminaba de verdad enamorada de Madison, era una jodida locura, ni siquiera le gustaban las mujeres, no sentía ni un mínimo de atracción por ella, no la quería cerca, solo quería que pasara el tiempo rápido y comprobarle que ella no era un objeto que podía tomar a su antojo y hacer que sintiera cosas sin sentidos. No tomo noción del tiempo, pues el silencio y la paz que se sentía en ese lugar hicieron que quedara plácidamente dormida en la silla, Gia seguía trabajando en sus documentos mientras se tomaba una limonada fría, luego noto que hacia ellas se acercaba Madison y Hailey, por lo que le dio un pequeño golpecito en la pierna a la modelo para que despertara, la chica se levantó de golpe y pudo notar lo que pasaba, por lo que se compuso y acomodo un poco su ropa. –Gia, Ainoa, buenas tardes – saludo Madison con una sonrisa. La rubia miraba con detenimiento a la joven Ainoa, quien se mantenía con la mirada fija en Madison. –Buenas tardes Madi y buenas tardes Hailey, es bueno verte otra vez por aquí. –Gracias Gia, te estaba buscando a ver si podías pedirme el café de la otra vez, pero frio y con leche sin lactosa. Ainoa no disimulo y rápidamente giro su rostro hacia el de Gia, quien estaba aguantándose para no decirle sus verdades a esa mujer, por otro lado, Madison bajaba la mirada con vergüenza, seguramente sin saber a quién defender. –No te preocupes, ahora mismo mando a que te traigan tu café – le respondió con calma. La chica se levantó del asiento para salir del lugar, y la modelo no tenía intenciones de quedarse ahí con las mujeres, por lo que tomo la misma acción y se levantó para ir detrás de Gia, no sin antes conectar su mirada con la de Madison, sintiendo una leve electricidad en su interior, fue algo extraño y era la primera vez que sentía algo así, tal vez por la forma en la que esa mujer miraba con profundidad, traspasando todos los sentidos.  –¡Esa perra, la detesto! – se quejó Gia, con rabia. –Te trata como una sirvienta – le dijo Ainoa, tratando de echarle más leña al fuego. –Voy a pedir el café con leche normal, esta me las va a pagar – le dijo con una sonrisa maliciosa. Ainoa la miro con una sonrisa victoriosa, mientras se iban adentro ayudar a Gia con el plan macabro.        
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