El contrato

1816 Words
Camino despacio para tardar el máximo tiempo en entrar en la gran mansión, debo tener los ojos rojos, no pude evitar llorar durante la noche, pensar que me tengo que casar sin amor, sin apenas conocerlo, solo porque el idiota de mi padre me ha amenazado, dejando bien claro que, o me caso, o Juan y yo nos quedaremos en la calle, si fuera por mí no me importaría, pero no puedo dejar que eso le pase a mi sobrino, no es más que un recién nacido. La misma mujer del otro día abre, ni siquiera he llamado, debe tener telepatía, me acompaña hasta el mismo salón, al entrar está el hijo Velarde, caigo en la cuenta de que aún no sé cómo se llama. —Tu nombre —le digo directa al grano. —Sebastián —responde de una forma extraña, tiene un brillo distinto a hace dos días. —Tengo ciertas normas para nuestra boda falsa. —¿Boda falsa?, lo siento, pequeña, no te equivoques, de falsa no va a tener nada, vas a ser mi esposa. —Legalmente y cara a la gente, en la vida íntima —me cuesta continuar esta frase, nunca he estado con un hombre y es difícil hablar de ello —.No me tocarás, ni seremos un matrimonio de verdad. —¿Ah, no? —¡Claro que no!, ¡estoy haciendo esto por mi sobrino!, ¡no creas que me gusta la idea de casarme sin amor! —El amor está sobrevalorado, pequeña, créeme, el sexo es mucho mejor que esa idea anticuada. No puedo evitar reírme ante su comentario, con esa frase me ha dicho todo. —Piensa lo que quieras, yo solo me entregaré por amor, y eso, está muy lejos de lo que siento por ti. —¿Y qué es lo que sientes por mí? —me pregunta acercándose cada vez más, pegándose. Me alejo dando varios pasos hacía atrás. —Deja que lo piense... desprecio, indiferencia... —Si sientes indiferencia no puedes sentir desprecio —me contradice muy serio y con una media sonrisa. —Puedo sentir lo que quiera. —Lo que tú digas, pequeña. —¡Y no usarás apelativos conmigo! —añado al oírlo llamarme así una y otra vez. —En público tendré que hacerlo. —Está bien, pero solo en público, en privado seré Lina, nada más. —Como desees, Lina. —¿Entonces estás de acuerdo? —le pregunto sorprendida con lo fácil que ha sido. —Claro, no hay nada que desee menos que esta boda, yo no pertenezco a una sola mujer, pero ambos tenemos un interés en común, ese bebé —dice señalando a Juan —.Estas son mis condiciones, tu hermana no existirá de aquí en adelante, tú eres su madre, estamos muy enamorados, delante de la gente me mirarás con adoración. —¡Ja! —me río por esa condición, ¡está delirando! —¿Qué?, si no estás dispuesta a eso, no hay trato. —¡Vale, vale!, perdona, lo haré. —No he terminado, me gusta mucho el sexo, así que si no me lo vas a dar tú, deberás aceptar que lo busque fuera de casa. —¿Fuera de casa? —Claro, como todos los matrimonios viviremos juntos, nos mudaremos a mi piso de soltero. —Me parece justo, siempre y cuando lo hagas con discreción, una cosa es que lo permita y otra que me humilles —le digo muy seriamente, no sé si son imaginaciones mías, pero sus ojos dejan de brillar, es como si esperase un no rotundo. —Desde luego, tú también puedes tener tus líos si quieres. —¿Líos?, no diré que no, nunca se sabe, puede que me enamore antes de nuestro divorcio. —Esa es la última condición, no podrás divorciarte hasta que pasen al menos dos años, el tiempo en el que se supone que se puede romper un matrimonio por la convivencia. —¿Y si decido acabar antes? —Te quitaré a Juan y todos los privilegios. Es una amenaza en toda regla, no me importa lo segundo, el dinero me da igual, pero pensar en no volver a ver a mi sobrino, sobretodo sabiendo que podría hacerlo, me destrozaría. —¿Y si eres tú el que quiere separarse? —Eso no pasará. —¿Y si pasara? —Te compensaré muy generosamente y te daré la custodia del bebé. —Vale, es justo, puedo aguantarte un par de años —bromeo para romper un poco la tensión, aunque creo que a él no le hace mucha gracia. —Perfecto, mientras el abogado prepara el contrato, te presentaré a la familia —me informa señalando hacía la salida del salón. Me lleva hasta la parte de atrás, su madre y otro hombre, que deduzco será su padre, están sentados en sillas de hierro, tomando el desayuno en una mesa del mismo estilo, lo acompaño hasta llegar a ellos y me presenta formalmente. —Mamá, papá, ella es Lina, mi prometida, ya os hablé de ella. —¡Oh, si!, ¡fue toda una sorpresa enterarnos así de que ha sido papá!, ¿este es mi nieto? —me pregunta el hombre acercándose a mí sobrino, el cual duerme muy agusto entre mis pechos sujetó por una mochila de bebé que conseguí ayer. —Si, se llama Juan. —¡Es igualito a Sebastián! —exclama muy feliz. En ese punto, me siento como una mierda, por mentir a un señor que a simple vista parece tan tierno y bueno, espero descubrir que en realidad es un hombre cruel y sentirme algo mejor. —A mi ya me conoces —me dice su madre sin levantarse. —¿Si?, ¿cuándo? —le pregunta el hombre. —Hace un par de días, vino a casa y me la presentó, pero tú no estabas, querido —le dice con una obvia fingida sonrisa, esta mujer no me cae bien. —¡Oh, vaya!, ¡no me lo habías contado! —Lo sé, amor, queríamos que fuera una sorpresa. —¡Y tanto qué lo es!, ¡por fin soy abuelo! —¿Quiere cogerlo? —le pregunto llevada por su ilusión, no, desde luego ese hombre no era cruel, ni malo. —¿Puedo? —¡Claro, es su nieto! —¡Sí, claro!, pero llamame Manolo, voy a ser tu suegro —me ofrece antes de coger al pequeño. Al verlo así, mirando con ternura a su nieto, no puedo evitar pensar en cuanto me gustaría haber visto esa estampa con mi padre, pero nunca lo cogió, ni una vez, ni aunque llorase a pleno pulmón, una lágrima cae por mi mejilla, acabo de darme cuenta de que realmente, estoy sola. —¿Estás bien, mi amor? —me pregunta Sebastián fingiendo preocupación. —Sí, solo me emocioné un poco —le contesto alejándome de él y la mano que va directa a rodear mi cintura. —Han sido muchas emociones en poco tiempo, si nos disculpais llevaré a Lina a conocer su nuevo hogar —les ruega cogiendo al bebé. Es la primera vez que lo hace, el parecido es innegable, me enbobo por la imagen, ese hombre tan alto y dura expresion con la pequeña y tierna criatura en sus brazos. —¡Me haces muy feliz, hijo mío!, ¡ya había perdido las esperanzas contigo! —le dice su padre con lágrimas en los ojos. —Mejor tarde que nunca, ¿no?, y ahora, es hora de irnos, vendremos mañana a la fiesta —les informa, yo no tengo ni idea de qué está hablando. Nos despedimos, su padre me da un abrazo pillandome por sorpresa, su madre sigue en su silla, se despide con un gesto de la mano. Al salir, coloco al bebé en mi coche, en su sillita, él me mira sorprendido. —¿No esperarás que vayamos en ese cacharro? —¡Claro que si!, ¿algún problema con mi coche?, ¡es una joya! —Si tú lo dices, vamos, pero no te acostumbres —concede subiendo en el asiento del copiloto. Me indica el camino a su piso, excepto por eso, permanecemos en silencio, Juan duerme plácidamente, al llegar a un gran edificio con portero, me quedo boquiabierta, eso no es un piso de soltero, es un lujo. Lo sigo en el ascensor con mi sobrino de nuevo en la mochilita, al abrirse, descubro que no hay pasillo, no hay otras puertas o números, todo ese piso, es su piso. —¿Estás de coña, no? —¿A qué re refieres? —Esto no es apto para un bebé, estoy segura de que a tus amantes les encantará, pero Juan se matará aquí, o te destrozará todo —le explico según veo los cuadros caros, el sofá de cuero n***o, la mesa de cristal..., la lista es interminable. —Bueno, no te preocupes, mandaré que lo adapten. —¿Tú lo arreglas todo con dinero? —Claro, para eso sirve —responde altanero. Lo sigo al interior del "piso", me enseña su habitación, la mia, y la del bebé, no hay absolutamente nada infantil, ni siquiera una cuna, mi habitación temporal no me desagrada, está prácticamente vacía, lo tendré que adornar a mi gusto. —El abogado viene para aquí —asalta mis pensamientos. —¿Tan rápido? —le pregunto asustada y nada segura de lo que voy a hacer. —Cuanto antes nos casamos, mejor, sino la gente hablará. —Claro —respondo sin más, perdida en mi inseguridad interior. —¡Escúchame!, no estás sola en esto, ¿vale?, considerame un amigo —me dice de repente con mirada y voz dulces, ¡ojalá pudiese hacer tal cosa!, pero no puedo olvidar quién es, no puedo olvidar que es el padre de mi sobrino, el hombre del que estaba enamorada mi hermana. No respondo a su consuelo, en si lugar entro en el dormitorio del bebé y lo examino. —Hará falta una cuna, y una silla por si se despierta por la noche, un cambiador, pañales y una luz más tenue —le pido, no, le exijo suavemente, eso lo debería haber pensado él, para eso es su hijo. —Claro, lo que quieras. Me sorprende que acepte con tanta facilidad, pero justo voy a preguntar y llaman al timbre, él va a abrir, y a los pocos minutos aparece con un hombre vestido con traje, lleva maletín, es el abogado. Al extenderme los papeles en la mesa, leo antes de firmar, está todo lo pactado, cada detalle, pero aún así, vuelvo a pensar antes de firmar, me tiembla el pulso, estoy vendiendo dos años de mi vida, voy a venderme a un hombre infiel y mentiroso que no cree en el amor, que usa a las mujeres para darle placer.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD