Ella está en mis brazos

1943 Words
Lina se está sonrojando y volviendo charlatana debido al alcohol, la pararía, pero quiero ver qué pasará, si el dicho de que los borrachos y los niños siempre dicen la verdad, es cierto. —¡Estaba muy buena la cena!, vivís muy bien los ricos... —dice Lina sonriendo con los ojos brillantes. —Puedo darte mucho más, solo tienes que darme lo que quiero —le digo yo buscando la respuesta ebria. Ella sonríe, está empezando a marearse, se tambalea ligeramente y no sabe cómo responder, se nota por como entre abre la boca. —No puedo hacer eso —responde triste de repente. Es más lista de lo que pensaba, ha encontrado la manera de esquivar una explicación, aunque yo ya la sé, me gustaría que al menos me diga y reconozca que me desea. —¿Por qué no, Lina?, sé que te has mojado cuando te he besado. Se pone colorada de nuevo y deja de mirarme, mira a su sobrino, está luchando contra su interior, está luchando contra lo que siente por mí, lo sé, y me da cierta lástima, entiendo su tesitura, el problema es que acabará en mi cama, aunque ella todavía no lo sabe. —Juegas sucio —me dice justo antes de cambiarle el color de la cara —.No me encuentro bien —añade. No ha bebido mucho, apenas tres copas, no debe estar acostumbrada al alcohol, o está fingiendo para no tener esta conversación, pero ante todo sé respetar a una mujer, así que le ofrezco marcharnos ya. Me encargo de mi sobrino, la ayudo a caminar hasta la calle, el puñetero fotógrafo no pierde la oportunidad de tener una exclusiva, ya veremos mañana los titulares... Ya en el coche se sienta en el lado del copiloto y se queda dormida al instante, la miro unos segundos, parece tan tranquila y dulce, pero no lo es, en realidad quiere lo mismo que todas, el dinero de mi familia. Acaricio su mejilla, es suave, tiene la piel caliente, abre ligeramente los ojos. —¿Por qué tenías que ser tú? —pregunta en un susurro y vuelve a dormirse instantáneamente. Llevado por algún instinto que no entiendo, me acerco y la beso suavemente, solo sé que lo necesito, parece tan triste y desprotegida... He tomado la decisión de traerla a mi piso, no está como para ir a su casa, por lo que sé vive con su padre, éste anularía la boda si viera que he permitido que su hija se emborrachara así, seguro. Le pido al portero que me ayude con el bebé y yo acomodo a Lina entre mis brazos, su pelo cae en mi pecho, su cara está cerca de mi, y su cuerpo, aunque pesa, me gusta tenerlo tan cerca. Al llegar la llevo directamente a la cama, vuelvo a la sala y le doy un buena propina de agradecimiento al portero, él me ha salvado de más de una, aunque en esta ocasión, es diferente, no tiene que echar a la chica, sino ayudarme para meterla en mi cama. El bebé está dormidito, abro la bolsa de Lina y busco el biberón que suele llevar preparado para cuando se despierte, lo dejo en la nevera y acuesto al pequeño en la cuna que instalé después de que Lina me lo pidió, puede estar agradecida, nunca hice caso a las órdenes de una mujer, a menos que estas me las diese en la cama y atado. Vuelvo a la habitación donde está ella, sigue profundamente dormida, la observo detenidamente, ahora maldigo a mi hermano por meterse con su hermana, cada vez la deseo más, y por sus actos, va a ser difícil poder follármela, igualmente lo conseguiré, me gustan los retos. Todavía recuerdo a la dulce mamá que tuve como secretaría, me rechazó durante semanas, para finalmente acabar bajo la mesa dándome placer, después sobre mi escritorio, en mi sofá..., cada vez quería más y más, según ella su marido no la hacía llegar al clímax como yo, solo me quería para eso, para el sexo, ¡no me estoy quejando!, para mí era perfecto así, al final ese interés se volvió obsesión, según ella, amor, típico de las mujeres, tuve que despedirla antes de que le pidiera el divorcio a su marido y joderle la vida. Desde entonces tengo dos normas, dejar un margen para volver a acostarme con la misma mujer, y no liarme con casadas, estás tienden a compararme con su pareja, ellos salen perdiendo, ya que se acomodan y las descuidan, y ellas acaban confundidas, creyendo que me aman, aunque en realidad sólo aman la pasión y adrenalina que sienten a mi lado, lo que les atrae es sentirse sensuales, diosas. Le quito las zapatillas a Lina volviendo al presente, para mi desgracia me he excitado con ese recuerdo y tenerla así, vulnerable en mi cama, no ayuda. Le quito la blusa y los pantalones vaqueros, antes de taparla con la colcha la memorizo, pero los ojos no son suficientes, acaricio el cuello con suavidad, bajo por su pecho pasando por la copa de su sujetador, sigo bajando por las costillas, el vientre, la cadera, deteniéndome a admirar su feminidad tapada por la braguita, me muero por entrar ahí. Mas no soy un violador, así que aparto la mano temiendo por mis impulsos y erección, y la tapo, salgo de la habitación, voy a ver si mi sobrino sigue dormido, y ya viendo que sí, voy a la ducha, necesito desahogarme, o no seré consecuente con mis actos. Me desnudo mientras el agua de la ducha se calienta y entro después de comprobar que está en una buena temperatura, primero me mojo entero, y seguido, tomo mi polla entre las manos y me masturbo, me ha calentado el recuerdo de la dulce secretaria, pero ahora en mi mente solo está ella, Lina. Lina en mi cama, la idea de sus pechos desnudos, sus pezones siendo endurecidos por mis dedos y mi lengua, bajar y poder indagar en sus braguitas, meterle un dedo para sentir que está mojada, quitárselas y lamer el interior de sus pliegues, degustar su esencia. Me corro intensamente, cada partícula de mi cuerpo se tensa y vibra según el semen sale de mi polla y se mezcla con el agua, suelto un gruñido de satisfacción y frustración, este orgasmo le pertenecía a Lina, no debía estar dormida, debía estar debajo o encima de mi, moviéndose y gimiendo. Salgo de la ducha, me pongo el calzoncillo y voy a la cama después de volver a revisar que mi sobrino sigue durmiendo, me acomodo a su lado, acariciando suavemente su piel, oliendo su perfume, Lina se mueve y acomoda, ella está entre mis brazos. Me quedo dormido en poco tiempo, estoy relajado, no solo por la masturbación en la ducha, ella me calma, el latido suave de su corazón, su respiración tranquila, calma la mia. Me despierto y miro el despertador, son las cuatro de la mañana, Juan está llorando a viva voz, Lina se mueve, seguramente lo está escuchando, antes de que se despierte me levanto y lo atiendo yo, si se despertase será capaz de irse en mitad de la noche, y todavía puedo hacerla mía, por la mañana, recién levantada. Pienso en eso mientras le doy el biberón al pequeño, pero éste rápido me desvía del tema, robándose mi atención con su carita dulce y el movimiento de sus pequeñitas manos, agarra un dedo de la mano con la cual sujeto el biberón, lo observo admirando la vida humana, somos tan pequeños y sensibles en realidad, cualquiera podría dañarnos nada más nacer, sería fácil, ¿pero quién sería capaz de hacer daño a un ser tan único y tierno? También pienso en cómo algo tan inocente, puede acabar siendo como yo, o como mi hermano, hombres fuertes y sin escrúpulos, no negaré que siento cierto remordimiento, ahora, al ver a mi sobrino y esperar que sea mucho mejor que nosotros. Yo estoy perdido, soy así y nada ni nadie me va a cambiar, me gusta ser así, libre, aún a costa de los demás, pero él, él será nuestra mejor versión, guapo, inteligente, y por supuesto, decente. El pequeño se queda dormido y lo vuelvo a acostar, también vuelvo a la cama con Lina, estoy deseando tocarla, olerla, sentirla en mi cuerpo. Por la mañana, me despierto antes que ella, cuando lo haga es posible que tenga resaca, mi mano está en su pecho y ella la sujeta con su mano, obvio, sin ser consciente de ello. Para mi sorpresa, gime de repente, estará soñando, se mueve, su trasero se pega a mi polla que no tarda en reaccionar a ella. Aunque me atormenta la idea de que esté teniendo un sueño erótico con otro hombre, aprovecho la oportunidad, quizá otro le robe las noches, no es algo que le haya preguntado, pero yo seré quién le dé el placer de verdad. Acaricio su pecho por encima del sujetador, bajo la tela y puedo sentir el pezón duro en la yema de mis dedos, lo estímulo, Lina vuelve a moverse y gemir, esta vez sé que es por mí. Bajo por su cadera y juego con la braguita mientras disfruto de su delicada piel, accedo al interior, ese que llevo toda la noche deseando. Meto un dedo dentro de la braguita y toco su humedad, está mojada, es exquisito sentirla así, paso un dudo estimulando la v****a más, provocando más gemidos, que se arquee para sentirme más. Separo la pierna que tiene pegada a mi para darle más, mi polla se endurece según gime y chorrea, sigo masajeando el pliegue y mojándome los dedos con su flujo, meto un dedo y lo saco, de repente, se agarra a mi cuello y gime más fuerte. ¡Uf, es excitante!, ¡necesito estar dentro de ella!, ¡necesito hacerla mía!, hundo mi dedo más, le metería otro, pero su coñito es cerrado, no ha tenido muchas relaciones sexuales, sé lo suficiente de mujeres como para saber eso. Sigue moviéndose al ritmo de mi dedo y gimiendo, desde aquí veo su pezón desnudo moverse con ella, su boquita abrirse por el placer. —¿¡Qué!? —pregunta con voz entrecortada. Se ha despertado del sueño, ahora sabe que realmente la están masturbando, yo lo estoy haciendo. —¡Te vas a correr en mis dedos, pequeña! —le digo mientras le doy más intensidad con mi dedo y masajeó por turnos su v****a. No me rechaza, aunque al principio su intención ha sido levantarse, separarse de mí, en cuanto siente el placer se detiene, la lujuria y excitación a podido con la razón. Se corre, tal como le he asegurado, en cuestión de segundos, siento su orgasmo en los dedos, en la forma que tiembla entre mis brazos, en el gemido más intenso y después la relajación al acabar el exquisito momento. Se queda tranquila, sin moverse, si fuese otra, bajaría mi calzoncillo y me la follaría ahora mismo, está mojada y dispuesta, pero es Lina, y se va a casar conmigo, si lo hiciera cancelaría la boda y no podría mantenerla callada respecto a nuestro secreto, en realidad, mi secreto, puesto que el hijo no es mío, y todos los planes que tenemos para mi hermano y el futuro familiar, se irían a la mierda. —Sebastian, yo... —empieza a hablar bajito Lina, se nota que está avergonzada. —No digas nada, duerme, aún es temprano —le ordeno suavemente, no quiero que me diga cuánto se arrepiente, o lo cretino que soy, eso ya lo sé, y me duele saberlo.
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