Siento haberlo mantenido en secreto

2311 Words
NOAH Anoche fue brutal. Solo había accedido a salir con Stacey, la compañera de trabajo soltera de Brandon, en un momento de debilidad. Se había mudado aquí recientemente, y Brandon me dió un discurso sobre las dificultades de ser nuevo en un pueblo pequeño. Fue bastante amable, pero luego nos encontramos con Lila, vestida adorablemente con un disfraz de bebé, y estoy seguro de que Stacey supo en ese instante que no estoy tan soltero como dije estar. Porque a pesar de no estar realmente con Lila, ella me posee. Lo quiera o no. Ha lanzado un hechizo sobre mí que se niega a soltarme. Dios, ¿y su disgusto al verme con otra mujer? Era palpable. Quería caer de rodillas y jurarle lealtad, y lo habría hecho si hubiera pensado que serviría de algo. Pero hoy, todo lo que siento es tristeza. Siento lastima por Lila. Claramente, ella había sido tan miserable como yo la noche anterior. Simplemente soy mejor ocultándolo, pero sus emociones eran claras como el día. Ella me desea tanto como yo a ella. y no solo la quiero para un polvo rápido, la quiero como una persona en mi vida, alguien con quien pasar el tiempo riendo, escribiendo, haciendo cosas mundanas como ir al supermercado. Si no puedo estar con ella, al menos quiero continuar nuestro tortuoso baile como amigos. Agarrando mi teléfono, le envió un mensaje de texto para ver como esta esta mañana. Noah: Hola campeona. ¿Cómo te sientes esta mañana? Para cuando salgo de la ducha y me visto, veo que ha respondido. Lila: horrible. ¿Tráeme Tylenol? Te prometo que hornearé muchas galletas con chispas de chocolate. Muchas. Por favor. Me río ante su mensaje, pero entonces una oleada de arrepentimiento me recorre y me siento aún peor porque me doy cuenta de que tiene resaca por mi culpa. Si no hubiera traído una cita y le hubiera puesto a otra mujer delante, no se habría excedido anoche. Noah: Por supuesto que sí. Solo dime tu dirección. Pasan unos segundos antes de que responda. Lila: De verdad no tienes que hacer eso. Es mi culpa por beber demasiado. Niego con la cabeza. Noah: Ya voy. No me hagas entrar a los archivos de los estudiantes para averiguar donde vives. Su respuesta es inmediata. Lila: No te atreverías. Noah: Rétame. Después de que Lila cede y me envía un mensaje de texto con su dirección, agarro mis llaves y mi billetera, salgo por la puerta y me dirijo a la farmacia unos minutos después. No fue la promesa de galletas con chispas de chocolate lo que me hace correr hacia ella, es solo la oportunidad de ver a Lila con la guardia baja me ilumina por completo. Me pregunto si verme con otra mujer ha provocado la repentina apertura de Lila a verme. O tal vez solo necesita analgésicos con urgencia. Supongo que lo descubriré. Cuando llego a su casa, aparco en la calle frente a la casa victoriana que ha sido dividida en dos mitades, como la mayoría de las casas antiguas de esta calle. Habían sido divididas en dúplex y apartamentos para estudiantes, y mientras subo los escalones de la entrada a la gran casa, me doy cuenta de repente de que Lila nunca había mencionado a una compañera de piso, pero este lugar parece demasiado grande para una sola persona. Mi mirada se detiene en la bicicleta roja del chico en el porche delantero mientras Lila abre la puerta principal. –Hey– comienzo, pero Lila extiende una mano, haciendo un gesto de “dame la bolsa” que sostengo. –Pasa. Y gracias. Eres un salvavidas– La sigo adentro. Se dirige directamente a la cocina y saca una botella de agua del refrigerador antes de abrir el frasco de analgésico y tragarse un par de pastillas. –Tengo un dolor de cabeza terrible y necesito ser adulta hoy. Gracias de nuevo– Mi mirada vaga por su casa observando los juguetes esparcidos por el suelo de la sala. Las fotos de ella enmarcadas con un niño pequeño. Se parece mucho a ella. El cabello ondulado con reflejos de sol. Los ojos brillantes y curiosos. Los pómulos delicados y la boca carnosa. Mi corazón late con fuerza. –¿Lila? – Respira hondo. –Tengo algo que decirle– Asiento y la sigo mientras me lleva al sofá. Nos sentamos juntos y siento que todo lo que creo saber, todo entre nosotros, está a punto de cambiar. –Siento mucho no haber dicho nada antes. Este es Kyle– dice simplemente asintiendo hacia la foto enmarcada que cuelga en la pared. –Es un chico guapo– Ante eso, sonríe, se acerca y me toca la mano. –Siento haberlo mantenido en secreto. Nunca quise hacerlo. Pero…me gusta cómo me siento a tu lado: como una mujer, y no solo como una madre. Una estudiante normal. No quise ocultar esa faceta de mí, pero…– Niego con la cabeza, deteniéndola. –Está bien. Hay cosas que tampoco te dije– pienso en mi última relación, que había terminado como un maldito desastre, y en el divorcio de mis padres, que había influido en todas las relaciones que he tenido desde entonces. –Empecemos de nuevo, ¿de acuerdo? – Respira hondo de nuevo y asiente. –De acuerdo– –¿Cuántos años tiene? – –Siete– –Así que lo tuviste…– Ella asiente. –Al final de la preparatoria– Vaya. Todo el respeto y la admiración que siento por esta mujer se multiplico por diez. Todo lo que debió haber pasado, todos los sacrificios que debió haber hecho. –¿Y tienes la custodia completa? – Ella asiente de nuevo. –Mi novio de la preparatoria me dejo antes de que Kyle naciera. He estado haciendo esto desde entonces– –Pero saliste con alguien, estabas soltera recientemente la noche que nos conocimos en la fiesta– Se mete el pelo detrás de la oreja y se mueve. –He salido con chicos, pero no mucho. La mayoría de los chicos no están de acuerdo con este aspecto de mi vida, e incluso si dicen que sí, con el tiempo se vuelve demasiado– –Ya veo– No puedo evitar preguntarme si mi edad, mi madurez, el hecho de ser dueño de una casa y tener una carrera estable es un atractivo para ella. O tal vez solo son ilusiones. Aun así, me pregunto: ¿anhela esta estabilidad para su hijo? ¿solo ha salido con chicos de su edad? Tengo casi treinta años y sé que los bebés y los niños son parte de mi futuro no tan lejano. Al menos espero que lo sean. Pero luego me doy cuenta de que he actuado con tanta indiferencia con todo, diciéndole que me atrae, pero nunca admitiendo que quiero algo real. Lila sabe que quiero follarla y darle placer, pero ¿sabe ella que también quiero más? Unos pasos al otro lado de la puerta nos hacen detenernos y mirar hacia arriba. –Mi mamá va a dejar a Kyle– dice Lila, poniéndose de pie. Me levanto para pararme a su lado. –¿Es un mal momento?, ¿debería irme? – Ella niega con la cabeza. Y entonces allí está el, el niño pequeño que se parece tanto a la mujer de la que me he enamorado. Cabello oscuro, ojos inquisitivos color verde. Cuando Kyle me ve en su sala, se detiene y frunce el ceño, mirándome fijamente mientras permanece clavado en el suelo. –Kyle, este es mi amigo Noah. Trabaja en la universidad– dice Lila. El ceño fruncido de Kyle se suaviza. –De acuerdo– –Hola– ofrezco. –¿Estás listo para Halloween mañana? – Kyle frunce el ceño de nuevo. –Supongo que si– –Ven aquí, cariño– lo anima Lila. –Cuéntame sobre la abuela. ¿te divertiste? – Asiente mientras se acerca, pero todavía parece molesto por algo. solo rezo para que no sea por mi presencia. Ya tengo suficientes problemas con su hermosa madre. Kyle entra en el brazo de su madre. Ella le da un apretón y le da un beso en la frente. –Dime, cariño– susurra. Mi corazón se encoge un poco al verlo; todo esto es tan inesperado. –Mi diente esta flojo. Y Sullivan dijo que su padre le dejo cuatro dólares cuando perdió un diente. Estaba debajo de la almohada. No tengo padre. ¿Cómo voy a conseguir el dinero para mi diente? – Lila suspira y pasa una mano por el pelo. Su boca se abre, luego se cierra, y pongo mi mano sobre su hombro. –Quizás pueda ayudarte, amigo– digo, agachándome para estar más cerca de la altura de Kyle. Los ojos del pequeño se abren de par en par mientras me escucha hablar. El niño es locamente adorable. Me encanta la forma en que sus pestañas descansan sobre sus mejillas, me recuerdan a las de Lila cuando mira hacia abajo, perdida en sus pensamientos. Y no puedo evitar notar que Lila observa con asombro mientras le hablo, explicándole que yo también crecí sin mi papá. –Se que a veces es una mierda, pero tu mama trabaja muy duro para asegurarse de que tengas lo que necesitas. Y apuesto a que será ella quién te deje el dinero debajo de la almohada cuando pierdas el diente– Lo piensa durante medio segundo, entrecerrando los ojos. –¿Pero cuatro dólares? Eso es mucho dinero. El hada de los dientes solo le dejo a Liam veinticinco centavos– Me río El chico es un negociador duro. Es un tipo listo, al parecer, igual que su bonita madre. Saco mi billetera del bolsillo trasero. –Te diré que– tomo cuatro billetes y los pongo en su palma. –Considera esto como un pago inicial– Con los ojos aun entrecerrados, Kyle mira el dinero y luego vuelve a mirarme. –Pero tú no eres mi papá– Niego con la cabeza. –No. No lo soy. Pero soy amigo de tu mamá y se lo que es crecer sin tu papá en tu vida– Ante esto, sus labios se aprietan como si estuviera procesando esta información. –Y tal vez cuando seas un hombre adulto como yo, puedes devolver el favor, ayudar a otro niño o niña algún día– Decidiendo que está contento con esa respuesta, o simplemente contento en general con esos billetes nuevos en la mano, Kyle me asiente con entusiasmo. ­–De acuerdo, puedo hacerlo– Empieza a alejarse corriendo cuando Lila lo detiene. –¿Qué le dices a Noah? – –Gracias– Me sonríe y luego sale disparado, probablemente para guardar ese dinero en su alcancía antes de que su madre diga lo contrario. –No tenías que hacer eso– dice Lila, observándome con cautela. –Lo sé. Quiero hacerlo. Me recuerda a ti. Mucho, de hecho– Ante eso, finalmente sonríe, y todo vuelve a la normalidad. Siento que finalmente he conquistado una parte de ella, esta enorme parte de su vida que no ha sido lo suficientemente valiente como para compartir. De repente, su vacilación para involucrarse cobra todo el sentido. No solo está pensando en ella misma. Tiene todo un futuro que proteger, otra personita de la que es responsable. Pero ya hemos tenido suficiente tristeza por un momento. Decido aligerar el ambiente. –Entonces, sobre estas galletas con chispas de chocolate…– Lila suelta una breve carcajada y pone los ojos en blanco. –Primero, necesito comida– Mi restaurante favorito tiene la mejor comida para la resaca, aun mejor, las mesas estan cubiertas con enormes hojas de papel blanco y vienen con un gran tazón de crayones. –Trae tus cosas. Conozco el lugar perfecto– –Pero Kyle…no puedo dejarlo solo…– parece asustada, como si yo fuera igual que los demás, sin darse cuenta de que viene en paquete. Curiosamente, ni siquiera se me ocurrió que debería pensar en este niño pequeño como una molestia. Es una gran parte de la vida de Lila, a quién acaba de presentar, y sé que incluso el hecho de que Lila me permita cruzar ese umbral y conocerlo fue un gran hito para ella, y voy a hacer todo lo posible para que entienda que estoy muy bien con ella y con Kyle. Además, acaba de añadir una fantasía de MILF a mi creciente repertorio de material de banco de azotes. –Nunca esperé que lo dejaras aquí, Lila– y en ese momento, me vuelvo hacia la cocina. No puedo esperar a ver si a Kyle le gustan los panqueques con chispas de chocolate tanto como a mí. PEspero en la cocina mientras Lila recoge a Kyle de su habitación. Su casa está limpia y ordenada, se siente hogareña y llena de vida. Hay fotografías enmarcadas en las paredes, cojines y otomanes mullidos, y manteles individuales de cuadros vichy en la mesa del comedor. Nunca me había imaginado a Lila como madre, pero decido que me gusta muchísimo esta faceta de ella. Cuando Lila dobla la esquina para entrar en la cocina, cojo una máscara de gas de la encimera y levanto las cejas. Se ríe suavemente. –Kyle la compro para mi cumpleaños el año pasado en una tienda de segunda mano. Odia que cortar cebollas siempre me haga llorar– –¿Funciona? – Niega con la cabeza. –Ni un poquito. Pero fue una buena idea– Dejo la máscara de gas en la encimera. –Es un buen chico, Lila. Has hecho un buen trabajo– Sonrió cálidamente, girándose para saludar a Kyle, que ha salido de su habitación con sus zapatos y su chaqueta. –¡Vamos! –
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