Una inocente lectura de poesía.

1920 Words
NOAH Cuando finalmente llego al final de otra larga semana, me dirijo a casa con un maletín de bocetos a medio terminar y poemas para repasar. No es que pueda concentrarme en nada eso. Con Lila cerca, e incluso cuando no está, paso el tiempo vagando entre un triste intento de concentrarme en mi trabajo y fantasear con llamarla a mi oficina solo para doblar su flexible cuerpo sobre mi escritorio y tomarla de todas las maneras que he imaginado. ¿Y hasta ahora? he imaginado mucho. Cada vez que encuentro un momento libre, siento que ella es lo único que llena mi mente. Cuando leo, comparo la prosa con su propia obra. Cuando camino por la calle, cada mujer que veo contrasta con ella. E incluso eso no sería tan malo si no fuera por el flujo constante de fantasías que pasan por mi cabeza. Ya no se conforma con apoderarse de mis sueños. Ahora, la hora del día no importa. Todo en lo que puedo pensar es en lo bonita, lo especial, lo inteligente que es. Incluso pensando en ella ahora, mi pene se contrae con la necesidad de satisfacer el dolor por ella, pero lo ignoro concentrándome en cambio en abrir la puerta principal y dirigirme a mi oficina. Casi me froto hasta la piel solo de pensar en esta mujer, pero no puedo permitirme seguir ese camino esta noche. Tengo trabajo que hacer y voy a hacerlo. Pasando el vestíbulo, me dirijo a mi oficina en casa y aspiro el aroma a pintura fresca y aserrín que ahora siempre me recuerda a casa. últimamente, no he tenido mucho tiempo para trabajar en ello, pero durante el verano pase mi tiempo renovando mi casa, devolviéndola a los días de gloria de cómo se veía cuando se construyó por primera vez. Cada detalle lleva tiempo, desde lijar las molduras hasta combinar los balustres de la escalera exactamente como podrían haber sido hace dos siglos. Estoy orgulloso de todo, pero de ninguno tanto como de mi oficina. Con sus amplias estanterías empotradas y su chimenea de piedra, es el tipo de lugar en el que toda persona literaria sueña con escribir. Con filas y filas de gruesos libros encuadernados en un cuero que cubren las paredes y una chimenea crepitante como banda sonora, es el tipo de espacio diseñado para hacer que una persona tenga pensamientos brillantes. Sacando mi silla de escritorio de cuero con ruedas, me siento y pongo mi maletín sobre el escritorio, colocando la masa de papeles sobre la superficie de madera lacada. En silencio, miro la chimenea fría y vacía, pero entonces un papel cae al suelo y me agacho para recogerlo, viendo casi al instante que es una de las últimas piezas de Lila. El poema es hermoso y corto, describiendo las estaciones como dos amantes: el verano con un temperamento fogoso y emocionantes y coloridos zorzales, y el otoño como su amante, serio y seguro madurando. Pero solo cuando el verano se va por completo, todo se desvanece en las frías y gélidas garras del invierno y los amantes se reúnen, frescos y nuevos como las flores de primavera. No es mi género, ni siquiera es mi estilo, pero no se puede negar la belleza de su obra. Piensa de maneras que yo no puedo, y eso, casi más que cualquier otra cosa, es lo que me intriga de ella. Me vuelvo hacia mi portátil y abro mi último manuscrito, estudiando la frialdad de mi propio trabajo. Me pregunto que pensará Lila de esto si lo viera, si desearía que hubiera más romance, movimiento y vida en mis palabras como siempre hay en su poesía. Lentamente, releo mi párrafo inicial y luego lo borro, intentando canalizar la pasión, en anhelo y la feroz determinación que Lila pueda tener. ¿Y cuándo lo vuelvo a leer? No hay duda de que es más atractivo que el original. Mierda. Me paso una mano por el pelo y suspiro. Se supone que yo soy el profesor y ella es la alumna. Es solo esta maldita distracción, la idea de que ella me hace cuestionar todo lo que creía saber. Esto es malo. Cuanto más se infiltra en mi vida, peor estaré. Especialmente cuando ni siquiera estoy seguro de si voy a estar aquí el año que viene. Pasándome una mano por el pelo, considero mis opciones. Claramente, no voy a poder trabajar esta noche, no cuando ella está tan presente en mi mente. Podría, tal vez, continuar con las obras de mi casa, pero me preocupa que el silencio y la solidaridad solo permitan que mi mente vuelva a pensar en ella. Como se verá en mi sala, acurrucada mientras vemos la televisión. O mejor aún, como se vería sentada a horcajadas sobre mí en ese sofá, sus caderas rodando contra mi mientras yo… Otra punzada dolorosa surge entre mis muslos y me acomodo de nuevo. No puedo permitirme que me dejen a mi suerte. Lo cual, entonces, solo deja una opción. Salir de esta casa. Tomo mi teléfono y envío un mensaje de texto grupal a un grupo de amigos para que se unan a mí en el bar al final de la calle de mi casa. Me pongo mi chaqueta ligera de otoño y bajo a la cuadra, tratando de concentrarme en que cerveza de otoño probaré esta noche en lugar de en las muchas ganas que tengo de llamar a Lila e invitarla también. La idea de pasar tiempo con ella fuera de la agenda escolar, con la oportunidad de hablar de poesía para aprender más sobre sus miedos, sus sueños son un agudo pulso de deseo. Pero no puedo pensar en ninguna razón lógica que un asesor tendría para invitar a una estudiante a un bar. Después de unos minutos, el teléfono en mi bolsillo emite media docena de timbres, todos los cuales son de mensajes de mis amigos haciéndome saber si pueden venir o no. Dave esta fuera de la ciudad con su novia. Brandon está pasando la noche en casa con su esposa. Andrew está cuidando a su bebe mientras su esposa sale. Todos los desafortunados efectos secundarios de los amigos mayores que no pueden irse al bar en un abrir y cerrar de ojos. Aún así, algunos de mis amigos dicen que irán a tomarse una cerveza, así que cuando entro por las puertas de vidrio manchadas de huellas dactilares del bar, me acerco a la barra y pido unos shots junto con mis cervezas. Todo llega en poco tiempo, y doy un sorbo a mi cerveza, mirando el partido de beisbol en la televisión antes de tomar uno de los shots que tengo delante y bebérmelo de un trago. Una dulce oleada de calor me recorre la garganta y siseo de alivio justo cuando siento una mano cálida y enorme en el hombro. –¿No te estás riendo esta noche? – Mike, un profesor del departamento de matemáticas, se sienta a mi lado y toma un shot, deslizando el tercer y último vaso hacia mí. –Por el final de otra semana escolar– dice Mike, levantando su pequeño vaso y lo choca contra el mío antes de beberlo de un trago y deja escapar otro gemido de satisfacción. –¿Qué tal tu semana? – pregunto, más por cortesía que por interés. –Fue una semana– dice Mike. –¿Y tú? – –Casi igual– suspiro, tomando otro sorbo de mi cerveza. –Solo quería salir y aclarar mi mente– –No te culpo. Estos malditos presupuestarios han sido una locura– Mike se encoge de hombros antes de pedirle al camarero de aspecto aburrido. –Te diré que cuando empecé aquí hace treinta años, las cosas eran diferentes. Los estudiantes tenían menos derecho, el personal tenía más respeto. Era un mundo diferente– ­–Apuesto a que si– digo. Mike niega con al cabeza. –Lo que daría por recuperar ese tiempo. Es como el lejano oeste comparado con hoy, cuando microgestionan todo lo que haces– Asiento. –No lo sé– El silencio cae entre nosotros y tomo otro sorbo de mi cerveza mientras considero las palabras de Mike. Tiene razón, pero más que eso, hay algo que necesito saber. Algo de lo que todos hablan, pero dudo que alguien lo aborde directamente con él. –¿Tu esposa solía ser una de tus estudiantes, ¿verdad? – pregunto. Parpadea. –Oh, eh, sí. Veras, eso fue hace mucho tiempo. Nadie lo pensaba dos veces en ese entonces. Ahora me miran como…bueno, ya sabes– Mike pone los ojos en blanco. –Era mi segundo año aquí y ella era estudiante de maestría. Solo nos llevábamos unos pocos años. No estan extraño– –¿Tú crees? – pregunto. –No en ese entonces, no. Ahora sin embargo…– Mike arquea las cejas. –¿Por qué lo preguntas? – Finjo mi mejor mirada despreocupada. –Solo curiosidad, supongo– Llegan algunos de nuestros amigos y pido otra ronda de shots mientras nos penemos a discutir sobre beisbol, futbol americano y pedagogías educativas. Para nosotros, es una bastante típica, pero incluso rodeado de mis amigos más cercanos, no puedo dejar de pensar en Lila. Como dijo Mike, está mal salir con ella ahora. La gente no lo vería con buenos ojos, incluso si nos saliéramos con la nuestra. Luego, por supuesto, también esta la propia Lila. Lila y su maldita insistencia en renunciar a los hombres, sin importar cuantas tonterías sean. No ha terminado con los hombres. Lo sentí en su beso esa noche en la fiesta, puedo verlo en sus ojos cada vez que me mira. Tiene que saber que no lo dice en serio. Y aún así…se aferra a esos límites lo mejor que puede. Otra cosa que me gusta de ella. –¿Otro trago? – Uno de los chicos me da un codazo y tomo el vaso sin pensar, brindando con ellos antes de beber otra ronda. –¿Sigues aquí? – pregunta Fernando, otro amigo del departamento de ciencias. –Pareces estar fuera de ti– Asiento vagamente. –Si, sí, estoy aquí. Solo…necesito un minuto– En silencio, me deslizo de mi taburete y me doy cuenta, un poco demasiado de repente, de que caminar es más fácil decirlo que hacerlo. enderezándome, me dirijo a la puerta de nuevo y me abro paso hacia el aire fresco de la noche. Frotándome los brazos con las manos, me animo y considero mis opciones una última vez. Lila es una estudiante. Lila no está interesada en salir con alguien. Y mierda, si Lila no es también todo lo que siempre he querido en una mujer. ¿De verdad puedo dejarla escapar? ¿Todo por una falsa excusa que no nos suena a verdad a ninguno de los dos? Rápidamente, meto la mano en el bolsillo y marco el número que había estado deseando marcar toda la noche, demonios, toda la semana. Entonces su voz musical suena por la línea. –¿Hola? – –¿Lila? – digo. –Noah– dice con voz cálida. –Hola– –Hey. ¿te gustaría asistir a una lectura de poesía conmigo? – Hay una breve pausa, y no estoy seguro de lo que dirá. Pero cuando vuelve a hablar, me doy cuenta de que estoy sonriendo. –Me encantaría, en realidad– ¿Y qué podría ser más inocente que una lectura de poesía?
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