6. La larga espera por mi amada señora de Boris. Exploto en éxtasis. Yo grito: —¡Oh, señora! ¡Siento que me muero! Ella sabe perfectamente lo que va a ocurrir, ella tiene su propio modo de hacerlo, así, en el instante mismo en que vuelve a derramar una descarga sobre mi cara y mi boca, su rosada boca recibe un torrente de mis fluidos. Luego permanecemos echados unos minutos exhaustos y sin aliento. Entonces la señora se levanta, se alisa sus ropas, me ayuda a ponerme de pie y, me abraza contra su pecho cariñosamente. —Eres un chico encantador. Hiciste que goce locamente y te lo agradezco —me abraza con ternura, besa mi boca y mis ojos—. Dame tu lengua muchacho lindo —y me la lame dulcemente—. Y ahora, mi querido muchacho, sube tus pantalones. Mientras lo hago, ella abre la cortinas

