Cuatro meses despues*
El otoño había llegado a la ciudad. El ambiente frío y las constantes lluvias eran mi clima favorito. Lo que me ponía de buen humor casi diariamente.
Ben le propuso matrimonio a Regina y planeaban una boda pequeña para navidad. Todos estábamos muy emocionados, yo incluso más cuando me pidió ser su dama de honor.
Por las mañanas pasábamos horas escogiendo cosas para la boda y por la noche me dedicaba de lleno al bar.
Melanie continuó saliendo con Aldebaran, se habían convertido en pareja recientemente y llegaba a buscarla todos los días al trabajo.
Durante ese tiempo pudimos llegar a conocerlo mejor.
Él y sus amigos eran copropietarios de una gran empresa de seguridad llamada Altech International. Herencia de sus padres, aunque fue muy vago en su respuesta sobre su paradero, no presionamos el tema. Quedó claro que nuestro nuevo amigo se trataba de nada más y nada menos que un multimillonario. Me sorprendió ligeramente que no se dedicaran al negocio de modelaje. Con esas caras y cuerpos podrían haber sido extremadamente famosos. Pero contrario a su apariencia y porte, era muy humilde, con una actitud alegre a la vida y al parecer, fascinado por su pequeña novia.
Normalmente pasaba un rato en la barra conmigo, platicando sobre pequeñas sorpresas planeadas para Mel. Sabía que siendo como una hermana para mi, la sobreprotegia y supongo que era su forma de asegurarme que él la trataría como la princesa que es.
Jamás me atreví a preguntarle por sus amigos, nunca tuve el valor, aunque me muriera de ganas por volver a ese hombre. Simplemente no me rebajaría al nivel de una acosadora.
El arrepentimiento por ni siquiera preguntar su nombre me había golpeado fuerte esa semana que lo conocí. Conforme pasaron los días pensé que lo superaría, pero la presencia constante de Aly (como le llamaba Melanie) era un recordatorio a mi falta de valor. La dura realidad es que tenía miedo a que me lastimaran de nuevo. Así que tuve que aguantarlo como una campeona y vivir con mi decisión.
También tenía otra razón para no pensar en el chico de ojos grises.
Comenzaron a frecuentar el bar un grupo de hombres de colores oscuros. Su sola aura me daban escalofríos. Y aunque nunca se comportaron de manera sospechosa, tal y como Luca antes que ellos su presencia me hacía sentir inquieta. Incluso a Aldebaran no le agradaban.
Había notado como intercambiaron miradas molestas en varias ocasiones. Me daba la ligera impresión de que se conocían, pero al final no era de mi incumbencia.
Esa noche Regi no llegaría al departamento, y nosotros nos quedaríamos un rato después de cerrar, era el cumpleaños de nuestra pequeña Mel y queríamos partir un pastel para celebrarlo.
El ambiente relajado y divertido se mantuvo mientras contábamos anécdotas de los primeros días de trabajo de Melanie, y los viejos días de casanova de Nate, el tiempo pasó tan rapido cuando uno se relajaba y simplemente gozaba el momento.
“Así que Bela, cuanto tiempo llevas en la ciudad?” Pregunto de repente Aly, poniendo la atención en mi.
“Toda mi vida, me apena decir que no he tenido el tiempo para viajar y conocer nuevos lugares, aunque es algo que sin duda me encantaría, y tu?”.
Apretó su agarre a Mel dándonos una sonrisa.
“Aah, por trabajo he tenido la oportunidad de viajar por todo el mundo, pero debo admitir que estoy feliz de haber llegado a esta ciudad, así pude conocer a Meli”.
“Pensé que eran de aquí?”
Aly levantó una ceja a mi, claramente notando que me refería a su grupo y no solo a él.
“No, mis amigos y yo venimos de Europa, Yo soy originario de Grecia”.
Me dio una sonrisa que escondía algo más, de repente me sentí avergonzada por tratar de indagar sobre sus amigos de manera muy infantil, tal vez pensaría que sus millones tenían algo que ver, pero eso era algo que de verdad no me interesaba. No era una cazafortunas. No como Katerina.
“Jamás lo habría adivinado, no tienes el acento, aunque ahora que lo pienso, tu otro amigo si parecía.. británico?”
Nate me miro extrañado, sabía que esta no era mi forma normal de actuar.
“Aah si, Killian, es de Inglaterra”.
Killian. Wow hasta su nombre suena muy bien.
Mel tomó la oportunidad para llamar la atención de todos y partir el pastel, mientras yo abría otra botella de vino, recordar la primera noche que llegaron al bar, me hacía sentir incómoda y no quería dar una mala impresión.
“Creo que nunca les agradecí por haberse desecho de Luca esa noche, el hombre es insufrible, me da gusto que ya no frecuente el bar”.
“Era un patán, siempre incomodaba a las meseras y a varias clientes femeninas, pero con Bela era diferente, a ella la acosaba más”. Dijo Nate disgustado.
“Fue un placer ser de ayuda, pero Bela creo recordar que Killian mencionó que le invitaste un trago en agradecimiento”.
De repente me atasqué con el pedazo de pastel que había llevado a mi boca y comencé a toser.
Atrapada!
“Ah si.. pero me refería a los demás”.
Aly sonrió dándome a entender que intuía algo más. Todos comenzamos a reír cuando Mel soltó una carcajada por mi reacción. Me sentí tan avergonzada que no sabía dónde esconderme.
“Entonces Bela, algún hombre especial en tu vida?”.
La risa que habíamos compartido hacía un momento murió con su pregunta. Nate, Mel y yo nos tensamos e intercambiamos miradas.
“Desde hace tiempo que no”. Respondí casualmente. Pudo notar nuestro cambio de actitud y de repente se le vio arrepentido.
“Lo siento, veo que no tenía que preguntar, solo tenia curiosidad, eres joven y hermosa, deberías tener a alguien con quien compartir tu vida”.
“No te preocupes, simplemente tuve una experiencia.. diferente, creo que en algún momento todos hemos pasado por una mala ruptura, es solo que yo no la he superado”.
Dije encogiéndome de hombros. Mel apretó la mano de Aldebaran.
“El tipo es un idiota, no merece que desperdiciemos nuestro tiempo hablando de él, encontrarás a alguien mejor ya verás”.
Todos miramos sorprendidos a Mel, jamás la había escuchado hablar con tanta seguridad y molestia hacia alguna persona, pero sabiendo por lo que había pasado, me llegó al corazón ver que ella también se preocupaba por mi. Poco a poco se estaba convirtiendo en una mujer con carácter más fuerte. Solo no quería que perdiera su gentileza en el camino. También podía tener algo que ver sus cuatro copas de vino. Lo que me indicaba que era hora de despedirse.
“Amén por eso”. Alzamos nuestras copas y dimos un último brindis.
La lluvia comenzó a caer fuertemente y los relámpagos iluminaban ocasionalmente el cielo. Este era mi clima favorito. El olor a tierra mojada me hacía recordar mi niñez y la calidez de mi hogar, un hogar junto a mi madre, en otros tiempos donde éramos muy felices.
Nate cerró el bar mientras Mel lo ayudaba, yo tenía la vista en mi celular tratando de buscar una lista de canciones para mi regreso a casa. Me di cuenta que Aldebaran lucía como estatua, la intensidad en la que veía la calle me confundió. Seguí su mirada, pero extrañamente no noté nada en el lugar, solo la oscuridad de la noche que entre momentos se alumbraba.
“Que sucede?”
Me atreví a preguntarle. Mi voz pareció sacarlo de trance y sin mirarme sacó su celular del bolsillo.
“Nada, lo siento, no quieres que te llevemos a tu casa?”
“No, no te preocupes, vivo cerca, no tan cerca como Nate pero nada me ocurrirá, es un vecindario tranquilo”.
Tenía la impresión que mi respuesta no era de su agrado ya que torció la boca.
“Será mejor que vayas a casa rápido, ve con cuidado, nunca se sabe que puede asechar en la oscuridad”.
“Uuh, estamos grandes para temerle a la oscuridad no crees?” Dije en tono divertido mientras Nate se despedía con la mano y Mel se acercaba a nosotros abrazando a su novio por la cintura.
“Nunca se es demasiado grande para tenerle a la oscuridad”.
Colocó de nuevo su dispositivo en su abrigo y le dio un beso en la frente a Mel. Con un ligero sonrojo ella se giró a mi y se despidió.
“Avísame cuando llegues a casa por favor”.
“Claro pequeña, no se desvíen del camino”. Dije en tono serio, que la hizo soltar una risa nerviosa. Su compañero sin embargo aún aparentaba estar preocupado.
Era como si temiera que algo me pudiera pasar. Pero como era posible? La calle estaba desierta. Su instinto parecía equivocado en el momento.
Al verlos caminar a su auto pude ver con más claridad la espalda de Aldebaran.
Esa neblina blanca que siempre lo seguía ahora parecía solidificarse. Casi como si fuera una capa, o tal vez algo más? Solo estaba segura de que empezaba en sus hombros y bajaba hasta sus rodillas, era totalmente extraño.
Sin perder un segundo más y temiendo que la lluvia se intensificara corrí a resguardarme a mi auto.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo en cuanto me subí, pero se lo atribuí a que ahora estaba empapada y tenía mucho frío.
Seguí mi camino a casa sin ningún incidente. La preocupación de hace unos momentos parecía infundada y me sentí alegre de que en unos minutos estaría en el calor de mis sábanas.
Dejé mi auto estacionado en la calle de atrás como siempre y me baje corriendo tratando de cubrirme con mis manos.
El sonido similar a un gruñido hizo que me detuviera petrificada.
La idea de que un perro podría intentar atacarme me espantó y miré hacia los lados tratando de buscar algo con que protegerme.
En cambio lo que ví hizo que se me helara la piel.
Un par de orbes rojos me observaban de manera depredadora, la silueta de un hombre enorme aparecía frente a mi al final de la calle, bloqueando el camino a mi refugio.
Una aura negra emanaba de él, amenazante y pesada.
Reprimí un gemido de miedo, tratando de pensar que hacer.
El hombre dio un paso hacia mi, el escalofrío que había sentido antes era más intenso, erizando cada parte de mi piel.
Todo acerca de ese hombre gritaba peligro. Y sabía que debía confiar en mi intuición.
En un abrir y cerrar de ojos con rapidez sobre humana el sujeto estaba frente a mi, pero lo que más terror me dio fue que no podía ver el rostro de una persona normal, sino de un demonio. Un demonio oscuro con cuernos y piel negra, ojos rojos y colmillos.
Mi garganta de repente se sintió seca, y por más que intenté gritar, nada salía de mi boca. Para empeorar las cosas parecía haberme congelado en el lugar, mi cuerpo temblaba pero aparte de eso no me podía mover. El pánico comenzó a escalar cuando alzo su mano y sujeto mi garganta.
Este es mi fin.
Lágrimas caían por mis mejillas, lágrimas que eran camuflajeadas por la incesante lluvia.
La criatura frente a mi me alzo del suelo, cortando poco a poco mi suministro de aire. Una sonrisa malévola se formó en su boca.
“Que tenemos aquí? Una pequeña sangre sucia?”
Su voz era una especie de gruñido grave, escondían una maldad que prometía darme pesadillas por el resto de mi vida, pero de nuevo, parecía que esta había llegado a un prematuro fin.
“Hueles apetitosa, creo que me divertiré un poco antes de acabar contigo”.
Solté un gemido mientras golpeaba su mano con la que me sostenía. Lentamente estaba empezando a perder el conocimiento debido a la falta de aire.
No podía terminar así, mi vida no debía terminar aún. Me faltaba tanto por vivir, me maldije por no aprovechar mi juventud. Todo lo que sentía ya no era miedo sino el peor de los arrepentimientos.
El demonio me bajo a la altura de su cara, en un movimiento de su cabeza aspiro el aroma de mi cabello, sus ojos se nublaron de oscuridad y se veía escrita la palabra l*****a, comencé a temer lo peor. Había algo peor que la muerte? Claro que si.
Cerré mis ojos no teniendo el valor de continuar observando la horrible situación que se desenvolvía frente a mi. Me di por vencida. Ya no podía mantenerme despierta, claramente esta criatura superaba mi fuerza, no podía gritar por ayuda, no podía seguir aruñando su brazo suplicando le infligiera suficiente dolor como para que me soltara.
Pensé en Regina y me dio gusto que se encontrara en casa de Ben. Lejos de todo mal.
Sentí su mano libre adentrarse en mi abrigo provocando un sentimiento de repulsión, cuando de repente la mano que sostenía mi garganta desapareció y me dejó caer al suelo.
“No puede ser..” escuché a la criatura decir.
Con un ataque de tos inhale bocanadas de aire, en un intento por recuperar el aliento, abrí rápido mis ojos, arrastrándome hasta una pared, con el fin de poner la mayor distancia entre los dos.
Fue entonces que un rayo de luz apareció frente a mi, cálida y cegadora, seguida de un fuerte trueno.