Enero ya había dado comienzo. El frío ya era algo natural y la nieve caía prácticamente todos los días, por lo que los alumnos de Hogwarts preferían pasar el tiempo libre en sus salas comunes junto al fuego o en la biblioteca o en cualquier lugar resguardado dentro del castillo.
Había sido una temporada tranquila para los gemelos y Lee, ya que no habían hecho ninguna travesura, ni siquiera se habían portado mal en clases, tal como lo habían planeado.
- Esto es francamente aburridísimo- dijo George en la sala común de Gryffindor, sentado en una butaca frente al fuego.
- Pero recuerda que todo lo hacemos por un fin mayor- dijo Fred que tenía la misma cara de aburrido que su gemelo.
Afortunadamente, su estrategia funcionó, ya que luego de algunos días, Filch y Percy los dejaron de perseguir por todos lados y por fin se sentían libres.
La segunda semana de enero ya se empezó a notar la presencia de Fred y George nuevamente, pues, justo cuando acabaron las clases y era la hora de almuerzo, se sintió un extraño olor proveniente de un pasillo. Filch se dirigió hacia allí, y se dio cuenta de que era un bomba fétida, pero que los culpables ya habían escapado. Esa era solo la punta del iceberg, porque Fred, George y Lee tenían planeadas muchas travesuras para esos meses, sin embargo, había tantas cosas que hacer. Los profesores les daban un montón de deberes... demasiados deberes. Tenían que llenar pergaminos y más pergaminos con las fórmulas de transformaciones, investigar cómo se hacía la poción del olvido, memorizar un montón de fechas y nombres de duendes causantes de rebeliones de hace muchos años, buscar las propiedades de tantas plantas y practicar hechizos en los recreos. Gracias a esto, los chicos no tenían mucho tiempo para darse al ocio ni a las bromas, pero su idea de adentrarse en el bosque p*******o los ilusionaba cada día más.
- Escuché a un chico de quinto que allí había hombres lobo- comentó Lee levantando la cabeza de su trabajo de herbología "Cómo reconocer el acónito"- y un montón de animales y bichos desconocidos.
- Bueno, ya lo veremos- dijo George.
- Muy pronto lo sabremos- dijo Fred.
- ¿Sabrán qué?- preguntó Percy que pasaba a su lado- no estarán planeando nada malo ¿no?
- Deja de meterte donde no te llaman- espetó Fred mirándolo desafiante.
- Si hacen algo tendré que decírselo a mamá- amenazó Percy con el dedo levantado y el ceño fruncido.
- Solo estábamos investigando las propiedades de unas cuantas plantas- dijo Lee con un tono conciliador- no te lo tomes a mal, pero creo tienes algo en contra de tus hermanos, y ellos aún no han hecho nada...
- Tienes razón, aún no han hecho nada- lo atajó Percy poniendo mucho énfasis en "aún", y sin cambiar el semblante se fue a su dormitorio.
Fred lo siguió con la mirada.
- Es un entrometido- comentó y siguió leyendo su libro de mil y un hongos y hierbas mágicas.
Sin embargo, las semanas siguientes, en el colegio se produjeron muchos pequeños alborotos (uno de los cuales involucraba a un chico de Slytherin que terminó en la enfermería con una tiza incrustada en la nariz), pero nadie sabía a ciencia cierta quienes eran los culpables, ya que éstos desaparecían sin dejar rastro, así que la mayoría de las veces se culpaba a Peeves el poltergeist. Sin embargo, unos cuantos alumnos de Gryffindor sospechaban de Fred y George, aunque no tenían pruebas, y si las tuvieran, tampoco los delatarían pues los hacían reír mucho. Aunque igual los descubrían en alguna que otra travesura, pero eran las menores y solo lograban quitarles unos cuantos puntos a Gryffindor.
- Fred, George- los llamó un día una de sus compañeras a la salida de una clase de transformaciones especialmente dura- tengo que hablar con ustedes.
- ¿Qué pasa Spinnet?- preguntó Fred, pero la chica miró cautelosa a ambos lados del pasillo antes de contestar.
- Es que hoy estaba en el baño de las chicas y oí a una de Slytherin hablando de que Montague se iba a vengar de ustedes por lo que le hicieron con esa tiza- dijo ella rápidamente. Fred y su gemelo la miraron.
- Pero no tienen pruebas...
- Nadie nos vio
- Eso es lo que ustedes creían, pero al parecer uno de sus amigotes los vio y ahora están planeando la venganza- volvió a decir la chica en voz baja.
- Mira Alicia, gracias por avisarnos, pero por favor no se lo digas a nadie- le dijo Fred en secreto.
- Ni menos a Percy- siguió George- nosotros sabremos defendernos solos, y si nos pasara algo... bueno, la vida sin riesgo no es divertida ¿verdad?
Alicia los miró preocupada, pero los gemelos le sonrieron tranquilizadores y le volvieron a asegurar de que no les preocupaba eso, hasta que finalmente Alicia se dirigió a la sala común convencida de que sus pelirrojos compañeros sabrían apañárselas solos. Cuando ella se perdió de vista, los gemelos se miraron y esperaron a Lee, que se había quedado hablando una cosa con la profesora, para contarle lo que acababan de saber.
- ¡Pero no tiene pruebas!- dijo Lee cuando se enteró- ¡no pueden hacerles nada!
- Bueno, al parecer eso no les importa, y francamente, ni que los de esa casa respetaran tanto las reglas- dijo George.
- ¿Por qué no están preocupados?- espetó Lee.
- A ver Lee, ¿qué sería lo peor que nos podría hacer un macaco como él que apenas sabe tomar la varita? ¿Eh?- dijo Fred alegremente. Su hermano y Lee se rieron y salieron al patio que aún estaba cubierto de nieve.
Enero dio paso a febrero sin que se notara, y los gemelos aún no habían recibido ninguna maldición ni nada parecido de alguno de sus enemigos. El tiempo iba mejorando cada vez más, la nieve casi se había derretido completamente y hacía más viento pero menos frío que el mes anterior.
En las clases de vuelo a los gemelos les iba muy bien, y una noches en que la luna iluminaba lo suficiente, Fred, George y Lee salieron a hurtadillas del castillo, tomaron "prestadas" un par de escobas que tenía el colegio y salieron a volar por el campo de quidditch. A Lee no le iba muy bien volando, así que él se encargaba de ver si venía alguien con el mapa y alertar a los gemelos para que bajaran y se escondieran. Los muchachos mientras tanto, se tiraban manzanas o naranjas (cortesía de los elfos de la cocina) en el aire y se divertían mucho.
Luego de más o menos una hora bajaron de las escobas y se encaminaron junto a Lee hacia los armarios a dejar las escobas.
- Vuelan muy bien- les dijo Lee entusiasmado- podrían presentarse el próximo año para ser parte del equipo.
Fred y George se miraron con unas tristes sonrisas. Esa idea les entusiasmaba mucho y ya la habían pensado, pero el problema era que ellos no tenían escobas propias, pues eran realmente caras, y tampoco podrían volar en las del colegio porque no eran muy buenas y se torcían un poco hacia la izquierda cuando se aceleraba mucho.
- Cuidado, ahí viene Filch- susurró Fred que tenía el mapa en sus manos. Los tres chicos se escondieron en el armario de las escobas y no hicieron ni el más mínimo ruido. Por suerte el celador pasó de largo. Fred volvió a mirar el mapa y tras asegurarse de que no venía nadie, lo borró (“travesura realizada” dijo apuntándolo con la varita) y salió al pasillo junto a los otros dos.
Estaba oscuro, pero no se atrevieron a encender la luz de las varitas porque alguien que estuviera mirando por las ventanas del castillo podría notarlo y serían descubiertos. Afortunadamente la luna estaba muy luminosa y podían ver el camino hacia el castillo. Hacía algo de frío, pero no se apuraron. Estaban bien resguardados bajo sus abrigos y bufandas.
- Esperen un momento- dijo Fred alzando el brazo deteniendo a su hermano y a Lee.
- ¿Qué pasa?- preguntó Lee.
- Miren donde estamos- respondió Fred. Ambos chicos se miraron extrañados y luego miraron a Fred que estaba con la vista fija hacia su izquierda y allí dirigieron la mirada. Era el bosque p*******o.
- No pensarás...- empezó a decir Lee pero George lo interrumpió.
- No, no piensa, pero creo que es una buena idea.
- ¡¿Qué?!- dijo Lee- ¿quieren entrar ahora?
- Bueno, no habrá un mejor momento ¿no crees?- dijo Fred- no hay nadie, nadie sabe que estamos aquí, está oscuro...
- ¡Exacto!, ¡está oscuro!, ¿cómo sabremos donde está la salida?, ¿y si nos perdemos?- volvió a decir Lee preocupado.
-Mira Lee- dijo George perdiendo un poco la paciencia- cualquier cosa es posible si tienes suficiente coraje. Si no quieres venir, no te obligamos, pero te vas a arrepentir.
- Nosotros haremos que te arrepientas- corroboró su hermano.
Lee los miró asustado, pero se armó de valor. Ya estaban allí y de todas formas no podría convencer a los gemelos de volver con él al castillo. Además, podrían pillarlo si es que no tenía el mapa, así que decidió seguirlos y los tres se encaminaron a los tupidos árboles.