Después de todos los exámenes del primer trimestre, las vacaciones de navidad por fin habían llegado, y por más que Fred y George rogaron a sus padres el poder quedarse en el colegio, tuvieron que volver a su casa a pasar las fiestas. "No quiero más lechuzas diciéndome que se han metido en líos" había puesto su madre en la última carta "por lo menos en las vacaciones quiero vigilarlos". A sí que tuvieron que obedecer y volver a la madriguera.
- Bueno, míralo por el lado amable- dijo Fred a su hermano mientras veían la nieve caer a través de la ventana de su habitación la tarde de noche buena- al menos Percy se quedó en el colegio.
- Sí, tienes razón. Tendremos dos semanas sin él- contestó tristemente George, y es que a ambos no les hubiera importado pasar la navidad con Percy con tal de ocupar el mapa del merodeador una vez más.
Había pasado tan solo una semana desde que habían d*********o como ocupar el mapa y no tuvieron mucho tiempo de usarlo, pues Filch o la señora Norris estaban demasiado encima de ellos cada vez que salían de una clase o se dirigían a cualquier lado. Estaban rodeados. Y como tampoco querían que nadie más supiera de él, solamente podían verlo en su habitación.
- Muchachos, bajen a cenar- se oyó la voz de la señora Weasley desde el comedor, y en la escalera se escuchó un estrépito mientras todos sus hijos bajaban.
Los cinco hermanos Weasley (pues Charlie también se había quedado en el colegio) se sentaron a la mesa mientras la señora Weasley servía la comida. Y cuando ésta se sentó, el señor Weasley llegó del trabajo.
- Buenos días familia- saludó el señor Weasley.
- Hola papá- le devolvieron el saludo sus hijos.
- Hola cariño- lo saludó melosamente su esposa mientras se ponía de pie para servirle un plato de comida- ¿cómo te fue hoy en el trabajo?
- Oh, bien, estuvo todo muy tranquilo. Estábamos celebrando un poco de las fiestas. Perkins trajo unas botellas y brindamos por las vacaciones que comienzan... por suerte, porque ya estaba cansándome un poco de tantas redadas- resopló el señor Weasley.
- ¿Y a ti cómo te ha ido con los encantamientos en Egipto, hijo?- preguntó la señora Weasley dirigiéndose a Bill.
- Oh muy bien, má. En general las maldiciones no son tan terribles como uno podría pensar, sobre todo porque tienen miles de años. Aunque hubo una con una momia que casi me mata a mí y a mi compañero –contó el mayor de los hijos, que se levantó la manga de su camisa- de hecho, me quedó una cicatriz aquí.
- Fantástico- exclamaron los gemelos a un tiempo mirando el brazo de Bill.
- Y ustedes...- dijo su madre dirigiéndose a Fred y George como conteniendo la rabia- me han llegado demasiadas lechuzas con quejas de sus travesuras.
- Pero mamá, si nosotros nos portamos muy bien...- dijo Fred con una sonrisa burlona, pero al ver la mirada severa de su madre, puso un rostro serio y se quedó callado comiendo otro pedazo de pavo.
- Espero que se porten mejor y que saquen buenas notas en los exámenes. Deberían seguir el ejemplo de Percy. O como Bill y Charlie que fueron prefectos -concluyó su madre dándole al mayor una mirada de orgullo que incomodó al joven.
- ¿Y cómo los eligieron para las casas?- inquirió Ron.
- Oh, es bastante doloroso- dijo Fred haciendo una mueca de sufrimiento- por favor, no me hagas recordarlo...
Y los demás rieron mientras Ron y Ginny palidecían y se miraban angustiados, sopesando si querían entrar a Hogwarts.
A la mañana siguiente todos se despertaron muy temprano. Fred, George, Ron y Ginny bajaron corriendo la escalera.
- ¡Los regalos!- gritaban mientras entraban a la sala. Allí había un majestuoso árbol de navidad y bajo él unos cuantos paquetes con regalos.
Los más grandes llegaron un rato después y vieron como los niños abrían sus obsequios.
Mientras todos abrían sus regalos, unas chispas de colores cruzaron toda la habitación. A George se le habían encendido accidentalmente las bengalas del doctor Filibuster (que se prenden con la humedad) que tenía en el bolsillo, llenando la sala de luces azules, rojas y verdes.
- Yo no lo hice, no hay pruebas, nadie me vio- dijo George preocupado, pero al ver que todos reían y se admiraban de lo bella que quedó la habitación con las luces de colores se tranquilizó.
- Ya no vas a tener que escapar- le susurró Fred.
- Habrías tenido que venir conmigo o te echaban la culpa a ti también. Ya sabes, somos inseparables- se rió su gemelo.
Fred arrugó la nariz y sonrió.
Al día siguiente, Lee los fue a visitar y a pasar con ellos un par de días. Su amigo les había traído unos naipes y les enseñó unos cuantos trucos que los muggles llamaban magia. Los gemelos aprendieron rápidamente estos trucos, y al mostrárselos a su padre, éste quedó extasiado con la habilidad de los no magos para hacer trucos que imitaban la magia.
- También saben abrir puertas sin tener llaves, ni varitas, claro- les dijo Lee cuando estaban subiendo las escaleras para ir al dormitorio.
- ¿Y cómo lo hacen?- preguntaron incrédulos los gemelos. Lee sacó un gancho para el pelo, lo torció un poco y abrió la puerta de la pieza de Percy, que estaba cerrada con llave.
- Estupendo- dijeron Fred y George mirando maravillados el ganchillo.
- Sí, los muggles se las arreglan muy bien sin magia, enserio. Yo viví así durante once años- dijo Lee. Los gemelos estaban admirados.
- Amigo, tienes que enseñarnos más de estas cosas- dijo George.
- Tu sabiduría nos abruma- señaló Fred.
Los días siguientes fueron tranquilos pero menos descansados pues tenían que ponerse al día con los deberes que les habían mandado los profesores, y eran muchos.
- ¡Basta!, ya no puedo seguir más- dijo Fred el día antes de volver al colegio cerrando de golpe un libro de pociones- ¿cómo quieren que me acuerde de todo esto?
- Oh, vamos- dijo Bill que estaba a su lado- esta es materia facilísima, cuando estés unos cursos más arriba y no entiendas nada de lo que te dicen los profesores añorarás estas "difíciles" pociones...
- Gracias por animarme- respondió secamente Fred y se desperezó- bueno, mejor me voy al patio a ver las nubes o a hacer algo más relajado...
- Yo te acompaño- dijo George y ambos salieron de la casa con rumbo indefinido
- ¿Y qué podremos hacer cuando regresemos al colegio?, Percy, Filch y la gata nos persiguen a todos lados.
- Vamos a tener que portarnos bien una semana-dijo Fred haciendo una mueca- así bajarán la guardia y luego ¡zaz! El golpe final.
- ¿Qué sería...?- dijo George- aún no tenemos un golpe final... y ¿por qué final?, si esto recién comienza.
Ya se habían alejado bastante de la casa y estaban junto a unos árboles. Fred miró a todos lados y luego de asegurarse de que no había nadie por allí, sacó el prodigioso mapa y la varita.
- Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas- dijo apuntando el mapa con la varita, y en el instante aparecieron los terrenos del colegio. Había unos veinte alumnos y otros pocos profesores. También se podía ver a los fantasmas y a Peeves. Su hermano Percy estaba en la biblioteca, Charlie estaba en el comedor con Nymphadora Tonks ("¿quién será ella?" musitó George) y Hagrid, el guardabosque, estaba cerca del bosque p*******o junto a su perro Fang.
- Que entretenido ser Percy y pasarse las vacaciones en la biblioteca- se burló Fred.
- Podría ser nuestro blanco, ¿no crees?- dijo George- hacerle una broma a Percy...
- Pero eso sería pan comido- lo interrumpió Fred- nuestro perfecto hermano cae en cualquier cosa. No, tiene que ser algo mejor, algo impactante...
Los gemelos se quedaron un rato bastante largo en silencio mirando el mapa y pensando cual podría ser su siguiente travesura, pero nada concreto se les ocurría.
La tarde empezaba a caer, y el cielo se ponía cada vez más rojo.
- ¡Niños, entren a la casa y preparen sus baúles!- oyeron la voz de su madre a lo lejos, pero no se movieron.
-¡Ya sé, ya sé!- gritó de repente Fred haciendo que su hermano se sobresaltara- ya sé lo que podemos hacer.
Fred miró a su hermano risueñamente y él le devolvió una desconcertada mirada. Silencio nuevamente.
- ¿Y bien?- dijo George luego de un momento de expectación- ¿qué haremos?
- ¿Pero no se te ocurre? Algo genial y único que podemos hacer- respondió Fred.
- No.
- Oh, vamos, piensa un poco
- Qué crees que te leo la mente acaso...
- Pero piensa, algo único, algo extremo, algo... p*******o- enfatizó Fred.
George miró el mapa y luego a su hermano con ojos brillantes y llenos de expectación.
Ya habían encontrado la mejor travesura.