Ya eran mediados de diciembre. La nieve caía insistentemente y cada día hacía más frío. Nadie sospecharía que los gemelos junto a Lee tenían todo preparado para robar lo que sea que estuviese confiscado en el cajón de Filch.
El día elegido para poner en práctica su plan fue normal, con clases normales, y como siempre, perdieron un par de puntos, esta vez por estar molestando a su compañera Angelina en clase de encantamientos. Al salir del aula, fueron a disculparse con su compañera.
- Perdónanos Angelina, no quisimos molestarte- dijo Lee.
- Habla por ti- susurró Fred mirando a su hermano y se rieron silenciosamente tras la chica. Ella se volteó y los fulminó con la mirada.
- Oh, vamos Angelina, si fue divertido, todos se rieron...- dijo Fred
- Hasta tú- dijo George
- Sí, es verdad- aceptó ella- pero la próxima vez que se les ocurra andar hechizando mi bolso para que se ponga a dar saltitos cada vez que lo voy a tomar, avísenme ¿bueno?
- Está bien- dijo Fred
- Lo que tú digas, bonita- dijo George guiñándole un ojo mientras ella le sonreía y se daba la media vuelta.
- Siempre supe que esta chica era simpática -comentó George mientras Angelina se alejaba. Fred arqueó las cejas y miró con sorpresa a su gemelo, pero prefirió no decir nada.
- Bueno, y van a entrar donde Filch o no- dijo Lee en secreto.
- Esta noche, de seguro- dijo Fred en voz baja mientras su hermano asentía con la cabeza.
- Claro, mientras Percy no nos vigile...-agregó George, porque desde que salieron a Hogsmeade, Percy los empezó a vigilar más de cerca, y no los dejaba solos ni un instante. Tanta fue la vigilancia de su hermano mayor que hasta tuvieron que suspender en un par de ocasiones el plan de entrar al despacho de Filch.
Esa noche, los tres amigos se quedaron hasta las diez en la sala común. Percy también estaba allí, así que Fred y George se despidieron bostezando, como si tuvieran mucho sueño y subieron a su habitación. Lee se quedó allí haciendo como que terminaba una tarea, pero realmente estaba esperando a que Percy se fuera para dejar el camino libre. A las diez con quince minutos, Percy cerró el libro que estaba leyendo y también subió a su habitación. Entonces Lee fue a su cuarto a avisarle a los gemelos.
- No hay moros en la costa- dijo el moreno y los tres salieron muy silenciosamente por el cuadro de la dama gorda. Fred y George tenían una bomba de olor cada uno en su bolsillo. Llegaron a un pasillo desierto y Fred tiró la bomba que al explotar dejó salir un desagradable olor que hacía lagrimear los ojos. Se fueron a esconder a un aula, pero no contaban con que esta estuviera cerrada.
- ¡Alohomora!- dijo Fred apuntando la varita a la cerradura, pero justo cuando entraban les pareció oír un maullido.
- La señora Norris- dijo George angustiado cerrando tras de si la puerta. Los tres se fueron a esconder en el fondo, donde no llegaba nada de luz, pero al instante se abrió la puerta y entró Filch con su gata.
- Estamos en graves problemas muchachos- dijo acercándose a los gemelos, pues Lee había alcanzado a esconderse bajo un pupitre- de ésta sí que no se salvan- y se los llevó a su despacho.
Lamentablemente ese no era plan original. El plan era que Filch fuera hacia el lugar de las explosiones de las bombas de olor y, mientras él estuviera por allí distraído, ellos entraran sigilosamente a su despacho y sacaran lo que estaba confiscado. Pero ahora tenían que improvisar alguna otra idea y rápido.
Llegaron al despacho del celador mientras éste los amenazaba con el habitual castigo de descuartizamiento que había en otros tiempos. Filch los hizo entrar y dejó la puerta abierta.
- Cuando Dumbledore sepa lo que han hecho... pequeños diablillos, yo no tendría piedad con ustedes- decía Filch.
Fred y George vieron el archivo y se miraron con los ojos brillantes. George se acercó un poco a la puerta sin que Filch lo notara.
- Señor Filch, ¿siente eso?- dijo Fred con inocencia.
- ¿Qué cosa?- dijo Filch al tiempo que George tiraba una bomba de olor por el pasillo sin que fuera detectado.
- Ese olor... - continuó Fred al tiempo que la bomba explotaba y dejaba salir su característico hedor por todos lados. Filch salió rabiando y gritando para encontrar al culpable.
Era ahora o nunca. Fred se acercó al archivador, lo abrió, tomó lo primero que encontró y lo cerró. Era un pergamino viejo, pero sin pensarlo mucho lo escondió en el bolsillo interior de su túnica. Filch volvió y los miró suspicazmente mientras ellos ponían las caras más inocentes que podían. El celador los dejó ir, porque tampoco podía probar que ellos habían sido los culpables, aunque estaba seguro de que sí lo eran.
- Pero los estaré vigilando- les advirtió cuando ellos salían de su despacho- y le haré saber al director que estaban merodeando a estas horas sin permiso.
Los gemelos se fueron directamente a la sala común y vieron a Lee sentado en un sillón estrujándose las manos con aire de preocupación.
- Oh, que bueno que están aquí, creí que los iban a castigar o algo- les dijo Lee poniéndose de pie frente a ellos. Los gemelos le contaron lo que pasó y Fred sacó el pergamino de su túnica, pero vieron con decepción que estaba en blanco.
- ¡Maldición!- dijo George- sacaste un estúpido pergamino viejo.
- Tal vez es para anotar lo que tiene confiscado- dijo Lee.
- Vaya pérdida de tiempo y bombas de olor- continuó George, pero Fred no estaba seguro. Volvió a guardarse el pergamino en la túnica y los tres chicos se fueron a su habitación.
Esa noche y las siguientes Fred no podía dormir pensando en el pergamino viejo. Algo tenía de especial y peligroso, o si no Filch no lo habría confiscado. ¿O Lee tenía razón y era solamente para anotar los objetos confiscados?, pero si fuera así ¿por qué no había nada escrito? Era todo tan extraño...
Pasados tres días, Fred estaba muy cansado, pues había pasado mucho tiempo en las noches especulando que podría ser el mapa sin llegar a ninguna conclusión, mientras lo miraba por todos lados intentando encontrar algún secreto.
- Te ves terrible- le dijo George por la mañana- ¿dormiste mal o algo?
- No, nada- mintió Fred. No quería que su hermano supiera que se había obsesionado con ese pergamino viejo. Pero todo ese día estuvo más callado e irritado de lo normal y hasta se durmió toda la clase de Historia de la magia, lo que le costó hacer una tarea extra para el profesor Binns.
- Deberías ir a la enfermería- sugirió Lee- no te ves bien.
- No gracias, estoy bien- respondió mecánicamente Fred.
- O deberías descansar- dijo George realmente preocupado- no me gusta nada tu aspecto.
- ¡Estoy bien!- dijo Fred enojado- ya déjenme tranquilo.
Y se fue dejando perplejo a su amigo y a su hermano. Entró a la sala común y subió a su cuarto, se sentó en su cama y sacó el pergamino. Lo golpeó rudamente con la varita, pero nada sucedió.
- Oh, vamos, tienes que hacer algo, pergamino inútil- dijo Fred volviéndolo a golpear- revélate o algo.
Y al decir esto unas líneas finas salieron desde el punto donde había tocado con la varita formando la frase "Los señores Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta, proveedores de artículos para magos traviesos, quieren saber si sus intenciones son buenas".
Fred quedó pasmado ante el pergamino y lo miró con ojos muy abiertos, y luego de leer lo que había escrito en el pergamino, volvió a colocar su varita
- Pues no- dijo, y unas nuevas líneas formaron otra frase "¿lo juras solemnemente?"
- Lo juro- dijo Fred con la varita en el pergamino. "¿solemnemente?" volvió a preguntar el pergamino.
- Pues sí, juro solemnemente que mis intenciones no son buenas- dijo Fred golpeando una vez más con la varita. Y las letras cambiaron de nuevo. Pero esta vez para presentar algo mucho más interesante. "Los señores Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta. Proveedores de artículos para magos traviesos están orgullosos de presentar:
El mapa del merodeador"
Poco a poco se revelaron líneas que se interconectaban. Era un mapa que mostraba cada detalle del castillo de Hogwarts y sus terrenos, pero lo mejor eran las pequeñas manchitas de tinta que se movían por él. Cada una estaba etiquetada con un nombre. Fred se quedó pasmado de la emoción, y al ver un par de manchitas con las inscripciones de "George Weasley" y "Lee Jordan" subiendo al dormitorio levantó el rostro al tiempo en que su hermano y su amigo abrían la puerta para entrar.
- Así que aquí estabas- dijo George algo molesto sentándose en la cama junto a su gemelo- nos dejaste algo preocupados con tu berrinche allí abajo.
- Sí, y no estábamos seguros de querer venir a verte- corroboró Lee.
Fred no podía hablar de la emoción, los miró a ambos y le mostró el mapa a George, que estaba más cerca. Su hermano miró el mapa, abrió enormemente los ojos y le quitó el pergamino de las manos. Allí estaba todo y todos. Lee se acercó y también miró el pergamino sin dar crédito a sus ojos.
- Esto es lo mejor que podría habernos pasado en la vida- balbuceó Fred y los otros dos chicos asintieron fervientemente pensando en la infinidad de cosas que podrían hacer con el mapa.