Capítulo XV: Con la ayuda de Hagrid

1219 Words
Fred despertó algo mareado. Intentó sobarse la cabeza y se dio cuenta de que tenía las manos atadas. Tampoco tenía su varita. Por suerte, la había olvidado en su habitación porque si no, quizás ahora estaría rota frente a sus ojos. Tomó aire y miró a su alrededor. A pesar de estar como en un terreno amplio y vacío, podía ver a varios metros unas especies de paredes de forma irregular. Miró hacia arriba y se dio cuenta que estaba amarrado a un fierro muy ancho y frío que se perdía en el cielo. A su lado derecho, algo lejanos, había un par de fierros más, al parecer igual de largos que el primero. No sabía dónde estaba, y que todo estuviese oscuro a su alrededor no ayudaba mucho. El pelirrojo comenzó a mover las manos, intentando deshacer sus a******s. Aún tenía que encontrar a George, y no podía perder ni un minuto. Recordó una técnica muggle que le enseñó Lee para liberar sus manos y la intentó una y otra vez. Estaba amarrado con cuerdas, y en cada movimiento, le rozaban la piel y sentía cómo se le hacían heridas, pero no paró hasta que por fin, después de mucho esfuerzo, logró zafarse de sus a******s. Se miró las manos, En las muñecas se había hecho varias heridas y algunas sangraban un poco. Las manos también tenían raspones, pero le restó importancia al dolor. Tenía cosas mucho más importantes de las que preocuparse. Se puso de pie y caminó hacia la muralla más cercana para intentar salir de aquel lugar que aún no lograba distinguir. Al dar el primer paso sintió que a sus pies había pasto. Miró hacia arriba y podía ver las mismas estrellas que en el castillo. Por lo menos seguía en Hogwarts y eso lo tranquilizó un momento. Cuando llegó a esa muralla, se dio cuenta que realmente no lo era. Era una especie de galería. Volvió a mirar donde estaba amarrado. Los tres postes que parecían infinitos hacia el cielo, terminaban en un círculo cada uno. Y, por fin, supo dónde estaba. Era el campo de Quidditch. Fred se puso a correr, rezando para que el lugar desde donde salían los jugadores en cada partido estuviera abierto. Llegó al lugar y entró a los camarines. Encontró la puerta de salida y la empujó. Nada. La empujó nuevamente con más fuerza, y solo se agitaba un poco. Pensó en su hermano, y en las cosas horribles que podrían estar pasándoles y juntó toda su furia en una sola patada y la puerta se abrió de golpe. Se sorprendió un momento por su propia fuerza, pero a los segundos se puso a correr. Tenía que encontrar a su hermano y solo había una forma de hacerlo. La cabaña se acercaba poco a poco. Aún tenía una luz encendida. Fred llegó y golpeó la puerta con ahínco. Hagrid abrió la puerta y se sorprendió de ver al mismo pelirrojo que tuvo que espantar del bosque p*******o hacía algunos meses, aunque ahora parecía muy agitado y preocupado. - ¿Qué haces aquí? - increpó Hagrid con el ceño fruncido. - Hagrid, necesito tu ayuda... mi hermano... yo... - Fred aún no recuperaba el aliento de su última carrera. - Respira, niño, que no te entiendo nada - dijo el guardabosques con un pequeño tono de preocupación en su voz. - Alguien me golpeó y me amarraron en el campo de Quidditch, pero logré escapar recién, y a mi hermano no sé dónde lo llevaron... pero tengo que entrar al castillo, sé cómo puedo encontrarlo. Y necesito tu ayuda. Por favor, Hagrid. Por favor - dijo el pelirrojo suplicante. A pesar de su altura y apariencia peligrosa, el corazón de Hagrid era de dulce y se conmovió del pequeño mago. Salió de la cabaña y sin decir nada, se encaminó hacia el castillo. Fred lo siguió casi corriendo para alcanzar las grandes zancadas del guardabosque. Al llegar al castillo, Hagrid tomó aire y puso la cara más neutra que pudo y tocó la gran puerta de madera. - Quédate detrás mío y no te asomes - le dijo a Fred, quien le obedeció enseguida. A los pocos minutos la puerta se abrió y por ella se asomó Filch. - Estas no son horas para tocar la puerta - dijo el celador enojado. - Necesito hablar con el director inmediatamente, Filch. Apártate de mi camino - dijo Hagrid secamente. - No sé cómo el director puede confiar en ti - dijo Filch con desprecio y se alejó lentamente para dejar pasar a Hagrid. guardabosques entró a paso lento, escondiendo con su cuerpo a Fred que estaba a su lado, sin quitarle un ojo a Filch, que lo siguió con la mirada hasta que desapareció de su campo de visión cuando dobló hacia la derecha. Fred y Hagrid se quedaron quietos un momento hasta que escucharon los pasos de Filch alejarse hasta desaparecer. - Muy bien, muchacho, ya estás dentro. - Gracias, Hagrid. Gracias de verdad - dijo Fred que sentía ganas de abrazar al guardabosques, pero se contuvo y subió corriendo la escalera. No había ningún profesor en los pasillos, lo que fue una suerte. Llegó frente al retrato de la dama gorda y dijo la contraseña "estirón", subió a su habitación, revolvió entre sus cosas hasta que por fin lo encontró: el Mapa del Merodeador. Tomó su varita del velador y apuntó el pergamino. - Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas - murmuró y el mapa mostró todos los rincones del castillo y sus alrededores, incluyendo a las personas que estaban allí. Fred buscó presurosamente a su hermano. Dentro del castillo, en todas las salas, pasillos. Nada. Entonces su mirada se fijó en un punto lejano y vio el nombre de su hermano. El cartel que decía George Weasley estaba estático dentro del Bosque p*******o. Fred se mordió el labio. Ahora tendría que salir nuevamente y volver con su hermano. Guardó el mapa en uno de los bolsillos de su capa y la varita en otro. Salió presurosamente de su habitación y de la sala común. Debía ser cuidadoso para no toparse con nadie, pero estar con el mapa le ayudó a evitar a Snape y al profesor Flitwitch que rondaban cerca. Al llegar a la puerta, se dio cuenta de que no había ninguna forma de salir. Miró hacia todos lados y recordó que Hagrid, nada más golpear, pudo entrar al castillo, así que puso en práctica un pequeño plan que se le acababa de ocurrir. Con todas sus fuerzas golpeó la puerta un par de veces y se escondió tras las escaleras. Pasaron unos segundos y Filch apareció por un pasillo. - Qué querrá ese idiota de Hagrid - murmuró el celador mientras sacaba un manojo de llaves para abrir la puerta sin ningún esfuerzo. Al no encontrar a nadie, iba a cerrar de nuevo, pero Fred había preparado su varita, y murmuró Wingardium Leviosa haciendo que una pequeña estatua que estaba al otro lado volara unos centímetros y luego cayera estrepitosamente. Filch se dio vuelta y fue hacia la estatua. Era ahora o nunca. Fred salió de su escondite lo más sigilosamente que pudo y salió del castillo por la puerta que Filch había dejado semi abierta. Rodeó los muros, escondiéndose en la oscuridad y escuchó un portazo. Todo salió según lo planeado. Por fin estaba afuera.   Ahora solo debía encontrar a su gemelo.
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