Junio llegó sin aviso, y los exámenes finales dieron comienzo. El primero fue de transformaciones. La profesora McGonagall les dijo a los de primero que transformaran una tetera en una tortuga. George lo logró, aunque su tortuga aún tenía algunos dibujos de la tetera, era mejor que la de Fred, que aún tiraba humo y tenía por cola un pico de tetera. La de Lee estaba bastante bien, salvo por el hecho de que la caparazón aún era algo plateada. Historia de la magia, en cambio, fue un examen muy difícil, que los gemelos hicieron a duras penas.
- Que examen más difícil- se quejó George al salir del aula del profesor Binns.
- Un desastre tremendo- corroboró Fred.
- No lo encontré tan difícil- dijo Lee sin darle importancia- era cosa de aprenderse algunos nombres.
- ¡¿Algunos?!- exclamaron los gemelos a un tiempo.
- Eran cientos de nombres- dijo Fred
- Y miles de lugares- asintió George.
- Y tantos hechos...
- Tan irrelevantes...
- ¿Qué me importa lo que pasó con los duendes y sus rebeliones?
- ¿Acaso saberlo me hará mejor mago?
- Por lo menos los hará más cultos- comentó Lee, pero decidió callarse al ver la mirada de odio que le lanzaron los gemelos.
Al día siguiente les tocaba el examen de Pociones. George y Lee le pusieron mucho empeño, pero no sacaron más de un tres. Fred, en cambio, se sacó un seis. Cuando Snape le garabateó su nota en el pergamino, estaba más ceñudo que nunca, pues con el un siete era como sacarse un diez con felicitaciones. Si hermano y Lee se asombraron de la calificación de Fred, pero no tanto como él mismo.
- Creo que tengo aptitudes para esto- dijo Fred alegre al salir de la mazmorra de Snape.
- Espero que te sirva para algo útil en la vida- dijo George.
En el examen de vuelo a los tres les fue muy bien, aunque Lee sacó un nueve, los gemelos sacaron un diez y Madame Hooch (la profesora de vuelos) los felicitó por montar tan bien en las escobas.
Tan bien en herbología les fue bastante bien.
El día del último examen (que era de defensa contra las artes oscuras) todos los de primero se sentían contentos. Luego de las seis de la tarde ese día, el martirio habría terminado, ¡por fin!
Fred, George y Lee repasaron por última vez para el examen, y cuando sonó la campana, los tres estaban bastante seguros de sus conocimientos.
Entraron al aula. La primera parte del examen era teórico, a si que ocuparon sus respectivos pupitres, y tomaron las plumas que había sobre cada uno de ellos junto al pergamino (se rumoreaba que eran plumas anti copia, por si alguno se pasaba de listo)
Pasaron 45 minutos y entregaron los pergaminos. Los 45 minutos que quedaban eran para la parte práctica. La profesora Kuntzman los hizo ponerse en una fila afuera del aula y los hacía pasar de a cinco.
Primero entró Lee, pero no lo pudieron ver salir, pues salían por la puerta trasera del aula. Luego de varios minutos, la profesora Kuntzman llamó a George junto a otros cuatro compañeros y compañeras.
Solamente quedaban Fred y otros tres alumnos de Ravenclaw. Pasado un raro la puerta se volvió a abrir y la profesora los llamó. Entraron nerviosos al aula, preguntándose que pasaría.
La profesora los puso frente a unos muñecos de madera del tamaño de un adulto. Uno por cada uno. Los muñecos tenían varitas en sus manos. El muñeco frente a Fred tenía en la cara una extraña forma, que lo hacía parecer malévolo e intimidante. "es solo un muñeco" pensó el muchacho tratando de tranquilizarse.
La profesora hizo un movimiento con su varita y los muñecos la imitaron.
- Tarantallegra- dijo la profesora, y los muñecos tiraron el hechizo a los alumnos que tenían en frente. Fred rápidamente agitó su varita y dijo "protejo", evitando el hechizo, pero no todos los alumnos fueron tan rápidos. Uno de ellos estaba bailando al igual como lo había hecho Lee unos días atrás.
La profesora deshizo el encantamiento y luego dijo "incendio". Fred, al darse cuenta de que una llamarada de fuego se dirigía hacia él, saltó a un lado y gritó "expeliarmus" haciendo que el muñeco tirara su varita.
La profesora lo miró sonriente y se acercó al chico.
- Muy bien hecho Weasley, muy agudo.- dijo la profesora- Puedes salir del aula. Te has ganado un diez.
Fred le dio las gracias y salió muy contento del aula.
En el patio, bajo la sombra de un árbol se encontraban su hermano, Lee y casi todos sus demás compañeros de primero disfrutando el dulce sabor del ocio.
- Bueno- oyó que decía George- ahora no tendremos que preocuparnos hasta julio, cuando sabremos que tan mal nos fue.
Muchas risas acompañaron a este comentario.
- Claro, ese será el momento de llorar. Ahora solo hay que disfrutar- completó Fred sentándose junto a Lee mientras sus compañeros volvían a reír.
Estuvieron mucho rato sentados, hablando de que tan mal les había ido en los exámenes (aunque Fred no comentó que se acababa de sacar un 10), y de un momento a otro empezó a oscurecer. Angelina y Alicia fueron las primeras en irse y luego las siguieron poco a poco sus demás compañeros hasta que finalmente solo quedaban Lee y los gemelos.
- Creo que ya es muy tarde- dijo Lee mirando su reloj. Eran las nueve.
- Está bien, vamos a la sala común- dijo Fred.
- Pero primero vamos a la cocina a buscar algo para comer, que me muero de hambre- balbuceó George.
Lee y Fred asintieron y los tres amigos se encaminaron al colegio, pero cuando estaban subiendo la escalera para entrar al castillo se escuchó una tímida voz a sus espaladas.
- Espera- dijo la voz y los tres muchachos se voltearon. Era Angelina.
- ¿Qué pasa Angelina?- preguntó Lee.
- Es que quiero hablar con... George- dijo la chica ruborizándose.
George se quedó quieto un buen rato hasta que su hermano le dio un leve empujón para que reaccionara.
- Eh, claro, ¿Qué, qué pasa?- preguntó George claramente muy nervioso.
- Es que... solo quiero hablar contigo- respondió la muchacha dándole una significativa mirada a Fred y Lee.
- Oh, por supuesto- dijo Fred- por nosotros ni te preocupes.- y tomó a Lee de un brazo y se lo llevó a la cocina.
- Ven, no quiero que nadie nos escuche- le dijo Angelina a George y lo tomó de la mano y lo llevó bajo el árbol que acababan de dejar. George estaba muy nervioso y se había ruborizado.
Fred y Lee llegaron a la sala común con los brazos llenos de pasteles y jugo de calabaza, riéndose de la cara de George al separarse de ellos.
Se sentaron en una mesa y empezaron a comer. En ese momento llegó Alicia y tras ella Angelina.
- Eh, Angelina, ¿Qué tal te fue con mi hermano?- quiso saber Fred cuando las chicas pasaron a su lado.
Las chicas lo miraron con extrañeza.
- De qué hablas. Yo no he visto a tu hermano todo el día - respondió Angelina.
- Pero, pero, en el patio, recién, le pediste que fuera a hablar contigo... - continuó Fred.
- Eso es imposible- contestó Alicia- acabamos de llegar del gran salón y no hemos salido.
Fred no entendía nada. ¿Le estarían mintiendo? Pero ¿Por qué? Algo muy extraño estaba pasando. Ya eran casi las diez y George todavía no llegaba a si que decidió ir a buscarlo. Salió de la sala común y bajo las escaleras lo más rápido que pudo, y al llegar a las puertas del castillo sintió que algo lo tomaba por el hombro.
- A dónde crees que vas enano- dijo Mathew Montague cogiéndolo del cuello y golpeándolo fuertemente con la muralla.
Fred sintió como su cerebro rebotaba en su cabeza, entonces cerró los ojos y apretó los dientes pues el dolor era muy fuerte.
- Mírame cuando te hablo- oyó a Montague muy lejos, y al abrir los ojos vio lucecitas por todo el vestíbulo.
- Dónde está... mi... hermano- alcanzó a decir Fred, pero Montague se puso a reír. Le apuntó con la varita en el pecho y le lanzó un hechizo.
Fred cayó al suelo, desmayado.