LIAM Verla desmoronarse frente a mí fue como una sacudida. No era la Saanvi Devi que acostumbraba ver peleando en una sala de juntas, ni la mujer afilada que discutía conmigo con argumentos legales impecables. No. Esta era solo una hermana. Una hija. Una mujer hecha de miedo y culpa. Me sentí incómodo, pero no por ella. Por mí. Porque no supe qué hacer más allá de conducir. Y, por alguna razón que aún no comprendo, quise quedarme cerca. Mientras esperábamos, la vi sacar su tablet del bolso. Su rostro seguía pálido, pero sus dedos se movían con precisión quirúrgica sobre la pantalla. —¿Qué haces? —pregunté, sin tono de reproche. Solo curiosidad genuina. —Trabajar. En los despidos de BengalSoft —respondió sin levantar la vista. —Saanvi... no deberías —dije, y me escuché más suave de lo

