LIAM La casa de Matt y Evi siempre tiene ese aire acogedor que nunca voy a tener en la mía. Huele a comida casera, a madera cálida, a familia. Entrar ahí es como meterme en un mundo paralelo donde el ruido de la ciudad y los problemas familiares dejan de existir. Damian fue el primero en recibirme, corriendo hacia mí con esa sonrisa que lo hace ver como una versión en miniatura de Matt. Se lanzó a mis brazos y yo lo alcé, haciéndolo girar en el aire. El niño estalló en risas, y juraría que esa risa me alegró más que cualquier negocio cerrado en mi vida. Evi salió de la cocina secándose las manos en un paño, con esa naturalidad encantadora que la caracteriza. Tiene esa mezcla de dulzura y temple que siempre me sorprende. Cuando nos conocimos, pensé que sería como muchas de las novias pa

