No quiero al monstruo

2310 Words

LIAM El silencio después de sus palabras me pesa como cemento. La tengo apoyada contra mí, pero mi cabeza no deja de girar. No me duele que me diga lo difícil que fue para ella —eso lo entiendo, lo respeto, lo admiro—. Lo que me mata es lo otro. Lo que insinuó antes. Lo que escuché en su tono cuando me lanzó aquella maldita frase que me envenenó: que pensó que yo podía ser como él. Trago saliva y la garganta me quema. Siento el nudo de las lágrimas queriendo volver, pero esta vez las dejo pasar. No quiero esconderlo. No quiero fingir que soy de piedra cuando por dentro me estoy pudriendo. —¿Sabes qué fue lo peor? —le digo, con la voz ronca, baja, pero clavada como un cuchillo—. Que por un instante… por un maldito instante creíste que yo era como Anil. Ella levanta la cabeza apenas, me

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