Capítulo 5

1309 Words
Katherine. Pestañeo incrédula al despertar. Sigo en la habitación del rey. Y no solo eso, él no se encuentra por ningún lado, mi cuerpo está desnudo debajo de las sabanas. ¿Dormimos juntos? ¿Al fin tuve sexo y lo olvidé? Busco entre mis recuerdos, y lo único que se me viene a la mente es cuando me mordió, nada más. —Has despertado— dice una voz masculina la cual reconozco de inmediato. Giro la cabeza y me lo encuentro parado en el umbral de la puerta, con una toalla envolviendo su torso, le caían gotas de agua del cabello, todo le daba el aspecto sensual. No sé en que momento mi mano viajó hasta mi sexo tocándolo muy por encima. Todo debido a él. Estoy húmeda. Saco mi mano del lugar antes de que lo note. Demasiado tarde. Podía escuchar su risilla, lo supo todo este tiempo y simplemente se quedo callado. La cama se hunde cuando se sienta a mi lado, las gotas mojan la sabana, deseo tocarlo, probarlo... Sus dos manos se esconden debajo de la tela que cubre mi cuerpo, pasean por mis muslos un rato, gimo por culpa de la satisfactoria sensación de ser tocada por su piel helada.  Separa suavemente mis muslos sin dejar de mirarme, lleva una mano a mi intimidad, la palmea y dos dedos acarician mi clítoris sin pudor. Me ahogo abriendo los ojos, busco su otra mano y la aprieto, en tanto sus dos dedos se mueven en mi interior, recorre cada pared, mientras que suelto gemidos exagerados por la habitación. No es mi culpa, no tengo experiencia. Saca los dedos de mi sexo, me los muestra untados de mis propios fluidos y se los mete a la boca para saborearlos. Mi sexo palpita, quiere más, necesita más. Aquel rostro esculpido por los mismos dioses se acercó al mío mezclando nuestras respiraciones. —Por la noche me dejaste con las ganas— recuerda con un brillo en sus ojos. Me besa y le correspondo. Tengo afán por tocarlo con mis propias manos. Nuestras lenguas danzan en nuestras bocas. Mi sexo cosquillea, pide a gritos algo que solo él puede darme ahora. Me subo arriba, sigue con la toalla puesta en su torso cubriendo el falo que creció y aprieta la tela. Mi intimidad y su falo hacen presión, su toalla es lo único que nos impide complacernos. Intensifica el beso cuando aprieta mis caderas, gruñe entre mis labios lo que me provoca ponerme más atrevida. Meneo mi pelvis, ambos soltamos jadeos con la presión de nuestros sexos, el mío palpita, el suyo crece y se hincha a gran velocidad. Sigo meneando sobre él alargando nuestra tortura. Muerdo sus labios y eso provoca que me apriete más. Pone su cabeza en mi pecho, lo recorre dejando pequeños besos húmedos mientras me sigo meneando. Tiro mi cabeza hacia atrás cuando decide morder mi aureola sonrosada, succiona mi sangre y entro en un trance sin sentido. Aumento la velocidad al menearme, me chupa como un bebé mi pezón, quiero quitarle la toalla y terminar con nuestra tortura, pero entonces... La puerta de abrió interrumpiendo nuestro momento  y ¿quién era? Su hermana. —Que patético— se burló aquella con un tono duro. Me corro para cubrir mi cuerpo, ambos se fucilan con la mirada y deduzco que estallarían en una guerra. El rey se levanta confirmando mi teoría, acecha a su hermana y empiezan una discusión. Y pensar que me estaba refregando ante un vampiro. ¿Qué diablos me sucede? Soy su amante por obligación, me priva de mi libertad y heme aquí siendo una sumisa estúpida en segundos. —Vístete, Ria te ha traído ese vestido de la cama— él detiene la discusión, me señala un vestido amarillo y continúa la lucha con su hermana. A pesar de ser vampiros, se les nota lo inmaduros. También unos malditos egoístas que no piensan en la pobre chica desnuda expuesta a ellos. —¡Penélope he dicho que no entres así!— ni con los gritos de su hermano quita los ojos de mi cuerpo. En fin, ya me importaba una mierda su mirada pervertida. Me dispuse a ponerme el vestido ajustando mi corsé lo mejor que pude, de todos modos pediré ayuda a las chicas. Arreglo mi cabello y me les acerco para largarme. —Majestad no puedo decir que es un honor estar aquí— le lanzo una mirada de pocos amigos y prosigo—. ¿Podría irme ahora? —Dime Ethan. ¡Por Dios! Le estoy implorando por irme y usted me dice que lo llame Ethan. ¿Podría esto ser peor? ¿podría? —Su majestad lo llamaré cómo quiera, pero ¿me dejaría ir?— inquiero molesta. —¡Lárgate si es lo que quieres!— dirige su furia a mi. —¡Bien!— me voy asegurándome que no vengan a asesinarme por faltarle el respeto, otra vez. Llego a mi habitación, la abro y me encuentro a todas alistándose con rapidez. —Oye zorra date prisa, nuestro desayuno será en el jardín con la Princesa Penélope— me comunica Clear para acto seguido darme la espalda y continuar maquillándose. No puede ser porque ella estaba en una guerra con su hermano. ¡Par de locos! Esta vez me maquillé muy despreocupada. Un brillo labial, rímel, un poco de polvo y listo. Las demás se esforzaban al máximo por verse perfectas. Es de mañana, no puedo creer que se arreglen tanto. No pude evitar volver a sorprenderme ante lo magnífica que era aquel palacio. De alguna manera conseguía transmitir un aire sofisticado y extravagante al mismo tiempo. Mientras nos encaminamos al jardín me detenía a contemplar cada adorno del lugar, hasta escuchar las voces de mis nuevas amigas. —La Princesa Penélope se siente fuertemente atraída por mujeres y como es hermana del Rey, puede pedirle cualquier compañía que guste, claro si él lo permite— habla bajo Anna. —¿El punto es?— Clear la secundaria y Anna sigue—. El punto es que todas se arreglan incluso para ella. Tenerla a su lado es tener poder, después de todo es una Princesa— finaliza para luego entablar conversación con las demás chicas. Genial, esto significa que debemos ser aprobadas por ella, y ser su objeto s****l. Increíble. Llegamos al precioso jardín y a lo lejos distinguimos un lugar ocupado en el árbol por la princesa y varias chicas desconocidas, junto a hombres que complacían sus caprichos. Tuve un mal presentimiento, algo malo ocurriría por este desayuno junto a la Princesa caprichosa y sus títeres. Nos acercamos con cautela y nos sentamos junto al árbol. El día estaba bonito y sin duda este jardín servía muy bien para desayunar. —¿Alguna quiere darme de su sangre voluntariamente?— pregunta Penelope con una sonrisa inocente. Estaba claro que ninguna diría, claro que sí, soy toda tuya. —Bueno estas acompañada por tus títeres, pideselo a ellos— tapo mi boca, pero fue demasiado tarde. Todas las miradas se posaron en mí y no era para menos. —¡Eres una insolente!— empuja a sus incontables títeres, se me acerca y todo pasa muy rápido. Su mano arremete contra mi mejilla logrando que me caiga al césped. Toqué la zona afectada sintiendo un liquido carmín recorrerme. La maldita me cortó la mejilla. Aunque el dolor era muy fuerte no me faltaron fuerzas para levantarme a enfrentarla, por muy princesa que sea. —Tan genial sólo por ser Princesa, sin embargo no vales nada. Su mirada parecía desfigurarse con mis palabras. En estos momentos no le faltaban ganas de asesinarme. ¡Espero que les haya gustado! ¿Ustedes  ofrecerían su sangre a Penelope? ¿Acaso será el fin de Katherine? No olviden seguirme, votar y comentar para apoyar la historia
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