Capitulo XIII

1055 Words
Cuando la turba enfurecida arribó al punto donde se había practicado el exorcismo, los encontraron a todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué significa todo esto? Mas los recién allegados, burlándose, decían: —Están llenos de mosto. Entonces Beatriz, poniéndose en pie, alzó la voz y les habló diciendo: —Varones borgones, y todos los que habitan en el pueblo, esto les sea notorio, y oigan mis palabras. Porque estos no están ebrios, como ustedes suponen, sino que han sido transformados por los prodigios realizados por quienes ustedes aún acosan. Teresa Ritschel, mujer aprobada por Dios entre nosotros con las maravillas que Dios hizo por medio de ella, como ustedes mismos saben; a esta, prendieron y estuvieron cerca de matar por manos de inicuos. A este Fenicio salvó, del cual todos nosotros somos testigos—Al decir estás palabras, Beatriz ayudó a despertar al chico liberado de la posesión. Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Beatriz y a los otros: —hermanos, ¿qué haremos? Ella les dijo: —Arrepiéntanse y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados. De esta manera se bautizaron unas tres mil personas con intervención de los dos clérigos presentes. Se estimaba que Teresa y Uriel gozarían de libertad para reintegrarse al pueblo sin ninguna clase de deuda judicial a pagar. Beatriz dudó que Uriel corriera con la misma aceptación y acogida que Teresa, dado que la participación de la chica había sido más notoria. Aparte de que la Iglesia, reconocida como persona jurídica, abogaría por ella. Cuando Uriel se despidió de Beatriz, lo hizo con la conciencia limpia, puesto que al redimir, con el apoyo de los cetáceos, a Fenicio, daba por cierto que la deuda desaparecería. No le correspondía responsabilizarse del alma de su dama, dado que ésta fue entregada a otra versión de Fenicio. Ambos prosiguieron navegando por las profundidades del mar, apegados al misticeto. Cuando Teresa no podía sostener más la respiración, mediante toques Uriel se lo informó al cetáceo que, urgentemente ascendió a la superficie. En total permanecieron dos minutos y medio bajo el agua —¡Dios! No se si honrar a Dios o dudar de mi fé—Dijo Teresa muy excitada al advertir que estaba muy cerca de padecer un ataque de apnea. La piel de la ballena era suave, sensible y lisa. Tenía algunas cicatrices, debidas, quizás, a ataques de depredadores, percebes o parásitos. —Y ahora ¿Hacia dónde nos dirigimos?—Preguntó Teresa, tenía un semblante que a Uriel le provocaba lástima, como si sus ojos delataran grandes sufrimientos y espanto. —Por ahora no tengo idea. Es indudable que cualquier punto de la tierra es preferible a ese pueblo con inclinación asesina—Teresa percibió irascible el tono de voz con el que Uriel expresaba estas palabras. Los dos palpaban suavemente la epidermis del cetáceo, se sentía como goma suave. El jóven colocó su oído sobre la espalda del animal, como percibiendo sus palpitaciones. Le preguntó: —¿Como surgiste tan deprisa del mar, si no te había informado nada antes? —Somos -los seres cetáceos- muy evolucionados, más de lo que los científicos materialistas puedan captar. Escuché tu llamado, por ello vine a tí, un lazo espiritual nos une. Aunque debo advertirte que las ballenas emigramos guiándonos por señales ambientales, como los cambios de estaciones, es una suerte que alguna se localizara cerca de aquí. Puedo habitar en el cuerpo específico de esta ballena, pidiéndole permiso. Todo esto es factible debido a que soy un ser espiritualmente muy desarrollado. Tu también podrías llevar a cabo este fenómeno si evolucionaras a niveles exorbitantes. La ballena emitió un espectacular chorro de vapor de agua que alcanzó doce metros de altura. Como Teresa estaba perturbada, aquel gesto la apaciguó, y lo consideró una señal de salvación. —Te advierto una cosa—dijo la ballena— No puedes llamarme para frivolidades. Vendré cuando me necesites, no siempre cuando me llames.¹ —Gracias por salvar nuestras vidas, oh reina de los océanos. Tu, guardiana del mar, que atesoras un vehículo de manifestación material y espiritual inmejorable. Oh tu, ser maestro, condúceme hacia un lugar estable, uno donde yo y mi compañera podamos obtener consuelo ante todas las maldiciones que nos acosan, sino en la realidad, en nuestras mentes y sueños.. Teresa percibió las palabras de su amigo muy pertinentes para el momento. Sus poderes físicos, mentales y emocionales estaban agotados hasta casi su extinción. —Vámonos de aquí Uriel, a un espacio con un aura mágica o paradisíaca, que nos permita abandonarnos al Creador—El proceder de Teresa se asemejaba al de una persona ebria, estaba cerca de desmayarse. —Amada ballena, si te parece, desplázate a una isla misteriosa cerca de aquí, olvidé su nombre pero es famosa por estar rodeada de mamíferos delfínidos—Ordenó Uriel al gran cetáceo. El animal se condujo a susodicha isla, que quedaba a unas pocas millas de la playa, donde se libraron los exorcismos. Al estar muy cerca de la isla y separarse de la ballena, Uriel creyó que su amiga se ahogaría, por lo débil y herida que se encontraba. Al final se desmayó y Uriel nadó llevándola hasta la orilla, así hasta arribar a la sombra de un gran árbol. Uriel descubrió una pequeña planta anual herbácea llamada centella asiática, para cubrir las cicatrices de Teresa. La planta fresca y sus extractos presentan propiedades cicatrizantes, antiulcerosas, antiinflamatorias, antimicrobianas, etc. Adicionalmente empleó la planta para curarse de sus heridas. Llegado el anochecer, Uriel escaló un árbol, que era una mezcla de palmera datilera dorada con una bananera, por lo enorme de sus hojas. Envolvió, de un modo muy ocurrente, el cuerpo de su amiga, en las enormes hojas capaces de soportar su cuerpo entero. Todo con el objetivo de impedir un ataque imprevisto de algún animal propio de la isla y para soportar la temperatura fresca a fría, debido al viento y la humedad. La atmósfera oscura era perfecta para la astronomía, lo más sobresaliente del cielo era la constelación del hemisferio celeste sur, Canis Maior, y Sirio, su estrella más brillante. Uriel deseaba compartir esta experiencia con Teresa, empero no le quedó más remedio que contemplarlo todo solo, ya que su amiga estaba hecha una tumba.
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