El pescador hirió parte de la aleta dorsal del animal. Cuando la sangre empezó a brotar sobre su cuerpo gris, el delfín le dijo telepáticamete a Uriel: — No tenemos otra alternativa, entra en mi cuerpo para que logres salvarte. Éste es el único cuerpo del que te puedes valer para alejarte de aquí— Al atender estas palabras, manifestadas con cierta congoja, Uriel sintió tristeza y apego por su propio cuerpo. Asimismo, lamentaba abandonar al pescador, de alguna forma se había encariñado con el. El pescador prosiguió con sus intentos de quitarle la vida al cetáceo. —¡Lo lamento, en serio!— le dijo Uriel al pescador, entre tanto se dirigía en dirección al cetáceo — ¡Prometo volver, espérame!— fueron las últimas palabras que dirigió Uriel, a su único acompañante, en aquel solitario islote. U

