A pesar de los testigos y testimonios que la volvían inocente, éstos no eran suficientes ante la gravedad del crimen por el que la imputaban. La conspiración para condenarla excedía con creces los intentos para liberarla.
Así concluyó el primer proceso judicial, iniciado por el pueblo Borgón, aliado a los padres de familia de los infantes fallecidos. Teresa se quejó de que la mayoría de los presentes eran enemigos de su causa y pidió que se invitara a más «eclesiásticos» para tener cierto equilibrio, pero su solicitud fue denegada. De nuevo fue confinada en la torre–cárcel del colegio y puesta bajo vigilancia.
En los días de encarcelamiento, violaron su derecho de comunicación con el exterior (familia, abogado, etc). Teresa fue martirizada y compelida a dar un falso testimonio. En lugar de sentir aborrecimiento, simpatizó con el pueblo Borgón que, dejando de lado la inmolación voluntaria que le exigían, era un pueblo enfurecido, con pocas esperanzas de un mañana mejor. Teresa lo mismo sentía por los padres dolientes que pendían su sangre.
En el interior de la torre la forzaron a ingerir 100 gramos de cianuro. Al experimentar los síntomas de la intoxicación, estos le provocaron una tez roja o rubicunda, dado que sus tejidos no podían utilizar el oxígeno de la sangre. Teresa perdió el conocimiento.
Al despertar, sus padres -que la arrastraban al juicio- la encontraron en un estado estuporoso y desorientada.
Durante su encierro sufrió largos periodos de enfermedad. Padeció de depresión severa y neuralgia del trigémino; pese a lo inofensivo de la enfermedad, esta le causaba un dolor facial intenso, que se prolongó hasta el día del tribunal. Durante todo el proceso legal, nadie curó sus heridas, provocadas por los borgones.
En el segundo proceso judicial, Teresa declaró -delante de todos los presentes- que había contemplado e incluso mencionado la posibilidad de matar a los niños un mes antes. Su testimonio tenía qué tener firmeza y coherencia.
—Me llevé a los niños conmigo, porque son demasiado buenos para la vida que seguirían aquí, y un Dios misericordioso me entenderá cuando les dé la salvación... Los niños son maravillosos... Dios me ayudó a tener la fuerza para hacer lo último. Era preferible hacerlo antes que obligarlos a vivir una vida mísera e inhumana en este sitio. Esta antiquísima escuela secundaria guarda peores delitos que el cometido por mi persona, en ese entonces se colgaban personas y ni un millar de criminales igualará la c********a producida en épocas pretéritas. Todo el mundo tiene derecho a vivir. Yo no tengo ese derecho, lo he perdido— Algunas palabras expuestas por Teresa iban contra su conciencia, pero según ella no tenía escapatoria, ya que inclusive había recibido amenazas de muerte—Por esta deshonra, sería completamente imposible para mí seguir viviendo, del pueblo oiría mi gran pecado a diario, la gente me atormentaría, despreciaría y humillaría. Tendría que soportar esta carga y la venganza me destrozaría.
La muchedumbre, los juristas y legisladores establecieron que el crimen era imperdonable.
La acusada se acercó al estrado diciendo:
—Me declaro culpable
Al día siguiente, cuarenta y tres asesores fueron convocados para decidir el destino de Teresa. Al final, todos votaron por unanimidad que Teresa era una genocida totalmente competente, la declararon mentalmente sana y apenas tomaron en cuenta la alusión a Dios al realizar el crimen. Este acontecimiento atrajo la mirada internacional, a la par que se idearía una conspiración que le pondría término a susodicha institución. La mayoría de los presentes clamaban al unísono así:
—¡Quémenla, y que sus sangre sea derramada sobre el pueblo!
De otros se escuchó decir:
—¡Su sangre está contaminada con su malvado árbol genealógico!
El juez finalizó diciendo:
—La acusada se pondrá de pie cuando sea llamada, para oír el veredicto sobre los 3 cargos que se les acusa, y la sentencia si es declarada cumplable en alguno de ellos. Los cargos han sido enumerado del 1 al 3 y son:
*Conspiración para cometer agresión
*El grado de la agresión
*i**********o en el transcurso de la instrucción académica.
Acusada Teresa Ritschel, El tribunal la encuentra culpable de los tres cargos y la sentencia a morir quemada en la hoguera.
Se pensaba, de un modo supersticioso que Teresa se llevaría con ella todas las maldiciones del pueblo y que la autoridad real sería, por este motivo, total y súbitamente regenerada y restaurada.
Uriel presenció todo el procedimiento judicial, los rumores y la sentencia. Estaba muy desconcertado por las observaciones que hizo su amiga. Si llegasen a descubrir su supervivencia, lo más seguro es que su vida correría con la misma suerte que la de su amiga. Empero, la nobleza de Uriel superaba las respuestas automáticas de supervivencia de su cuerpo físico. Deseaba, antes que nada, salvaguardar la vida de su compañera.
Como todo buen devoto, a quien primero recurrió fue a Dios, le imploró fuerzas. Requería fortaleza psicológica, y para ello solicitó asistencia de la ballena madre. Para su sorpresa, el mamífero lo exhortó a asociarse a una fuerza sobrenatural de energía negativa.
—No todo es un juego inalterable entre el bien y el mal. Algunas cuestiones son de naturaleza neutra, todo depende de tu estado de conciencia—Le reveló el cetáceo.
Y es que la ballena, en este incidente particular, le recomendó pedir ayuda a Fenicio.
No se le hizo muy complicado encontrarlo dentro de la misma institución. A lo lejos lo halló hablando solo, con sus ojos penetrantes, como buscando a quién devorar¹.
Era de suponerse que, ante el relevante acontecimiento estuviese deambulando por aquel lugar.
—Fenicio vengo a pedirte ayuda.
—Que grata sorpresa Uriel, no pensé que estarías vivo. Mírate, pareces un misionero—Le dijo al diferenciar su faz, ocultada en la capucha.
—Es sobre Teresa.
—Si ¿Que pasa con ella?
—Quiero que la salves. Necesito asistencia de un ser supernatural, pues he agotado todos los medios que tenía para rescatarla—Fenicio miraba a Uriel con hambre, después de un instante contestó:
—Teresa no es un alma ordinaria, el precio que deberás pagar por su salvación es muy grande.