Capitulo XV

986 Words
Sucedió que ésa noche, tanto Uriel como Teresa desaparecieron. A oídos de los progenitores de Uriel llegaron las nuevas, ellos no vivían con él, sino en una distante ciudad. Uriel era enviado a dicho pueblo para educarse y en tanto lo hacía, tenía su propia residencia. Los padres, asimismo, no se habían enterado de los grandes perjuicios que había vivido su hijo. Eso sí, para los padres de Teresa, lo vivenciado por su hija fue un momento de dolor indescriptible, permaneciendo firmes al pie del gran calvario que Teresa padeció. Sufrieron una conmocion que traspasó su alma. Los allegados de los desaparecidos, bastante alarmados, convocaron a policías y detectives y crearon un gran alboroto en las proximidades. Los jóvenes desaparecidos Influyeron, durante su estancia en el pueblo, a un número considerable de personas, hasta tal punto que unos los odiaban a muerte, y otros los idolatraban. Las teorías mas comentadas sobre las desapariciones eran que se habían ahogado al navegar por el mar, que se habían extraviado; que la ballena, sin más, los había digerido; que la obsesión de Uriel por los cetáceos rayaba el delirio, y por tal razón ahora cohabitaban junto a estos mamíferos. Otros comentaban que el miedo, causado por un pueblo que buscaba asesinarlos, los había llevado al s******o o a fugarse hacia otro territorio, etc. La amada de Uriel se implicó en el asunto. Se había encariñado al chico. Atendía a Clara, madre de Uriel, en todo lo que podía. —Señora, cálmese, todo mejorará—Clara, apenas escuchaba estas palabras mientras se ahogaba de dolor—Sé que Uriel aún está vivo y que aparecerá sano y salvo, lo puedo sentir— Le dijo Beatriz consolándola con un toquecito en el hombro. — ¿A qué te refieres? Conozco a mi hijo, soy su mamá y no percibo nada. —Es cuestión de solamente sintonizarse. Clara, con un rostro que denotaba sufrimiento, totalmente despeinada y con ojeras marcadas por la privación de sueño, le dijo: —Tienes razón, también lo he visto como en visiones—Clara relató sus experiencias con el sueño de Uriel, Beatriz la escuchó con mucha atención. La chica ingresó a la habitación que -Clara le señaló- pertenecía a Uriel. Allí él hacía sus meditaciones, su memoria estaba impregnada en todo el lugar. Beatriz hizo voto de regresar diariamente a la residencia de Uriel, introducirse en su habitación y meditar ahí, pensaba que así podría contactar de manera directa con su alma. La chica, con lágrimas en sus ojos y avistando afuera los tristes árboles desde la ventana, dijo: —Cariño ¿Dónde estás?—Hablaba sola acerca de seguir enamorada de Uriel, como si hubiesen coincidido en una vida juntos. La primera carta escrita a mano a Uriel, tenía siete páginas, pero la mayoría se extraviaron, uno de los fragmentos decía: "Desde el momento en el que te vi, me dije: me voy a casar con ese hombre… Supe desde el primer segundo que tu eras el amor de mi vida. Al presenciar tu rostro, lleno de coraje en el momento que tu compañera era torturada, me dije: anhelo un varón así en mi vida; alguien que vela así por los otros, seguro velará así por mí. Estimé que todos estos quebrantos, causados por lo cerca que estuvo y -quizás- está tu vida de la muerte, debilitarían mi afecto por ti, pero susodichos eventos no han hecho más que fortalecer este vínculo que parece inquebrantable. No estoy tan fascinada de tu heroísmo, como lo estoy de la simpleza de tu corazón. Yo me regocijé de nuestros encuentros cotidianos en el aula hospitalaria, antes que de las grandes apariciones públicas. El modo que tienes de encarar la vida y protegerme es tal, que algún día se lo platicaré a mi mejor amiga Hazel y le diré: ‘Eso es lo que debes buscar’. Por esta razón no vacilé en colocar mi granito de arena luego de tu partida, defendiendo tu nombre. Lo intenté, en serio lo intenté. ¿Te conozco? si, siento que te conozco toda una vida, opino que somos personas de convicciones, opiniones y compasión firmes. Amado de mi corazón, juzgarás que soy una ilusa por escribirte sin haberte conocido lo suficiente en persona pero, hasta en visiones percibo tus cualidades internas, no sabré diferenciar cuáles visiones son fantasía, y cuáles son realidad. Tu, cuyo cuerpo cabalga sobre tu guía y maestro cetáceo, y cuya mente parece -igualmente- unificada a estos benditos mamíferos. ¿Podré yo corresponderte? Porque mi alma seguramente no iguala la tuya, aunque -en ocasiones- siento que somos la misma persona, una misma unidad. Aún sí la gente me reprochara por este amor ciego, tú lo vales. Revélate en mis sueños, declara si aún mantienes tu forma física o si sólo eres un espíritu. Tu alma llena el espacio, eso capté al estar cerca de tu presencia en aquella habitación del colegio. ¡Dios! ¿Cómo alguien así puede existir? Te amo como los devotos auténticos aman el reino de lo invisible o a Dios. Si las monjas santas aman a su Esposo Jesús por sus méritos, entonces ¿me es lícito amarte por tus virtudes? Ahora mi único motor de vida es la esperanza, cada vez que contemple los mares, evocaré que te estoy esperando. Me siento como Dante añorando a su Beatriz, solo qué, en nuestro caso, tú conciencia está más próxima al plano metafísico que la mía. Con amor, Beatriz. Sé que te pertenezco." Al recorrer y hurgar la totalidad de la habitación, se topó con unos dibujos sobre los seres cetáceos. En un dibujo se representaba a Uriel viajando con la ballena por el mar abierto. En otro, la ballena representaba un ser etéreo, invisible, que lo escoltaba a todas partes. La ballena era expuesta como el animal más evolucionado y favorito de Dios sobre la Tierra. Notó también que Uriel le componía poemas a la ballena.
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