Amelia se movía muy lentamente en el angosto pasillo del avión privado Bustamante, tenía una sensación aplastante en su pecho, pero continuaba sin darle permiso a sus lágrimas de salir. La aeronave tenía una distribución de asientos tipo Club seating —uno frente al otro—. En uno de esos cómodos puestos se hallaba Joseph, escuchaba música con sus audífonos puestos, su nuca apoyada del reposacabezas, los ojos cerrados y meneando la cabeza levemente, con su lectura de turno sobre una de sus piernas. Silenciosamente, Amelia se ubicó frente a su hermano soltando un suspiro entrecortado, Joseph ni se percató de su presencia todavía y, antes de que se acomodara bien, ingresó Fabien llevando la caja con sus presentes y su bolsa con identificaciones y objetos personales. —Señorita Amelia, ¿en d

