Todos Tus Pasos.

1310 Words
"Le pedí a la vida que me pasaran cosas bonitas y en ese momento... pasaste tú." anónimo. Bastian Cox El otro día en la mañana, es sábado por lo que no debo ir al bufete, sin embargo me despierto muy temprano con un plan en mente, debo propiciar un encuentro “casual” con Adriana… Estoy dudoso en la ropa que debo ponerme, tengo muchos trajes y llegan a hacerme sentir aburrido, aunque las mujeres que me tiro me dice que me veo interesante, tengo confianza en mí mismo, pero quiero esforzarme un poco por impresionarla, ella ni siquiera sabe quién soy yo… Opto por colocarme una playera entallada gris, jeans y tenis, me peino como de costumbre, necesito un corte de pelo, lo tengo un poco largo, me recorto la barba de forma cuidadosa hasta que quedo satisfecho… Desayuno rápidamente, nunca salgo sin nada en el estomago, me gusta hacer algún deporte a esta hora, pero hoy mis ruinas son diferentes gracias a la peliroja, no me la imagino rubia, el rojo le queda perfecto. Bajo de mi penthouse contento, –Buen día, señor Aquiles. – Saludo al vigilante entregándole un café. –Buen día, joven. – Responde él, me carcajeo un poco, siempre me saluda de esa forma, mi cabello en este momento es más gris que n***o… Tomo mi auto más discreto un BMW n***o, para no llamar mucho la atención y me dirijo a la urbanización donde vive mi adorado tormento, es u verdadero tormento, apenas c erre los ojos anoche y ella estaba conmigo, allí, en la cama compensando todos los besos que faltaron, porque siento que lo hicieron. Me detengo varias casas antes que la de ella, sale como a las siete y media de la mañana, sin ver a ningún lugar en particular, toma una revista del buzón y vuelve a entrar, a su casa, lleva puesto un diminuto pijamas que apenas le cubre el trasero. Me tomo un trago de café, mientras finjo ver mi teléfono, seré tonto, nadie puede verme, por los vidrio polarizados, nunca en mi vida busque un mujer, pero creo que ella vale la pena, me parece increíble que su esposo la haya dejado ir, eso es una ventaja para mí y que está sola. Mientras hago la vigilancia, me entra una llamada de mi abuelo – ¿Hijo como estas, estas ocupado?– Me pregunta –Bien, abuelo y tú ¿Cómo estás?– –He estado mejor, tu sabes estoy aburrido, no respondiste mi pregunta ¿estás ocupado?– –No mucho, ¿Qué necesitas?– Respondo mientras veo como a las nueve de la mañana sale de la casa se sube a su auto y comienza a manejar. Coloco la llamada en altavoz y la sigo, respondiéndole a mi abuelo con monosílabos para no perder mi atención de Adriana. – ¿Te gustaría ir a pescar conmigo mañana?– –Si– –Va a ir una sobrina de un amigo, es un poco joven pero quiero que la conozcas, ¿estás de acuerdo?– –Si– –Muy bien, mañana a primera hora nos vemos en el lugar de encuentro en un rato te envió la dirección. – Responde contento –Si. – Respondo ajeno al lio donde me estoy metiendo cuando Adriana se detiene en una cafetería, cargo un termo del delicioso brebaje caliente en mi auto y me he tomado como cinco tazas vigilándola, una mas no me hará daño…Pienso mientras detengo el auto y me siento “casualmente” al lado de ella. –En cuanto voltea y me ve, me reconoce de inmediato lo sé por la forma en que se desorbitaron sus ojos –Hola. – saludo con una sonrisa –Hola. – Responde nerviosa –Que hermosa casualidad encontrarte en mi café favorito. – Jamás he pisado el lugar. –Soy nueva por acá, pero me encanta el café de este lugar, – Responde con las mejillas rojas – ¿A parte del café que otra cosa te gusta hacer?– Le pregunto mientras se nos acerca un mesonero. –La tarta de manzana, es mi debilidad. – Dice ella –Es mi tarta favorita. – Le digo yo, en realidad, la detesto. –Acá preparan una muy buena. – Responde, respirando agitada se que la pongo nerviosa –Me da un capuchino y una ración de tarta de manzana por favor. – Dice ella –Me da lo mismo. –Le digo acercándome a ella un poco más, el camarero se quedo embelesado viéndola y ella ni cuenta se da de todas las miradas que acapara. –Me encantaría, salir de nuevo contigo. – Le confieso en cuanto se va el camarero –Hay Dios mío. – Responde pestañeando de forma nerviosa – ¿Te gustaría a ti?– Le presiono. –No lo sé, no creo estar lista para una relación. – Me dice de forma atropellada. –Nena, no quiero que te sientas presionada, no necesariamente, tenemos que tener una relación, pero me dejaste mal soñando contigo. – Le digo tomando sus manos entre las mías, tiembla ligeramente. –Yo también he soñado contigo. – Confiesa con las mejillas rojas, mientras se muerde el labio inferior –Me encantas, eres la mujer más preciosa que he visto en mi vida. – Le coqueteo, sacando el repertorio de piropos que tengo en mi cabeza. –Mentiroso. – Responde riendo, con una risa genuina que me tendrá pensando, que a la luz del día y si tanto maquillaje es más preciosa aun. Traen el pedido, y tengo que hacer tremendo sacrificio –Esta delicioso. – Suspira ella, mientras yo siento que como tierra. Me como, cómo dos cucharadas de la tarta y ella se devora la de ella– Esta exquisita. – Dice sin vergüenza. – ¿Te gusta tanto así?– Pregunto asombrado, de que como con tanta frescura delante de mí, las mujeres con las que me relaciono apenas tocan la comida en mi presencia. –Es mi placer culposo. – –Te comparto de la mía. – Le ofrezco la que apenas toque. –No que vergüenza, como me voy a comer tu comida. – Me dice con vergüenza. –Me has comido a mí, que te comas esto no quiere decir nada. – Susurro y ella ve en todas direcciones para ver si alguien escucho lo que dije. –Es tu tarta favorita, no podría. – Me dice. –No me la voy a comer, ya desayune, la pedí solo para estar a tu lado un rato. – Le explico –O por Dios ¿tan interesante te parezco?– Me pregunta viéndome a los ojos. –O por Dios ¿acaso te has visto? ¿Acaso te has probado?– Murmuro y ella queda sin palabras un instante –Adriana, cuando quieras, repetir lo de la otra noche, dejare todo tirado por estar contigo. – Le digo entregándole mi tarjeta con mi número. – Ella asiente y yo me acerco y le robo un beso en forma de despedida, el sabor de las manzanas en su boca no sabe mal, nada mal, responde a mi beso con los ojos cerrados y debo obligar a mi cuerpo a separarme –Nos vemos pronto. – Le digo y salgo de allí intentando parecer interesante. La dejo, respirando agitada y temblorosa, ahora solo queda esperar con paciencia que ella se decida hacer el próximo movimiento. Ojala no tarde demasiado, yo no tengo mucha paciencia, si no se apresura no dudo un día escale hasta su ventana y me meta a su habitación como un ladrón para buscar el majar de su cuerpo. Apenas entro al auto veo el teléfono, que mañana me reúno con mi abuelo más temprano en un lugar diferente al habitual, y quiere pescar, yo detesto pescar, pero al parece accedí.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD