La tensión entre Eduardo y yo sigue creciendo, pero hoy, mientras estamos en su oficina, siento que es diferente. La carga emocional del día anterior parece haberse disipado, al menos en el aire que nos rodea. Eduardo me mira con una intensidad que me pone los nervios de punta, pero también con una calma que me hace pensar que estamos listos para dar el siguiente paso. — Vamos a comenzar a trabajar. — dice con una sonrisa en los labios, pero la manera en que me observa, como si estuviera evaluando cada uno de mis movimientos, hace que mis manos tiemblen ligeramente. Yo asiento, tratando de mantener la compostura mientras su mirada sigue fija en mí. Mi mente sigue siendo un torbellino de pensamientos y deseos prohibidos, pero tengo que concentrarme en la tarea. Esta es la oportunidad para

