Mis piernas tiemblan mientras me doy la vuelta y, sin decir una palabra más, salgo disparada de la oficina. La puerta se cierra tras de mí con un suave clic, pero el sonido retumba en mi cabeza, amplificado por el caos interno que siento. Camino rápidamente por el pasillo, sin mirar atrás, sin detenerme. Solo quiero salir, alejarme de ese lugar, de él, de todo lo que acaba de suceder. Mi mente está en un torbellino, y las imágenes del beso, de la tensión, de la esposa de Eduardo... todo se mezcla, distorsionado, como si no fuera real.
Salgo del edificio sin prestar atención a nada, solo a mis pasos apresurados. Mi respiración es agitada, y mi corazón parece golpear mi pecho con fuerza. Al llegar al auto, me siento como si estuviera a punto de colapsar. Me siento pequeña, perdida, como si todo lo que había sido racional hasta ese momento hubiera desaparecido en un instante. Me subo al coche y conduzco sin rumbo fijo, con los pensamientos girando en mi cabeza.
Al llegar a mi casa, entro sin encender las luces. El silencio me abraza, y me siento vacía, como si todo lo que había pasado no fuera real. Me derrumbo en el sofá, abrazándome a las almohadas, sin poder dejar de pensar en lo sucedido. ¿Me estoy volviendo loca? ¿Realmente él siente lo mismo que yo? ¿O todo esto es solo un juego peligroso que no sé cómo detener?
Horas pasan, y todo se convierte en un nublado de pensamientos contradictorios. Mi mente se repite una y otra vez la misma pregunta: ¿Debería haberme quedado? ¿Debería haberlo empujado lejos? Pero la verdad es que lo quiero, y ese deseo es más grande que cualquier miedo que pueda sentir.
Y entonces, como si una corriente invisible me empujara, saco mi teléfono. Mis dedos vacilan sobre el teclado, pero finalmente escribo un mensaje.
¿Eduardo? ¿Arreglaste las cosas con tu esposa?
Lo envío antes de pensarlo demasiado. Un segundo, dos segundos… Mi corazón late fuerte en mi pecho mientras espero. No sé por qué lo hago. Tal vez quiero saber que no fue todo una mentira, tal vez busco respuestas, una excusa que justifique todo lo que está pasando.
Minutos después, el teléfono vibra, y una notificación aparece en la pantalla. El mensaje de Eduardo.
Sí, lo arreglé todo. Le dije que estábamos actuando para una película, que era parte de una escena... que ella estaba al tanto y todo eso. Ella me lo creyó. Estaba tan enfadada que ni siquiera cuestionó nada más.
Mis ojos recorren las palabras, y mi corazón se detiene por un momento. La mentira, la actuación… Eduardo ha conseguido lo que quería. Lo ha arreglado, como si todo esto fuera parte de un guion. Como si nuestra conexión, nuestra atracción, no significara nada más que una historia que necesita terminar.
Pero, ¿qué pasa conmigo? ¿Qué pasa con lo que siento?
Siento una mezcla de alivio y desesperación. Si ella lo cree, entonces quizás no todo está perdido. Pero también me doy cuenta de algo importante: la mentira es tan perfecta como la atracción que existe entre nosotros. Nos hemos enredado en algo mucho más grande, y no sé si seremos capaces de salir de él sin dejar huellas.
Respiro hondo, dejando que la calma me envuelva por un momento. Pero, en lo profundo de mi pecho, sé que esto aún no ha terminado.
La vibración de mi teléfono me saca de mis pensamientos. Un mensaje más de Eduardo aparece en la pantalla, y aunque trato de ignorarlo, algo dentro de mí me obliga a abrirlo.
Pero esto no ha terminado. Tú y yo sabemos que lo que sentimos no es una mentira. No importa lo que pase afuera, lo que hay entre nosotros es real.
Mis manos tiemblan al leerlo. La sensación de tener el control de la situación se me escapa, como agua entre los dedos. Me siento atrapada entre la realidad y la mentira, entre lo que debería ser y lo que quiero que sea. ¿Cómo puede decirme eso después de todo? ¿Después de que nos vimos obligados a ocultar lo que realmente ocurre entre nosotros?
La imagen de su mirada intensa, su respiración acelerada, su deseo… Todo vuelve a mi mente, sin pedir permiso, como una película que no puedo apagar. ¿Y si él tiene razón? ¿Y si no es solo un juego? ¿Y si esto va más allá de lo que yo misma quiero admitir?
Me levanto del sofá, sintiendo la urgencia de algo, como si mi cuerpo necesitara moverse para liberar la tensión acumulada. Me dirijo hacia la ventana, observando la ciudad que sigue su curso abajo, sin saber lo que ha pasado aquí, sin saber la guerra interna que llevo dentro.
Eduardo… escribo de nuevo, mi dedo temblando ligeramente sobre el teclado.
Yo también sé que esto no es solo una mentira. Pero, ¿qué significa para ti? ¿Qué va a pasar ahora? ¿Cómo seguimos después de lo que hicimos?
Aprieto los ojos, esperando que, de alguna manera, el mensaje se desvanezca, que todo se calme y la confusión se disipe. Pero, en cambio, el teléfono vibra de nuevo casi al instante.
No lo sé. Pero quiero que lo descubramos. Quiero que tú y yo decidamos qué hacer con esto. Porque no puedo dejarlo ir. Y sé que tú tampoco puedes.
Las palabras se imprimen en mi mente como una sentencia. Mi corazón late más rápido, y siento una mezcla de miedo y excitación recorriéndome. ¿Esto es lo que realmente quiero? ¿Un futuro incierto, lleno de decisiones complicadas y riesgos enormes?
La pantalla de mi teléfono se vuelve borrosa mientras cierro los ojos por un segundo. Hay una parte de mí que sabe que lo que está en juego es mucho más grande de lo que puedo comprender ahora. Pero, por otra parte, no quiero dejarlo ir. No quiero que todo esto se acabe sin antes explorar hasta dónde podría llegar.
En ese momento, me doy cuenta de algo. Ya no puedo dar un paso atrás. Todo ha cambiado. La chispa entre nosotros, esa atracción que tanto intenté evitar, ya no es algo que pueda borrar. Y, aunque no lo diga en voz alta, dentro de mí se sabe: esto está lejos de ser solo un error.
Lo que sea que pase ahora, ya estamos demasiado lejos para detenerlo.
El teléfono vibra una vez más, y su mensaje ilumina la pantalla con una promesa silenciosa, como si nos hubiera unido de una manera irreversible.
Te quiero,. Más de lo que imaginas.
Mi respiración se detiene por un momento. La distancia que nos separa ya no parece importar, ni las mentiras ni el miedo. Solo estamos los dos. Y en este preciso instante, el mundo entero parece desvanecerse.
El teléfono vibra una vez más, y esta vez no es de Eduardo. Al abrir el mensaje, me doy cuenta de que es de mi grupo de amigas. Me han enviado varios mensajes y fotos, y en la burbuja de chat, el texto de todas aparece de forma rápida y desesperada.
¿Qué está pasando? pregunta Valeria, la más curiosa del grupo. No puedo creer lo que acabas de decir, ¿¡de verdad te enamoraste de Eduardo Peldaños!?
Dime que es una broma, responde Laura, con varios emojis de sorpresa y duda. Eso no suena nada bien. ¿Y su esposa?
Sus palabras son como un cubo de agua fría en mi pecho. Ya lo sabía, pero el hecho de leerlo de sus bocas lo hace mucho más real. Cada mensaje que aparece en la pantalla me hace sentir una punzada de culpa, pero también una oleada de emoción por haberlo dicho en voz alta, por haberlo confirmado a alguien más. Ellas ya lo saben, ya no hay vuelta atrás.
A lo lejos, el sonido de mis propios pensamientos se difumina cuando mi amiga Carmen envía un mensaje más largo que los demás.
Yo te lo dije... no puedes seguir adelante con esto. Su esposa es una loca de seguro ... Eduardo Peldaños, y si te metes con él, las consecuencias podrían ser catastróficas para ti, para él, para todos. Además, no puedo creer que lo estés diciendo tan a la ligera. Su vida está en juego.
Una sensación de incomodidad me atraviesa. Parte de mí sabe que están preocupadas por mí, pero otra parte de mí siente que me están alejando de lo que realmente quiero.
Sé que todo esto suena un desastre, escribo, con los dedos temblando mientras intento encontrar las palabras correctas. Pero no puedo negar lo que siento. Ya no puedo ignorarlo. Estoy atrapada en lo que hemos creado, y no sé si debo retroceder o… seguir.
Minutos pasan, y las respuestas siguen llegando, pero son mucho más frías ahora. Nadie está feliz con lo que está sucediendo. Nadie lo entiende. Y en algún lugar, en lo más profundo de mi mente, siento la presión creciente de la situación.
Pero… amiga responde de nuevo. Si te atreves a seguir, Sofía, tenemos que hacer que todo esto se solucione. Y eso no va a ser fácil. Si quieres que Eduardo se divorcie de su esposa, tal vez podamos encontrar una forma de hacer que las cosas se resuelvan. Si ella tiene un amante… tal vez todo sea más sencillo.
Mis ojos se abren como platos, y una nueva idea comienza a tomar forma en mi mente. De repente, el miedo se disuelve y lo reemplaza una sensación de determinación. Si realmente quiero estar con Eduardo, si de alguna manera quiero que esto funcione, tal vez este sea el único camino.
¿Qué quieres decir con eso, Carmen? pregunto, casi sin darme cuenta de que estoy participando en un plan que nunca imaginé que haría.
Investigaremos a su esposa. Veremos si tiene a alguien más. Si logramos demostrar que ella está con otro hombre, quizás Eduardo pueda conseguir el divorcio sin que la situación sea tan caótica. Así él no tendrá que esconderse de su propia esposa, y tú no serás la causa de su ruptura.
La idea de hacer algo tan radical, tan peligroso, me asusta, pero al mismo tiempo, el deseo de estar con Eduardo, de tenerlo para mí, se apodera de mis pensamientos. Mi respiración se acelera mientras leo el mensaje de nuevo, y mi mente empieza a procesar la información.
Está bien, respondo finalmente, mi voz virtual más firme de lo que me siento. Vamos a hacerlo. Si eso puede hacer que todo esto se resuelva, si eso me da una oportunidad con él… lo haré.
Mis amigas reaccionan al instante, el chat se llena de emoticonos, preguntas y sugerencias. Nadie parece estar completamente seguro de lo que estamos a punto de hacer, pero algo dentro de mí sabe que este es un punto sin retorno. Ya no hay vuelta atrás. Si vamos a hacer esto, lo haremos juntas.
Me siento una mezcla de nervios, excitación y miedo, pero algo en mí sabe que esto puede ser el principio de algo mucho más grande de lo que imaginé.