Durante el periodo en el que estuve terminando mi carrera universitaria, empecé de nuevo a escribir, fue tal mi dedicación que pude finalizar la historia de esa querida luciérnaga que al fin pudo encontrar su luz interior, logrando de esa manera que en el exterior también se reflejara.
Dicho suceso ocurrió justo el día de mi graduación, en la cual estuvo presente mi novio Paolo, como siempre apoyándome en cada paso que daba. También hicieron acto de presencia mis padres, mismos que aparte de presenciar mí logro, para ellos era una reafirmación que no había perdido mi tiempo, ya que según sus comentarios con este oficio tendría un trabajo real y no viviría de fantasías e ilusiones como ellos aluden que se trata la escritura.
Por mi esmerado esfuerzo en mis estudios pude conseguir empleo en una prestigiosa escuela para niñas
Allí impartiría materias como historia y literatura. Preciso en ese momento crucial de mi vida, Paolo me propuso matrimonio, propuesta que acepte encantada.
Aunque no soy una fiel creyente debido a que no sigo ninguna religión tuve una boda católica, ya que Paolo sigue esa religión.
Siempre he sabido que hay un Dios, pero del resto como espíritus y esos temas sobrenaturales nunca los he creído, me parecen que son leyendas, ideas utópicas o eso era lo que pensaba para ese tiempo.
Todo paso muy rápido después de nuestra boda, ya que teniendo los veinte años me convertí en madre, lo hice de una niña preciosa, fruto del amor que nos teníamos Paolo y yo.
A nuestra pequeña decidimos llamarla Isadora Garza, pero de cariño desde que nació le empezamos a decir Isa. Ella es tal cual como su padre, de piel blanca, cabello castaño claro y ojos negros como la noche. Diría que para ser mi hija no saco nada de mí, era lo que me decía, pero a veces las apariencias engañan.
Al tener una agenda un poco complicada por el trabajo y ser madre mis padres me ayudaban, solían quedarse con Isa hasta que Paolo y yo finalizábamos con nuestras labores diarias.
En medio de eso me daba cuenta que mi vocación no era la de enseñar, lo sabía porque me producía cierta pereza cuando preparaba e impartía las clases que daba. Sin embargo cuando empecé a escribir de nuevo todo ese desgano se desaparecía.
Para esta nueva oportunidad empezaba con otra historia, una que no era del todo ficción dado que era el reflejo de mí totalmente y a la cual le di por nombre, los desazones de una maestra sin vocación.
Como era muy evidente lo que hacía debido a que en los periodos libres estando en la escuela escribía, una compañera de trabajo lo noto, esa persona era Hilary Brown, una joven inglesa que había llegado a este país como maestra de intercambio, la cual se volvió mi amiga y confidente ademas de mi esposo.
Ella al igual que el leía mis historias, según su apreciación solía calificarlas mencionando que eran excelentes, por ello un día llego con una noticia, anuncio que se trataría de la mejor sorpresa que he tenido en mi vida.
—Tracy, tengo una muy buena noticia para ti—hablaba Hilary con su marcado acento inglés.
Teniendo también dominio del inglés solíamos hablar en su idioma para que se sintiera más cómoda dado que sabía que el italiano todavía se le complicaba.
—¿De qué se trata Hilary?—referí para dejar de escribir y prestar la debida atención.
—La historia de la luciérnaga que me diste para leer me tome el atrevimiento de enviar algunos capítulos a una editorial que se encuentra posicionada aquí en Roma.
—¿Cómo?¿qué sucedió?¿qué te dijeron?—inquirí emocionada ya que era algo que hasta los momentos no había hecho y el saber que ella se había atrevido a hacerlo me parecía una excelente idea.
—Les gusto, tal como a tu esposo y a mí, quieren hablar contigo personalmente, hasta me hablaron de un posible contrato si llegara a parecerte la propuesta que ofrecen.
—¿De veras Hilary? ¿Hablas en serio?
—Por supuesto, no bromearía con eso.
Posterior a ese anuncio que me había traído una increíble felicidad, ella procedió a mostrarme el correo que había enviado dicha editorial, reflejando en este que lo que había dicho era completamente cierto, solicitaban mi presencia para una posible contratación.
En ese momento en el que estaba eufórica por esa noticia decidí llamar a Paolo para indicarle lo sucedido. De acuerdo a su respuesta refería que estaba muy orgulloso de mí, enfatizándome que era mi momento y que no dejara pasar esta oportunidad que se me presentaba.
Debido a este trámite que debía realizar a los pocos días, pedí un permiso en la escuela donde trabajaba para poder asistir a esa editorial que me solicitaban. Era lo que siempre espere que me sucediera y por eso lo tomaría sin pensarlo.
La casa editorial que se interesó en mi historia de fantasía se trataba de la casa editorial Mondadori, de acuerdo a lo que había indagado era una de las más resaltantes e importantes en Italia.
Apenas me incorporaba en las instalaciones en compañía de mi amiga Hilary que había accedido en brindarme apoyo, continuaba sin creer que esto estuviese sucediendo, por ello respire profundo y me alenté a que era cierto, que si esta oportunidad ocurría era porque había pasado lo que hace mucho me había dicho mi esposo. Ellos vieron lo que otros años atrás no hicieron.
Tal como lo decía el correo que Hilary me mostró así fue, en esa reunión que había concertado con ellos me explicaron sus normativas, los beneficios y todo sobre su forma de trabajar con cada autor.
Ante cada argumento que explicaban decidí arriesgarme a todo pronóstico, firmando el contrato que me señalaban como parte de mi acceso a esa nueva oportunidad que se abría para mí.
Mi razón primordial para tomar esta determinación era el hecho de que confiaba que mi talento si existía y ahora más que nunca lo dejaría ver en mis historias, esas que siempre tienen un brillo, una luz positiva que me gustaría que cada lector perciba al momento de leer.
De acuerdo a lo que señalaban, me enfatizaban que debía ser constante en esto, ya que si decidía meterme de lleno a ser escritora sin serlo como tal debía tener siempre historias creadas, también educarme en temas de escritura para de esa forma mejorarme cada día.
Acepte todo lo que me dijeron y desde ese momento supe que mi deseo, ese que había pedido en la fuente si se había hecho realidad. Mi inspiración había vuelto y esta casa editorial había abierto las puertas a una chica novata como yo para empezar a ser lo que siempre fui, una escritora en todo el sentido de la palabra.
Como había empezado a dedicarme de lleno en esta oportunidad que había surgido inesperadamente, me daba cuenta que también los problemas en mi vida se hacían presentes, conllevado por todos los pendientes que tenía que hacer también debía pasar algunas horas al computador redactando diversos escritos debido a que la historia los desazones de una maestra sin vocación la estaba finiquitando.
Aunado a ello me encontraba aprendiendo técnicas de escritura mediante talleres online, por esto no me quedaba tiempo para mi vida social, trayendo como consecuencia que de a poco me fuese alejando de mi rol de esposa, dándome cuenta que mi vida de pareja se estaba viendo como una montaña rusa, una que al subir se sentía como si estuviésemos cayendo.
De tal forma era mi pensar ya que me percataba de que nos estábamos alejando, el con su trabajo y yo con el mío, que en conjunto con todo lo que hacía me absorbía gran parte del tiempo.
A medida que esto trascendía percibía su distancia de mí, en cada beso y caricia que ya no sentía por parte de él, hecho que me hacía sentir terrible, ya que a pesar de que me agradaba el género de fantasía y con ello solía plasmar historias, mi amor por él lo afianzaba con los pies en la tierra
Al cumplir mi pequeña Isa los cinco años se empezó a desatar todas las consecuencias de esos problemas que ya estaban arraigados años anteriores, convirtiendo mí pacifica vida en una pesadilla que venía dejando huellas.
Empecé a tener conocimiento de este lamentable suceso pasando por lo peor que puede tener un escritor, esto se trataba de un serio bloqueo, uno que tenía desde que termine mi segunda historia, la cual no fue tan exitosa como aquella luciérnaga que no podía brillar, pero aun así con sus ganancias me ayudaba a solventar las cuentas y los gastos, dado que había tomado el riesgo de dejar a un lado mi labor como maestra, dedicándome tiempo completo a ser escritora, madre y esposa.
Pese a este último rol que no estaba desempeñando correctamente ocurrió ese trágico hecho que me afecto, de tal magnitud que mi corazón estuvo afectado por lo duro que se trataba lo ocurrido, lo cual era la petición de divorcio por parte de mi esposo Paolo, el cual ya no quería estar más a mi lado, decía que ya no era la misma, que solo vivía para escribir y que él e Isa estaban de más en mi vida.
Esa noche en la que lo vi marcharse la recordare siempre, para mí fue la peor de todas y también mi último día a su lado.
Luego de que ambos hubiéramos tenido una fuerte discusión en la sala de estar nos dirigimos a lo que había sido nuestra habitación, esa en la que compartimos tanto tiempo y que ahora solo quedaría llena de recuerdos que me atormentarían cuando el no estuviera.
Mientras empacaba su ropa yo trataba de conciliar, de evitar que se fuera de mi vida.
—Tracy no me detengas porque me voy y es definitivo, solo dame el divorcio o de lo contrario dejare a mis abogados para que se encarguen.
—Por favor Paolo, no te vayas, resolvámoslo.
—¡j***r Tracy, como insistes con eso!¡ ya no más! ¿Qué me dirás ahora? Date cuenta solo vives para escribir, ya ni siquiera salíamos como pareja, contempla a nuestra hija tiene cinco años y no pasas tiempo con ella, solo escribes todo el día.
—Ya no lo hago Paolo y lo sabes, estoy trabada, tengo un bloqueo que no me deja seguir y ahora con esto, sé que se me complicara más, no te vayas por favor—le tomaba de las manos, pero él me rechazaba.
—Solo firma el divorcio, también te informo que pienso llevarme a Isa a Madrid cuando organice mi vida.
—Porque irte Paolo, tu trabajo está aquí y ella también es mi hija, no puedes quitármela.
—Ahora trabajare allá como jamas debí dejar de hacer y si me la quiero llevar es porque le daré una mejor vida de la que le hemos dado hasta los momentos. Ahora que lo pienso tus padres tenían razón, todo la fantasía que escribes te afecto y tanto lo hizo que no ves tú realidad, por eso me voy, tengo veintiocho años y no pienso esperar más tiempo para que me notes cuando te espero para salir o para estar contigo como pareja. Siempre te he apoyado en todo, como esposo, como amigo y lo sabes Tracy, pero esto me hace ser un pringado y no lo soy, por esos motivos me voy.
Sus palabras me dolieron en el alma, pero me hacían darme cuenta que no podía detenerlo, por ello deje de hacerlo.
—De acuerdo Paolo, lo haré, firmare el divorcio aunque todavía te amé, pero no te llevaras a Isa, ella también es mi hija y yo me quedare con ella, soy una buena madre y lo sabes, no puedes llevártela así no más.
—Está bien Tracy, hagamos esto, dejare que te quedes con Isa, pero cada que pueda vendré a verla y si noto o ella me dice que su vida contigo no es para nada guay, te aseguro que te la quitare sin misericordia alguna.
Sus palabras cada vez eran más dolorosas, a tal punto que me contenía para no dejar salir mi llanto, uno que necesita desatar para librarme un poco de todo ese dolor que sentía.
Posterior a esa manera en la que se retiraba, se despidió de nuestra hija, quien ya estaba dormida en su cama, a través de un beso que plantaba en la frente demostraba su despedida hacia ella, seguido de eso se dirigió con su equipaje hasta la salida. Antes de atravesar la puerta giro su mirada hacia mí, clavándome una estocada que nunca espere de él.
—Todo esto ocurrió por tu culpa Tracy, lo tenías todo, hasta mi amor incondicional que tú misma mataste, pero solo lo dejaste aun lado como si no fuese importante, todo por esa maldita obsesión de escribir historias. Eso no te dará la felicidad y a la larga lo veras.
Con esas horripilantes palabras que dejaba en mí procedió a abrir la puerta para salir, seguido de ello subió las maletas al auto, partiendo de esa desafortunada manera de mi vida…