6: Deseos

5000 Words
BRIANDA CARPENTER Sentir curiosidad, eso era común en mí, pero solía morder la punta de mi lengua para no sonar tonta. Era la chica rubia que algunas chicas tacharon de tonta. Tendía de un hilo, cuando pensaba en las "familias" nunca lo habría entendido, nunca entendía el hecho de que las personas que tenían la posibilidad de recibir amor, no se quedaban ahí para recibirlo. Nunca entendí porque las personas que tenían la posibilidad de tener una familia feliz eran aquellos que se cerraban a no tenerla. Más, nunca habría juzgado, supongo que cada una de las personas tenían las razones correctas para tomar sus decisiones, libre albedrío, más no podía dejar de pensar en ello, cómo desaprovechar una oportunidad irrepetible. Me senté en aquella silla, viendo aquel mantel blanco, podría sentir que este lugar era precioso, cómo una especie de castillo que parecía relucir entre todo los demás. Tenía un toque moderno, pero también un toque vintage. —Te quedaste callada desde que mi madre te invito, ¿Por qué? —, me dijo entregándome un plato, lo tomé y miré este. Nuevamente miré los ojos de Leonard, quien parecía examinar los míos—. Esta rico, a pesar de que se ve raro. —Exageras—, Le quite importancia. En realidad... Sí, se veía un poco raro, pero más que ello, interesante, era algo así como algo elegante y minimalista, lucía bastante elegante y precioso, hasta pena me daba comerlo, parecía cómo algo que mantenias en colección, no para comer.. Aunque, eso seguramente se vería bastante raro, ¿No es así? ¡Claro que sí! ¡Sería tan extraño! —Tu rostro dice otra cosa—, Mencionó con burla, mirando el lugar—, Sí lo comerás, ¿No? —Sí, no te preocupes—dije sonriendo, para verle a él, jalo la silla a un costado de mí, para sentarse—, ¿Por qué no quieres aceptar? Se ve que tu familia te quiere muchísimo... —Lo hace—, Dijo. Asentí, miré hacía donde se encontraba su padre—, Aunque tú duda, parece tener nombre y apellido, ¿No? —No quiero ser entrometida—, Dije picando la comida ligeramente—, Lo siento. —No. ¿Qué fue lo que pensaste? ¿Qué fue lo que te dijo?—, Preguntó mirando hacía mí—, Vamos, habla Rubia hablas demasiado, ¿Te comió la lengua el gato? —No lo sé, siento que no tienes una buena relación con tu padre, pero… No lo sé—, dije para enderezarme apartando la mirada, no quería ser metida—, Así que parece que es un evento un poco formal y yo parezco que iré a un concierto de… De música country, o quizá música alternativa, no podría reconocerlo con claridad, pero tenía mis dudas en la cabeza con constancia. —Te miras bien, no exageres—, dijo con tono tranquilo. Para comenzar a comer. Podía mirarle por un par de segundos extras, habría algo en él que parecía ser un nerd sacado de una novela romántica, se miraba bien—. No, no me llevo bien con mi padre, mis padres se divorciaron cuando éramos unos niños. Pero no es por eso, ambos siempre estuvieron para nosotros… Aunque, no se si a eso te refieras. —Entiendo, sí, un proceso difícil, ¿No? —pregunte, para mirar en su dirección, después le miré hacía él tenía sus ojos un poco confundidos. Tenía la corazonada de que había algo detrás—, ¿Y con tu madre? —No, ella es un sol, ya lo viste tú—, dijo, para después mirar hacia él frente, uno de sus pequeños rulos caía en su frente, sus ojos miraban directamente a su familia—, No quiero ir solo a un viaje. ¿Sabes? Son cuatro mujeres, que me hacen preguntas todo el tiempo de cuando tendré novia… —Y ahora ya la tienes, ¿No es así? —pregunté con diversión, miré la comida, para después mirarle a él—, Esto está interesante, ¿Por qué no vas? Ya no tienen con que molestarte. Es decir, ahora tienes una hermosa novia llamada Saray que trabajará en algo interesante en lo que tu no estás ¿Qué puede salir mal? —Rubia, come—, me recuerda señalando la comida de mi plato—, ¿Por qué te interesa tanto en que vaya? Mirando con una ligera mueca aquella comida. ¿A que se debe el hecho de que una persona —No lo sé, yo no tuve una familia de niña con quien pasarla. Pero…—, piqué la comida con el tenedor para introducirla en mi boca, frenando mis palabras, ¿Por qué le contaba todo esto? —, No lo sé. A veces el tiempo pasa demasiado rápido, no deberías de desaprovecharle. —Sí, muy buenas personas—, dijo, introdujo un poco de comida en su boca—. Y muy parlanchinas. Las veo casi seguido, y convivo con ellas en sus cumpleaños, así que no desaprovechó de nada. —Sí, lo siento—, Miré hacía Leonard—, Pues yo creo que deberías de ir, ¿Qué pierdes? Un par de días en tu trabajo, pero… —En realidad, estoy de vacaciones—, dijo, alcé ambas cejas—, ¿Qué? —No lo sé, creo que estás desperdiciando una grandiosa oportunidad—, me encogí de hombros—, Pero, yo no sé. Sólo soy tu falsa novia. ¿Qué podría saber? —Ya, iré, pero quiero que vayas conmigo—, dijo a lo que alcé ambas cejas. Cuando lo dijo estaba tan seguro—, No iré solo. —¿Cómo iría contigo?—, Le dije incredula—, Tu familia es demasiado lista Leonard, ¿No crees que después de unos días noten que estamos mintiendo? —Ya… Mira, te tengo una propuesta Rubia—, dijo levantándose, sus ojos me miraban directamente a los míos—. Se a donde iremos, y estará lejos de él, si tu finges ser mi novia causarías una paz tremenda en mi vida, y yo… Te alejaré de Aron. —Y con ello estás diciendo que debo de ir a las vacaciones contigo, ¿No? —, pregunté a lo que él asintió—, Con una condición. —Dime. —Ya no le pondrás excusas a tu familia, aprovechale al máximo... No todos tenemos la dicha de una familia funcional, que de verdad nos ama. —Bien, así será—, dijo a lo que asentí. Dejo el plato y me estiró la mano en mi dirección, alzó un poco la mano a lo que le miré—, Seremos socios. —Eres un tarado—, le dije divertida, para tomar su mano—, Esta bien, socio. —¡Saray! ¡Saray! —, sentí un codazo, para mirar hacía la madre de Leonard—, ¿Lo lograste convencer? —Sí, decidió que los acompañaría—, le dije con una sonrisa—, Que iría con ustedes. —¿Iras mi vida?—, Acuno su rostro con tranquilidad pero felicidad a la vez—, ¡Eso es fantástico cariño! —Sí, madre—, Dijo con tranquilidad. Sus ojos me miraron por lo que fueron un par de segundos—, Iré. —Eso es lo que más quería escuchar, que irías—, dijo sonriendo con ambas manos en su rostro—. Estoy tan feliz, ¡Niñas! ¡Leo irá! ¡Saray lo convenció! La mirada de su hermana cayó en nosotros, quien sonrió de oreja a oreja pareciendo encantada con dicha noticia. Sus hermanas vitorearon sobre dicho caso. —¡Vaya! Pero que preciosa cuñada nos ha traído la vida—, dijo abrazándome por los hombros Sarah—, ¡Pero tú tienes que ir! ¿Ira no? Me seguía pareciendo una idea descabellada eso de ir, ¿Qué haría? No conocía nada, no podíamos seguir conviviendo como si fuéramos la pareja del año, y en realidad ser una mentira. —Yo quiero que ella vaya, ¿Tu qué piensas Saray?—, Dijo burlón, sonreí—, ¿Iras? Le miré por un par de segundos, su mano tomó la mía, quizá tenía la oportunidad de mi vida, de poder convivir con una familia que me trataba cómo parte de ella, le sonreí ligeramente con su mano tomando la mía. Sonreí un poco más. Para asentir. —Sí, sería lindo—. Dije sonriendo, miré a Sarah—, Me gustaría pasar tiempo con ustedes. Quizá por un par de segundos o por un par de días podía sentir que era lo que se sentía tener una familia, al igual que me pasaba con Murphy, quizá por eso me gustaba tanto estar con las familias. Aunque en ocasiones me generaba demasiada nostalgia. —¿Te quedarás está noche? En realidad, el cumpleaños de Fátima es... en un par de horas, le gusta lanzar globos de los de velas en la madrugada, a las doce, celebrando un año de vida—, dijo Ale, esta vez un poco más tranquila—. Te quedarás, ¿No es así? Me parecía extraño, porque sentía aquel comportamiento cómo si me intentarán incluir en cada uno de sus planes, me conocían de hace horas y se habrían portado tan bien conmigo, eso me hacía sentir tan bien, con llena de paz. Miré hacía Leo. —Sería lindo. —Nos quedaremos—, dijo Leo. Leo me tomó de las manos para colocarse a un costado de mí. LEONARD La Rubia, ella pasaba sus manos por las plantas, la noche habría caído y ella no habría dejado de bailar con Fátima, parecía ser cómo si después de que todo lo que habría pasado el día anterior las cosas le habrían hecho sentir paz. Se habría llevado bien con mi familia de modo veloz, como si los conociera de hace siglos, quizá ese era un don de la Rubia, ser bastante sociable con todas y cada una de las personas que se encontraban aquí. —Ella parece quererte de un modo bastante puro, en realidad me alegro demasiado de que encontrarás a alguien que te quiera, de verdad—. Dijo mamá sentándose a un costado de mí—, No cómo ella. Ella... Violeta no era una mala persona, no era una mala chica... Solo era una persona... Diferente. —No quiero hablar de ella. —Y Saray, ¿Ella sabe de ella? —preguntó tomando de su copa—, ¿Sabe de la chica que rompió tu corazón? —No, no lo sabe. No quiero que lo sepa—, le dije tomando de mi botella de agua—. ¿Por qué querría que supiera de ella? —Te ibas a casar, Leo. ¿Por qué no lo has mencionado? —, insistió. Para levantarse, Ale se posó a un lado de mí—, ¿Por qué no has pensado en decirle la verdad? —No estoy mintiendole—, dije en tono cansado. —¿Están hablando de ella? —No deberíamos. FLASHBACK —¡Hey! ¡Laura! —, le llamó, mientras una sonrisa llena de maldad se encontraba plasmada en los labios de ella—. ¡Laura! ¿Puedes venir? Aquella chica, nos miró a ambos. Sus ojos grandes cómo luceros miraban hacía nuestra dirección, negué ligeramente, esperando que eso le diera aquella señal, no debía venir. Ella miró hacía la chica que era mi novia, sus cejas se fruncieron ligeramente. Camino hacía Laura y le tomó de los hombros haciendo que viniera, con una enorme sonrisa en aquellos labios. —Ambos estábamos pensando… Necesitamos que nos digas algo, ¿No es así Leo? —, preguntó, sus ojos me miraron con diversión—, Que nos saques de dudas. —No tenemos ninguna—, Dije borde. Cuando la conocí, lo primero que habría hechizado mi corazón habría sido su modo dulce de ser, en realidad, parecía ser la persona más linda y dulce de la faz de la tierra, habría algo en ella que habría llamado mi atención de inmediato, no podía conectar con nadie más del modo en el que lo habría hecho con ella. —¡Claro que las tenemos!—, Siguió a lo que rodé los ojos—, y tu nos puedes ayudar. —En realidad, no. Tengo mucho trabajo—. Dije, para comenzar a apilar las latas—, Ya, deja a Laura. —¡Vamos! ¿Por qué eres tan aguafiestas? —alargo con un puchero. Los ojos de Laura miraban con tanta confusión absolutamente todo. Claro que estaba confundida—, Sólo es una simple pregunta, nada del otro mundo. —Tengo que regresar al… Trabajo—, dijo negando—. Quizá… Quizá será después… —¡No! Si no te lo dice Leonard, te lo diré yo—. Dijo viendo con furia hacía mí, sus dedos largos presionaban con fuerza la piel desnuda de los brazos de Laura—, Decide, Leonard. —No. No le dirás, porque yo no tengo nada que decirle—, le dije con enojo—, Laura, no la escuches… —Están colmando mi paciencia y tenemos trabajo—, insistió Laura—, Les ayude a conseguir el empleo, no me metan en problemas. —No lo haremos—, Dijo apartandome de Violeta. —¡Ay! ¿Es en serio? —, era cómo si hubiera dos partes de ella que no conociera. Un lado endemoniado, y una gran persona dulce—, Leonard, te quiere. —¡Basta!—, Le dije ya cansado a Violeta—, ¡Deja de decir cosas que no son ciertas! —Pero le quieres. —¿De qué estás hablando? —dijo con las cejas fruncidas. —Yo renunció—, dije dejando el chaleco junto a aquellas latas—, No haré tu plan. No soy mala persona. —¡Pero no le gustas! ¡Así que deja de coquetear con mi novio maldita! —le grito, fruncí las cejas. Ella le dio una cachetada—, Consigue tu propio novio, zorra. —¡Salgan ambos de aquí! —gritó Laura enojada señalando la puerta—, ¡Y no vuelvas a tocarme! ¡Maldita loca! FIN DEL FLASHBACK —¿En que piensas Leo? —, preguntó la Rubia sentándose a un lado de mí—, Pareces un poco enojado. —No, sólo…—, me quedé callado. Habría algo en Brianda que me recordaba a ella, pero no podía descifrar lo que era. Sus ojos me miraron con curiosidad—. ¿Te has enamorado antes? —Ya… Mis amigos, tienen una lista buenísima si lo que tienes es el corazón roto—, me codeo ella. Para mirar hacía el frente—. Sí, me he enamorado, y me han roto el corazón. —Y ahora, ¿Cómo es que estás ahora? Ella miro hacía el frente para después mirar hacía mí, parecía que habría tantas palabras atoradas en su garganta, ¿Por qué no decía nada? ¿Qué era lo que le carcomía la cabeza? No entendía porque le costaba tanto decir que algo habría salido mal, que alto le dolía. —¿Ahora cómo estás Rubia? —¿Qué quieres que te diga? Que tengo el corazón roto quizá—, Sugirió con tranquilidad. Asentí—, Pues, sí, lo tengo. Toda mi vida lo he tenido en realidad, pero... No solo te rompe el corazón un noviazgo. —¿A qué te refieres? —Yo tengo el corazón roto, por mi familia—, sus manos jugaban con el pasto, se encogió de hombros y miró hacía arriba—. Supongo que siempre lo tendré. Por eso estoy aquí, quería hacer feliz a mi familia, así que, decidí casarme. —Ya, ¿Por qué no usaste esa lista en ti? —Ven—, estiro su mano en mi dirección—. Vamos a hacer algo. —Más planes no, estás loca—, le dije a lo que soltó una carcajada—, ¿Qué? —Me visto cómo Ellie y también ahora quiero pensar tanto cómo ella—, dijo en tono de burla—, En realidad, Sarah me contó algo. —¿Mi hermana? —, pregunté acomodando mis lentes. —¿Quién más si no?—, dijo en tono burlon, para ver en direccion de ella—, Si, fue tu hermana. —Ya… ¿Qué te dijo? —Que soy la primera chica que traes después de Violeta. Es la chica de la fotografía de tu cuarto, ¿No es así?—, Preguntó curiosa—, La chica de la que toda tu familia habla. No dije nada, busqué con la mirada a Sarah, la quería asesinar, ¿Cómo es que se atrevía a contarle a una desconocida lo que habría pasado con Violeta? —Sólo mencionó tu nombre, no te alarmes—, dijo acercándose a aquellos globos de cantoya—, ¿Crees en los deseos? —No en realidad, esos no existen. —Ya, cierto. Científico—, asintió para después sentarse conmigo en el pasto apenas tomamos un globo—, Si conocieras a Murphy, te burlarías de ella. La chica de mala suerte. —La mala suerte no existe. —Pero supongo conoces la teoría de Murphy—, Señaló a lo que asentí. —Si algo puede salir mal…. —Saldrá mal, sí—completo la Rubia, para jugar con el encendedor—, Ella nació un martes 13, en octubre, su cabello es naranja, y tiene aquel nombre que invoca su mala suerte. Ella hace cosas para atraer la buena suerte. —¿Tu crees en ello? —, le dije con burla—, esas cosas no existen, Rubia. —Creo en lo que hace a las personas felices—, me contó, para mirar hacía mis hermanas—, ¿Sabes por qué tu hermana hace todo esto del deseo? —¿Por qué? Ilumíname—, le dije rodando los ojos. —Porque desea cosas para ustedes. Desea salud, desea que sean felices, desea…—, Pensó por un par de segundos—, Desa felicidad. —Sí, ya. No quiero tus cuentos—, Le frene. Ella bufo y me miró. —Me contó de Violeta, porque dice que ella cree en los deseos, con yo estar aquí—, dijo mirando hacía mi hermana—. Dice que el año pasado deseo que fueras feliz, que deseaba que superaras a Violeta. Ella cree que su deseo influyo en ti. —Se equivoca. —Ya…—, asintió, para después mirarme directamente a los ojos—. A veces, las personas tenemos que sostenernos de algo en que creer, porque es mucho más fácil pedir un deseo y esperar a que se haga realidad, que ver cómo la vida pasa frente a nosotros, y no podemos hacer nada al respecto. Miré a Fátima de nuevo. FLASHBACK —¡Por dios! ¡Lleva semanas ahí dentro! ¿Cuándo va a salir mamá? —, gritó con la voz quebrada Fatima—, Ya no quiere hacer nada con nosotros, ¿Es que ha dejado de querernos? —Sabes que antes de Violeta, nunca habría tenido novia—, le escuché, miré hacía el techo—, ella era su todo. —¡La odio! ¡¿Por qué le hizo eso a Leonard!? Recordaba perfectamente todos y cada uno de los recuerdos que me habrían comenzado a surgir con ella, no habría necesitado mucho para enamorarme de ella. Puesto que desde el día uno fue ella quien se acercó a mí. —¿Por qué le rompió el corazón? Mi hermano es una persona muy buena... —A veces… A veces Sarah, las personas que más buenas son las que sufren más—, dijo, podía imaginarla pasando sus dedos por el cabello azul de mi hermana—, Más eso no significa que lo merezcan. —¿Entonces? —Significa, que la persona que lo hirió, le hizo daño… Temé del dolor, así que es esa persona quien lo provoca, antes de ser ella quien sufra. —¡Pero Leonard no le habría hecho daño! ¡Si mi hermano es la persona más buena del mundo! —Y se que lo es, cariño. Me levanté, para tomar la carta de Violeta, camine hacía el baño y tomé un encendedor jugando con esté, prendiendo y apagando antes de comenzar a quemar la carta. Jodido amor de mierda. FIN DEL FLASHBACK —Y cuando piden deseos, ¿Tu prendes un globo igual? —preguntó alzando el globo, negué—, ¿Por qué no? —Porque no creo en esas cosas, Brianda—, dije borde, cansado de sus palabras. —Saray—, susurró a lo que fruncí las cejas—, Y lo siento, no quería ser entrometida. —Lo siento yo, pero no quiero hablar de ella. —Sí, da igual. Quizá hay algo que yo pueda hacer por ti—preguntó, miró como todos comenzaban a preparar el prender aquellos globos—, ¿Sabes cómo se enciende? Asentí. Ella sonrió un poco para tomarme de la mano, comenzó a abrirlo y yo le ayudé, dudoso puesto que no estaba seguro de querer hacerlo por completo, ella me miró por lo que fueron segundos pequeños, para terminar por sonreír. —Piensa en un deseo, no tienes que decírmelo, sólo piénsalo antes de que soltemos el globo. —¿Tú tienes un deseo? Brianda miró el globo, para después sujetar un pequeño collar que tenía colgado, asintió. Parecía como si aquel collar le hubiera entregado una fuerza que ella segundos atrás no tenía. Supongo que eran del tipo de cosas que al final del día no lograba entender por completo, ¿Cómo es que un objeto haría que sintieras seguridad? era más que imposible que eso llegara a suceder. La paz no llegaba de la noche a la mañana, menos de este tipo de cosas. Un objeto que le habría dado una persona no le haría un deseo realidad; aunque he de admitir que ella parecía esperanzada. Pensé, quizá que aquel objeto era importante para ella, dado por una persona especial. Quizá era el modo de ella que tenía para sentirlo cerca. Quizá solo era eso. Aunque de igual modo, supongo que era algo normal, nunca terminaría por entender a esta chica. Quizá ella no venía de venus, quizá ella de donde venia era de otra galaxia, por ello ella era una completa loca, de pies a cabeza. —Todos tenemos un deseo. No me veas así—, dijo con más calma—, algo que nos atormenta. —Entre más paso tiempo contigo, más pienso que eres una loca—, dije mirando a sus ojos claros—, Demasiado loca. —Tarado—, susurró, sin embargo, noté cómo sus comisuras temblaban hacía arriba—, ¿Ya prendo la vela? —Sí, pero no lo sueltes. Asintió, para prenderla, noté cómo lo hacía con suma atención esperando no arruinarlo quizá, estaba midiendo cada uno de sus movimientos, eso parecía ser sumamente gracioso. —No estoy loca, quizá tu estás un poco… Aburrido de la vida—, sentenció tomando el globo conmigo—, Igual quizá a eso llegué a tu vida, a ponerle sazón. —O a arruinar mi traje—, Le recordé. Ella rodó los ojos, para mirar hacía Fatima, quien ya tenía sujetado su globo entre los dedos, y una sonrisa al verme, parecía cómo si el hecho de las cosas que estaba haciendo conformé la Rubia decía, les causaba paz, quizá era lo que habrían comenzado a sentir desde que la Rubia cruzó la puerta, paz. Podría admitir, que estos dos días con ella me habrían generado un poco de estrés, ella era cómo una especie de remolino que hacía que mi paz estuviera amenazada, me causaba cierta frustración, pero también era cómo si aquel remolino, habría visto aquella barrera que coloqué apenas Violeta salió de mi vida, y no quiso tirarla, si no… Encontrar un modo en el cuál entrar. —¿Ya tienen su deseo? —, preguntó Fatima con voz fuerte—, A la de tres, lo soltaremos. —¿En realidad tienes un deseo Leonard?—, preguntó por un par de segundos—, ¿O solo me das largas? Noté cómo ella parecía más interesada en que mi deseo se hiciera realidad, que el suyo. Asentí y la sonrisa de la Rubia se ensanchó, cómo si aquellas palabras fueran lo único que ella deseara escuchar. No sabía que era lo que le emocionaba tanto, ¿Cómo podría importarle de un modo tan particular que yo pidiera un deseo? lo habría hecho jamás, no creía en los deseos, porque era un modo más de poder decepcionarte al ver que este no se habría podido haber hecho realidad. Además de que la ciencia no podría pasar la vida creyendo en deseos que jamás podrían haberse realidad. —Una, dos… ¡Tres! Ambos soltamos el globo, y pude ver cómo la Rubia cerraba los ojos. ¿Qué habría pedido Brianda? Pedí mi deseo y le miré. —¿Lo pediste? —, aparte la mirada, para después verla de nuevo, sus ojos se fruncieron—, ¿No lo pediste? ¡Leonard! —Claro que lo pedí, Rubia, ¿Tu qué pediste? —Si te lo digo… Quizá no se haga realidad—, Dijo encogiendo sus hombros—, Así que...Pediste tu deseo. —Ya Rubia—, Dije mirando a sus ojos. Quizá dentro de ellos habría una persona diferente, la persona que tenía enfrente parecía ser la real, no parecía ser que fingiera ser alguien más. —¿Puedo preguntar algo?—, Le dije a lo que ella asintió abrazando su cuerpo ligeramente—, ¿Qué es lo que hizo que quisieras ser bailarina? —Un sueño, siempre veía cosas parecidas y le rogaba a mis padres ver obras donde bailaran—, comentó. Para después encoger sus hombros—, Me gusta la luz de los reflectores. —Así que siempre te ha gustado la atención—, Señalé a lo que ella sonrió—, Lo puedo notar. —Papá decía que tenía el carisma. Así que el fue quien cumplió mi deseo de cumpleaños, ser bailarina. Asentí. Supongo que ella se aferraba a las ideas de los deseos y todas esas tonterías porque alguna vez se le cumplió, creía en la mala suerte porque su amiga de cabello rojo cumplió lo que decían que había de mala suerte en los libros, mala suerte. Ella, miré a Brianda. Era la chica que invitaba a alguien desde que Violeta se fue, era la primera chica con la que compartía algunos gustos, con la que me podía llevar bien de un modo natural. Y pensaba demasiado en ello. Porque por alguna razón, ver los ojos azules de la Rubia me habían hecho sentir un toque de tranquilidad pero por alguna razón no paraba de pensar hoy en Violeta. —Rubia, ahora vengo—, dije con una mueca—, ¿Quieres un trago? —¿Tu familia no pensaría que soy una ebria?—, preguntó con burla. —Quizá y si, pero ¿Qué más da Rubia?—, Le dije tranquilo—, Creí que a ti no te importaban las cosas que los demás pensaran de ti. —Bien, un trago—, Dijo con una sonrisa. —Vuelvo—, Le dije. Quizá pensaba demasiado en la Rubia y en Violeta, el mismo pensamiento cruzado de un modo extraño, no quería pensarlas y relacionarlas, no podía hacerlo. Pero por alguna razón, la Rubia no se sentía cómo Violeta, no era parecido en lo absoluto y eso me generaba preguntas. Tomé todo vasos y comencé a ponerle vodka, pero por alguna razón, a pesar de los pensamientos y de todo lo demás... Regresaba al mismo lugar, en donde la Rubia era la chica que siempre dicen que es la ideal para las personas, locura y tranquilidad. Regrese con ella y le entregue el vaso. —Toma Rubia—, Ella sonrío y me agradeció. —Gracias Leo—, Dijo sonriendo con tranquilidad—, ¿Tú porque quisiste ser científico? Porque parecía ser una carrera que entendía y me ocupaba demasiado tiempo, tiempo que ya no quería estar pasando con Violeta. —Nacio—, le di un trago al vaso. Ella soltó una risa y miró hacía el cielo, sentándose en el pasto. —No pareces ser una persona de muchas palabras—, dijo con burla para chasquear la lengua—, así que, ¿Quieres la lista de Diego? Es bastante buena, inclusive con ella, mi mejor amiga se enamoró. —¿Cómo así? —Porque la persona que le dio la...—, se quedó callada y miró hacía el cielo—, No lo sé, son cosas que pasan. A pesar de que lo dijo con seguridad, en sus ojos había sorpresa y sus mejillas se llenaron de rojo, supongo que habían unos ojos en los que pensaba, pero me causaba curiosidad los ojos azules de la Rubia y todas las preguntas que hacía que tuviera día con día. Quizá habríamos perdido la cordura. Ella vivía con un desconocido y yo le contaba la vida a una desconocida. —¿No hay una historia loca con suerte que me vayas a decir? —¿Una serendipia?—, Sonrio—, No lo sé. —Eres lista—, Le señalé, ella rodó los ojos—, Loca.
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