El fin de semana me la paso descansando, ya que, aunque no lo parezca, el estar embarazada provoca que me canse más de lo habitual y eso que mi vientre es casi imperceptible, no quiero ni imaginar cuando tenga más meses. El lunes por la mañana me preparo algo sencillo para desayunar y después de vestirme, salgo rumbo al hotel, decidida a que hoy, sin atrasarlo más, debo de hablar con Dante y justo como si el destino quisiera que no lo postergue más, me encuentro a Dante esperando el ascensor. —¡Buenos días, señorita Stratford! —saluda con esa frialdad que lo ha caracterizado en las últimas semanas. —¡Buenos días, Dante! Por favor, necesito que pases a mi oficina para hablar de algo realmente importante. —Solo dejo mi maletín y voy a su oficina —responde antes de bajar en su piso. Cuan

