Dante por su parte me embiste unas cuantas veces más hasta que siento como muerde mi cuello, ahogando el gruñido que estaba por escapar de su boca y en cuestión de segundos siento como su cálida semilla me llena por completo, recarga su frente contra la mía y permanecemos abrazados hasta que nuestras respiraciones se normalizan. —¡Espera! ¡Quédate de pie, pero no bajes tu vestido! —me ordena Dante en cuanto tengo la intención de separarme de él y comenzar a asearme. —¿Qué piensas hacer? —pregunto con temor a que vuelva a cometer alguna locura y desee follarme en el elevador o se le ocurra algo mucho peor. —Esta vez no es nada malo. —Lo miro dudando de su palabra, por lo que lanza un suspiro—. Te doy mi palabra de que no será nada malo. —Asiento no muy convencida, pero dándole el benefic

