Cierro los ojos y me deposita con mucho cuidado en uno de los sofás de la sala, escucho la fricción de la tela al caer y cuando vuelvo a abrir mis ojos me encuentro de frente con que Dante está completamente desnudo. —¿Qué haces? —inquiero al tiempo que intento sentarme. —Ni intentes escapar Clarisse, porque créeme que no te conviene, ya sabes cómo se pone el pequeño Dante cuando lo haces enojar. —Instintivamente, bajo mi mirada a su m*****o erecto, donde sus venas resaltan como incitándome a pecar. Estiro mis manos y poco a poco me acerco a gatas hasta donde se encuentra, pero cuando se da cuenta de mis intenciones se aleja, frustrando mis ganas de saborearlo. —Lo tendrás, pero no así Clarisse. ¡Acuéstate! —me ordena, levanto la mirada y cuando estoy por contradecirlo, se agacha y tom

