Capítulo 17.

2251 Words
—Realmente tú y tus comentarios solo me dan risa —Exo de inmediato lo suelta para no tomarle más importancia a la situación. Había logrado lo que pretendía lograr que era vencer al Garnaj, que se considera como una rareza inusual muy bien pagada por los comerciantes de los gremios. —Eres tú quien no comprende los caminos del mundo —Exo vuelve a reír solo que de una forma más burlona. —Mejor dicho —entona la palabra—. Eres tú quien cree saber del mundo a tu corta edad, no sé qué animal te ha picado, pero estoy seguro de que no eres normal. —¡Señor! —gritó uno de los marineros que había regresado. —¿Sí? —pregunta Alsius. —¡Un barco! —el sujeto señala la costa. Al regresar a la orilla se podía apreciar un barco a lo lejos que desembarcaba algunas pequeñas canoas para ir en busca de los marineros en la isla. Alsius observa al capitán y no logra descifrar si ha sido su suerte o simplemente coincidencias en las que no cree, pero lo importante sería que estarían a salvo de pasar una noche en un lugar remotamente desconocido que podría albergar bestias peores que la que acababan de encontrar. Sin embargo, los dibujos de aquella isla le dejaron fascinado, apenas estuvo en el barco pidió hojas de papel, una pluma y mucha tinta para retratar a la mejor semejanza aquellos jeroglíficos e interpretarlos cuando la claridez llegue a su mente. Por ahora el curso del navío seguiría siendo el que ellos llevaban a Etherium, y de ese modo su misión principal retornaba delante suya. Fueron largas horas hasta llegar, aún faltaba camino por recorrer en carretas, pero el puerto poseía varias de éstas dispuestas a llevar a los viajeros a cualquier destino siempre y cuando paguen las cantidades solicitadas por los pobladores. Descendieron con todo lo que poseían, no era demasiado puesto que la mayor parte de las cosas importantes se habían perdido en el barco y su hundimiento en pleno mar. Alsius no necesitaba mucho más que su propia espada, la única cosa que no perdió, en las cuales se incluía su armadura mientras que Exo y los demás extrañamente seguían en posesión de sus cosas. —Aquí nos despedimos —el capitán del navío Atenea se despide amargamente por tan mal demostración de valentía y proeza. Triste, con una gran nostalgia recorriendo el agua salada de sus venas por haber perdido un barco que había estado con él por años—. Diría que ha sido un placer, pero por poco nos hemos salvado de una muerte segura. —No se preocupe —Alsius pensaba más en la misión que en lo que pudo haber sucedido, considerando que quizá su muerte habría significado más todavía que haber sobrevivido—. El destino es incierto pero maravilloso, creo que las cosas suceden por algo y cuando estás en el lugar indicado. Me duele la pérdida de su barco, pero seguramente el rey dará buena recompensa por sus esfuerzos, tal vez así pueda comprar otro navío. —Si el rey ofrece su generosidad, creo que mejor me compraré otra vida —replicó con una sonrisa, sus hombres descasaban tendidos en cualquier lugar del puerto cerca del barco que acababan de descender. —¿Cómo compras otra vida? —aquel hombre parecía lleno de historias, pero Alsius escaso de poco tiempo para escucharle. —Con la voluntad de cambiar la que tienes ahora por una mejor —era la respuesta que no se esperaba pero que para el capitán era concisa y muy acertada. Años tras un timón olvidándose del crecimiento de sus propios hijos, dejando que la vejez recaiga en su cuerpo como esperando su pronta muerte sin hacer algo al respecto. —Incluso los hombres de mar se agobian del mar —le sonaba algo irónico pero lógico. Frecuentar los mismos dilemas te hacen querer quedarte por siempre para dejar de pensar tanto y rendirte, o te hace infeliz para que puedas salir de ahí el día que tu convicción arda como el fuego de las fogatas en invierno. —Una vida llena de cosas por ver te hace agobiar cuando dejas de ver la nada por creer que lo has estado viendo y viviendo todo —se detuvo unos momentos a observar el mar con nostalgia. Alsius presencia la despedida de un hombre que deja atrás años de esfuerzos y recuerdos, pero que decide avanzar pronto hasta su ley de vida. Para un marinero no parecen existir las lágrimas y por eso Alsius no le ve llorar, aunque las olas que se mueven lejanamente en el mar con una brisa que se atrae al rostro con frialdad expresan el afloramiento de que se vuelvan a cruzar sus travesías una vez más. Pero el capitán estaba decidido, la tierra volvería a ser el lugar de su nacimiento y como cuando comenzó a caminar siendo un niño pequeño, aprendería nuevamente a andar en este mundo por cuenta propia. Abordó una carreta junto con sus tres soldados en busca de las verdades que se esconden en Etherium, esta vez podría llegar a su destino para avanzar al siguiente luego de haber cruzado ciertas dificultades que no sabía si responderse las dudas con el destino o la voluntad de su Dios. En poco tiempo se encontraba en la belleza del pueblo cristal como suele llamársele a Etherium, y luego de haber descendido la carreta con sus acompañantes observó a Exo unos segundos para ver si este sabía a dónde debían dirigirse. —No habrá que moverse —señaló al frente con la mirada—. Creo que llamamos la atención. Efectivamente el líder del pueblo se acercaba a pie junto con algunos de sus mejores soldados, Alsius estaba preparado para hablar luego de escuchar y no dejar que Exo exprese su gratitud o bienvenida. —Han de ser los soldados que el rey envió —el hombre es joven y se podría decir que solo un poco mayor que el comandante Faraha—. Les doy la bienvenida a mi pueblo, no les quitaré mucho tiempo así que por favor acompáñenme. Alsius se encogió de hombros para indicar a Exo y los demás que no había mucho más que hacer. Siguieron al hombre hasta una cabaña grande en medio de la ciudad, la más llamativa de todo el pueblo por ser la que alberga al líder y sus subordinados contando con la protección de varios soldados que realizan rondas constantes todo el día para nunca dejarle desprotegido. Por dentro no tiene mucho de especial, a pesar de ser una aldea poblada por un mineral bastante costoso la sencillez con la que viven es sorprendente para como muchos consideran que deberían estar viviendo por sus bienes sociales y económicos. —Seguro te sorprende que no vivo en un lugar lujoso o un castillo —le comenta a Alsius cuando lo ve inmerso en una planta decorativa que anteriormente vio en las afueras del pueblo—. Pero la realidad es que el dinero no atrae felicidad, la sencillez enriquecida de una vida llena de gozo se basa en la capacidad que tenemos como seres humanos para hacernos felices a nosotros mismos sin necesidad de utilizar el exterior físico como un catalizador. —Muchas cosas nos hacen felices, como una buena comida —contesta Alsius animado de que sus conversaciones se hayan estado convirtiendo en una forma de aprendizaje—. Quiere decirme qué, ¿Esas cosas materiales no son necesarias? —La felicidad proviene de tu interior y la paz mental que mantienes en equilibrio con tus sentimientos —el líder de la aldea indica a sus guardias que salgan de la habitación y le dejen solo con los soldados—. No negaré que bellezas externas nos llenan el alma —añadió con los soldados ya fuera—, pero depender de lo físico para lo espiritual es tan estúpido como quien cree vivir sin poder respirar. Lo que nos deja una única opción para ser felices y es primeramente aprender a serlo con nosotros mismos desde la mente y el cuerpo, para luego llegar a la aceptación externa de lo que consideramos felicidad y que, aunque no nos llene no sintamos una dependencia física para vivir sin agobios y pensamientos negativos sobre que nuestra vida se nos escapa de las manos. —No vinimos a esto —se añade Exo a la conversación de forma desagradable por la molestia de escuchar toda clase de cosas menos sobre la misión. —Esto tiene mucho que ver con su misión, soldado —le repuso con amabilidad—. Vuestro rey ha mandado sus doncellas para ser purificadas porque su infelicidad no le permite casarse con cualquier mujer y tener hijos. Es él el principal problema, la avaricia de querer más y de no ser capaz de entender el verdadero amor han causado que ahora mismo se llene de rabia y odio hacia quienes osan interponerse a su voluntad. —Si está mal que el rey quiera hijos entonces, ¿Qué se supone que está bien? —interrogó con gran entendimiento del tema, Alsius no pretendía quedarse con un pedazo de la tarta habiendo tanto más por escuchar. —Si su rey fuese feliz consigo mismo sería capaz de amar con pureza sin necesidad de tener que interponer sus deberes a sus propias necesidades espirituales —cada vez que escuchaba sobre el espíritu a Alsius se le erizaba la piel, como un recordatorio de la profanación de su alma por dejarse llevar de la mano de la obscuridad—. Hace infeliz a los demás, las mujeres no quieren tener un hijo del rey, pero no pueden desligarse de la responsabilidad. Sus almas no serán libres nunca, estarán atadas a las alas rotas que el rey no ha sanado para sí mismo. Cortando las esperanzas de otros sin coserse a la piel la suyas para poder seguir, es infeliz y hace infelices a otros. Aquellas damas seguramente fueron raptadas para ser salvadas del horrible destino que les espera al rodearse de alguien que ni siquiera es capaz de ser feliz consigo mismo. —¿Qué sabes de esto? —Exo respira profundo para aguantarse las ganas de machacarlo—. Nosotros no hemos venido por explicaciones, solo a buscar cinco mujeres que han desaparecido en su aldea y deberá darnos la información necesaria. —Les he dado más de lo que podrían conseguir por cuenta propia —Alsius se mantenía en silencio mientras lo pensaba correctamente—. Esas mujeres podrían estar donde merecen, en vez de donde no pertenecen al lado de su rey. —Sea como sea nos enviaron por ellas y las vamos a llevar de regreso —Exo ya se había impacientado así que salió de la habitación directo a las calles seguido de Or y Lira quienes no habían decidido abrir la boca, prefiriendo solo terminar su trabajo para regresar al reino lo antes posible. —Perece que tus amigos son algo impacientes —Alsius asentía con la cabeza—. Disculpa si no les he dado la información completa, pero es que no podría hablar sobre lo que no sé. —Lo entiendo —dijo con mirada fija en él—. Debe ser la verdad, si estuviese escondiendo algo al rey sabría que llegarían a consecuencias graves y su pacífico pueblo no pretende meterse en grandes problemas políticos como ese. El rey debe confiar en ustedes como para haber enviado a sus doncellas hasta aquí, lo que me dice que son otro tipo de personas los que se encuentran detrás de esto. —Ser felices implica sufrir —el hombre dirige la mirada a la planta que se encuentra al lado de Alsius—. Ser infelices conlleva a tantas cosas malas que sinceramente me da miedo pensar que mañana despertaré sin ser capaz de sonreír. Cada cruce que da en su vida desde que se convirtió en alguien visible para el mundo se ha convertido en una travesía llena de información que comparte en gran medida consigo mismo. Nunca deja de aprender algo nuevo o de estar de acuerdo con esas personas que se empeñan en ser maniáticos de un mundo que nadie logra entender por miedo a la comprensión. Pero Alsius ha podido desmenuzar poco a poco cada pedazo de su propio corazón para reconocerse de verdad, y las palabras que llegan a sus oídos retumban en su alma como lo hacen en quienes le hablan sobre lo que ven. Comienza a creer que las palabras cambian el paradigma entero de lo que los humanos creen estar viviendo, pero los poderes malignos que residen en la tierra ciegan a todos. Ya nada es como debería porque solo unos pocos locos se empeñan en ver el cambio mientras que otros se adaptan a él como parte de un castigo autoimpuesto por nada perdiendo el todo de lo que son. Los dioses fueron generosos al crearnos, y nosotros unos egoístas por vivir pensando en destruirnos. Somos instrumentos de destrucción cuando dejamos que nos utilicen los pensamientos Pero si fuésemos capaces de hacer uso de ellos crearíamos horizontes hermosos No dejemos de soñar con seguir soñando mientras nuestras manos forjan el camino Que nos perdemos el rumbo cuando nos perdemos a nosotros mismos Si la vida te controla date un tiempo de calma para salir ileso Nadie se merece tu daño, mucho menos tú mismo.
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