Capítulo 16.

2274 Words
Comenzaba su travesía con el estómago vacío, para Sara los días transcurridos en la nieve le habían dejado escasa de alimentos y su cuerpo pedía a gritos que ingiriese algo lo más pronto posible. Luego de haber admirado aquellos cristales se dispuso a buscar un lugar donde pudiese encontrar algo de comida. Andando por la zona se encontró con lo que parecía un pequeño mercado con personas bastante amigables, se acercó a un tiendero y compró algo de pan y luego de hacerlo buscó un buen lugar donde pudiese sentarse optando por hacerlo bajo un gran árbol que le daba la sombra suficiente para descansar. El pan tenía un sabor a hogar, era completamente fresco y se podía apreciar la sensación en el paladar de que había sido horneado con amor. Un sabor que le traía recuerdos felizmente nostálgicos del pasado, pero que con amor recibía en su aun abierto y dolido corazón antes de poder llegar a la completa aceptación de la mente. —¿Lo has sabido? —dijo un sujeto que pasaba por ahí junto con una dama—. La masacre de las montañas es la misma que el viejo chamán predijo. En seguida Sara se levantó del impacto dejando a las dos personas exaltadas por el modo en que lo hizo. —¡¿Dicen que alguien lo sabe?! —exclamó con un grado de impacto en sus palabras. —El chamán —comentó el hombre con algo de pena—. Él avisó a la gente del pueblo, pero nadie hizo caso. —¿Dónde se encuentra ese chamán? —pregunta agitada. El hombre señala al final del camino y sin esperar que le digan algo más Sara decidió emprender el viaje a paso rápido para encontrar a quien parecía haber predicho el destino de sus propios padres y la aldea. Estuvo un buen rato caminando en la dirección que el hombre le había señalado alejándose cada vez más de los pobladores hasta llegar a la única casa que se encontraba en la zona, alejada a unos cuantos metros de todas las demás en lo que parecía la propia civilización del pueblo. Era pequeña pero muy bonita, con muchos collares y dijes de distintas formas algunas más extrañas que otras. Tocó un par de veces la puerta y desde dentro, aunque con baja voz ella pudo escuchar como alguien le permitía el paso. —Te estaba esperando —dijo apenas ella asomó la cabeza. —Disculpe la intromisión —temerosa, pero con la seguridad de querer saber intacta se adentró un par de pasos en la casa que parecía mucho más vieja afuera que en los mismos interiores donde todo es tan vivo y colorido. —Creo que has tardado más de lo esperado, pero me alegra que estés aquí —el sujeto que le hablaba era un hombre de aspecto indio, lo cual era una r**a distinta a la que suelen tener los pobladores de la aldea. Lleva muchos aretes en sus orejas y se encuentra utilizando una túnica que le cubre todo el cuerpo. —¿Me esperaba? —el hombre asiente y Sara se comienza a impacientar—. Esto suena insólito, pero dudo mucho que me haya estado esperando. Nada de lo que ha estado sucediendo suena lógico para mí, no puedo creer mucho de lo que sucede. —Pero apreciaste la belleza de las flores —el sujeto amablemente estirando su mano le invita a sentarse en el suelo como él estando de rodillas o pose mariposa—. Si eso no es real, no sé qué sea lo que tus ojos quieren ver para poder estar tranquila. ¿La resurrección de la muerte? —ella se queda sin palabras—. O simplemente quieres que egoístamente el mundo se trague su propia naturaleza para que solamente tú no sufras. —Suena egoísta —aun no decidía sentarse—, pero realmente quiero sanar este dolor del pecho así signifique hacer todo lo que haga falta para mejorar mi estado mental. —La mente solo es amiga de los idiotas —el hombre bebe a de su vaso algún líquido que Sara asocia con el licor—. Por eso viven felizmente ignorantes mientras que los eruditos viven pensando y viviendo sus propias vidas sin abandonar las responsabilidades. —Hasta ahora he pasado por mucho —Sara se acerca un poco más—. Sea claro y directo para poder irme. —Supe lo de la masacre de tu clan, y también la razón por la cual sucedió —no parecía tanta coincidencia que Sara estuviese en Etherium después de todo, y por la forma en la que las cosas se estaban dando ella consideraba quedarse a conversar más. —Algo me dice que esto no ha sido un accidente —ella observa con seriedad al hombre, tan tranquilo y sereno como si nada hubiese sucedido. —En este mundo no existen los accidentes —dijo el chamán—. Pero por otros lados, las masacres sí existen. —¿Piensa hablarme sobre eso? —Sara no podría olvidar aquel fatídico día como si nunca hubiese formado parte de ella, pero debía aprender a sobrellevar el sentimiento y solo lo podía lograr sabiendo la verdad. —Seguro tus padres llegaron a contarte que hace algunos siglos los dioses nos abandonaron —ella lo sabía perfectamente, era uno de sus temas favoritos sobre la historia del mundo—. Pues el pueblo del Wolfheighen fue uno de los pilares pecadores que osaron profanar la santidad de los dioses. —¿Se refiere a uno de los primeros pueblos en desertar a las creencias? —el chamán asintió—. ¿Por qué castigarnos ahora? —Tu pueblo perdió la protección divina que coloqué hace algunos siglos —al observarlo Sara no podía ni pensar que un hombre pudiese vivir tantos años. —Si eso es cierto pudo haber avisado sobre eso en mi pueblo —comenzaba a mirarlo con odio como transmitiendo la culpa, pero el alma del chamán no se embriagaba de negatividad. —Lo hice —afirma tranquilo—. Pero el jefe de tu aldea no creyó en mis palabras y por eso las consecuencias han sido vividas por todos. —¿Qué hay de mí? —tenía la duda de haber sido la única sobreviviente de su aldea—. No tengo nada de especial, mucho menos poderes como para que mis errores hayan sido perdonados. —Solo las personas con un alma pura podían sobrevivir al hechizo impuesto por los dioses del clima —regresaba casi al inicio de su viaje al no comprender totalmente la razón de que su pueblo haya sido destruido. —Fueron exterminados por pecadores... —musitó casi en silencio, pero el chamán logra entenderla. —Era casi imposible parar la voluntad que los dioses dejaron antes de desaparecer —observa la tristeza en los ojos de la mujer cuya alma se ha envuelto en obscuridad y confusión. —Si tengo el alma tan pura no debería tener los pensamientos que tengo ahora —creyó tener el pensamiento profanado de venganza y odio. —¿Qué piensas? —sonrió como si nada. Sara no pudo responder quedando totalmente en blanco ante la pregunta del chamán, extrañamente no había nada cruzando por su mente más que la propia confusión de sus palabras. Todo aquello que había pasado estaba en calma y escondido en lo profundo de sus pensamientos donde residirían eternamente en un estado de meditación. Sin sentir su propio corazón latir el miedo que se infundió en ella fue gigantesco, como haber perdido el rumbo para siempre sin tener a dónde huir de sí. —Seguro la pureza de tu alma no te permite tener ese tipo de pensamientos —ella le observa a los ojos y no existe una pizca de mentira en su mirada. —Entonces es cierto —se afirma para sí misma—, por ello pude ver las flores sin sentir tristeza a pesar de haberlas querido ver junto a mi familia. —Es una de las grandes esencias del mundo —replicó el hombre sintiendo que podía revelarle uno o dos secretos sobre la existencia misma—. Podemos vivir con eternidad sí somos capaces de aprender a manejar nuestros pensamientos negativos. —Un alquimista me dijo que la eternidad se basaba en algo más, diría que físicamente —reafirmó lo que aprendió del alquimista. —¿Podrías vivir eternamente bajo la obscuridad de tus propios pensamientos? —Sara lo piensa un momento—. Pues si no tienes el alma limpia de nada sirve estar viviendo físicamente, porque por dentro estás muerta. Y la muerte espiritual es mucho peor que la física, es ahí cuando dejas que los demás o tu alrededor te controlen y terminas formando parte de este mundo pecador e imperfecto. —Pero vivimos en este mundo —expandió su mirada—. Ya somos pecadores desde el nacimiento, no habría diferencia si hacemos algo. —Te equivocas —negó con una sonrisa—. Solo los humanos somos capaces de salvarnos de nosotros mismos. Los dioses no van a huir de nuestros demonios, pero nosotros sí podemos dejarlos atrás. Pensar que no puedes cambiar para bien es el primer paso a la destrucción humana, y por eso hoy en día los hombres comen más carne de la que pueden tener en sus cuerpos. —¿Podemos llegar a ser dioses? —siempre pensó que solo ellos podían liberar el pecado, pero considerar que nosotros mismos podemos hacerlo le hace pensar que somos una fuerza superior cuando llegamos al entendimiento universal. —¿No lo eres tú ya? Bajo un sol que avanzaba para ocultarse en la noche Alsius mantenía la duda sobre Exo estando a la expectativa de lo que podría suceder. Presenciaría por primera vez en su vida la pelea de dos bestias, y la intranquilidad que eso le deja es evidente. —¡Que nadie se acerque! —ordena el muchacho y todos retroceden con evidentes intenciones de querer huir y no ayudar. —Si me vuelvo loco espero que disculpen —volteó su cabeza de medio lado—. Es que amo ver la sangre correr. De un salto se posicionó sobre la bestia clavando dos espadas de hueso en el cuello. Esta comenzó a correr desesperada arremetiendo con algunos hombres y causando estragos en los árboles cercanos. Parecía como si Exo no tuviese ningún plan más que perforarle hasta llegar a las entrañas, pero Alsius no podía quedarse tranquilo sabiendo que los marineros corrían peligro al estar cerca. —¡Huyan! —les exclamó y todos comenzaron a correr entre la selva de regreso a la orilla. Alsius sacó su espada y corrió directamente hasta el Garnaj con una velocidad notable y una pulida técnica de espada con un certero golpe de costado diezmando una de las extremidades delanteras de la bestia. —¡Busca la tuya mocoso! —exclama molesto y clava nuevamente dos lanzas de hueso que extrae de sus propios brazos haciendo tiritar al Garnaj de frío. —Tiene miedo —Alsius se lo queda observando en los grisáceos ojos cegados por la obscuridad en la que vive—. Solo busca defenderse de lo que no puede ver. Llegó un momento de claridez para él al solo pensarlo de otro modo, y era que mientras nos aferremos a la obscuridad de nuestra propia caverna mental terminaremos andando sin rumbo por el mundo llevando por delante de nuestras paredes a todo aquél que podamos aplastar. Nos aferramos a un miedo del que no salimos por temor, terminando por convertirnos en el reflejo de lo que odiamos y siendo los odiados por quienes nos hacen creer que deberíamos ser unos míseros infelices por no haber sido capaces de conseguir llegar a la salvación en vez de tendernos la mano para no caer. —Las bestias no tienen sentimientos —Exo hunde más a fondo las lanzas y el sonido agonizante del animal se hace escuchar hasta donde se encuentra el capitán del navío—. Acércate, y mira como es capaz de morderte los huesos con una sola mordida. Terminarías con medio cuerpo dentro de su estómago y en ningún momento tendría piedad de ti o tus lamentos. —No es justo que a todos nos toque el mismo maldito destino —Exo suelta un suspiro de rabia. —Despierta maldito idiota —baja del animal y coge a Alsius del cuello de la camisa—. ¡Este mundo no es para débiles! —¿Y qué eres tú? —Exo le escupe el rostro con desprecio. —No me compares contigo —apretaba la mandíbula con fuerza al pensar que de eso se tratan las palabras del joven. —Te escondes detrás de una armadura y crees ser más fuerte que los demás —suelta una risa sarcástica y con sátira—. Vaya lamentable, que creas no ser débil y lo demuestres escondiéndote detrás de tu propio cuerpo. Vaya hipócrita, creyendo que las tienes todas por creerte superior sin saber que delante de ti hay una fila más larga que llega justo al cielo. Cuándo te creas superior recuerda mirar al cielo Siempre habrá alguien más grande que tú, mientras subestimes a los demás Trabajando en ti hay menos riesgos de equivocarse con la fuerza que aplicas La de los demás puede golpearte sin que lo veas venir Serás grande por fuera cuando por dentro valgas lo que deberías por fuera Y serás grande por dentro cuando comiences a cambiar lo que eres por fuera.
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