Capítulo 15.

2333 Words
Sentía el lejano sonido de las olas acariciándole los oídos con una tranquila y serena melodía que le dejaba descansar la mente de los miedos. Sus pies tocaban algo húmedo y movía los dedos a medida que despertaba de entre sus sueños y el sol le alumbra directamente a los ojos. Pestañeó un par de veces al abrirse a la vida y luego de enfocar su mirada con dificultad se da cuenta de que su vida permanece intacta a menos que se trate de un sueño. Con algo de resaca en la cabeza irguió la espalda y frente a él se observa el vasto mar donde los restos del barco Atenea yacen flotando con hombres que se meten a nadar en la búsqueda de suministros para traerlos a tierra firme. —Al fin despiertas —Alsius gira la vista a su costado derecho y se encuentra con Exo sentado admirando el mismo escenario que él—. Habría sido agradable dejarte morir, pero algo me dice que todavía no es el momento de que nos dejes. —He de suponer que el único que me pudo haber salvado fuiste tú —comentó el muchacho seguro de que solo alguien como Exo tendría la valentía de lanzarse al enfurecido mar por alguien. —Supones mejor de lo que creía —afirma con la cabeza—, pero es lo que menos importa ahora cuando nos encontramos varados en una isla desierta. Alsius observa detrás de sí al girar un poco más la cabeza y se denota una larga extensión verdosa e inexplorada donde apenas se ha podido permanecer en la orilla de la playa por miedo a lo que se pueda encontrar en las distancias. —Debería agradecerte, pero no creo que sea tu estilo —regresa la mirada al frente—. No ha quedado nada —comenta al cabo de unos segundos mientras los hombres cargan con cajas rotas de comida y provisiones. Rostros cansados y exhaustos que trabajaban acorde a las instrucciones de un capitán fatigado y para nada contento por la pérdida de su navío. De un lado a otro daba órdenes y los cansados marineros seguían en la búsqueda marítima de los recursos necesarios para la supervivencia. —Ni lo hagas, te salvas de que no quiero tener una discusión con el rey justo en estos momentos donde no sabemos qué pasará —Exo se coloca de pie y limpia la arena de sus pantalones. —Tú hablando sobre lo que pasará no suena a que seas tú realmente —Alsius le corresponde también colocándose de pie. —Sea como sea ve y resuelve esta situación —dijo de mala gana—. Eres el capitán, que se note que al menos haces el esfuerzo —Alsius asiente mientras Exo va en busca de algo para comer entre las cajas que los marinos acomodan en la orilla de la playa. Sin pensarlo mucho comienza su andar hasta acercarse al capitán quien entre la desesperación de dar órdenes a sus hombres no logra captar la presencia de Alsius al instante. —¿Qué ha sido todo esto? —interrogó para dar apertura a una conversación normal. —Capitán —lo observó de reojo y luego prosiguió a dar un par de ordenes más a sus hombres—. Se ha tratado de una avalancha marina —contesta esta vez dirigiéndole la mirada—, siento mucho haber tenido que pasar por esto. Es la primera vez que me sucede y me encuentro totalmente apenado con usted —más que eso se notaba furioso y Alsius podía notarlo—. Buscaremos la manera de salir de aquí, aunque siendo una isla desierta no hay mucho de dónde escoger. —¿Puede armar un grupo de reconocimiento? —preguntó curioso al notar que todos parecen tener ya ocupaciones—. Podemos armar al menos tres grupos pequeños y ver qué conseguimos antes del anochecer. —No es mala idea —se nota dudoso—. Pero este tipo de islas inexploradas son realmente peligrosas por lo mismo. No sabemos lo que vamos a conseguir ahí dentro —señala el bosque con la mirada. —Pues es mejor encontrar que ser encontrado —el capitán asintió con la cabeza ante la verdad del muchacho. —Tendré listos dos grupos y usted puede armar el tercero —Alsius afirma con la cabeza y regresa hasta donde se había hallado recostado. Luego de un par de horas los grupos estaban listos para partir y en cada uno Alsius pensó que sería buena idea colocar a sus soldados como los líderes de pelotón. Hombres con experiencia en combate y lo suficientemente experimentados como para no dejar huecos sin tapar en dado caso de que sucedieran percances. Atravesaron hasta el interior de aquella jungla solitaria donde solo se podían apreciar olores extraños y algunos agradables, así como el canto de algunas aves jamás vistas o animales que se esconden entre los arbustos cercanos. Un hermoso paraje desconocido donde nunca habría estado de no ser un soldado y tanto, así como desde que por primera vez asesinó a alguien con sus manos el viaje de su futuro empezaba con pasos pequeños como explorar su alrededor antes de poderse explorar a sí mismo. —Es un lugar algo tenebroso —comenta uno de los marineros que acompañan a Alsius—. He visto lugares horribles, pero esto es tanto maravilloso como obscuro y solitario. —Los sonidos nos indican que no estamos tan solos —agrega el joven—. Aunque usted debe tener experiencia en ello, mucho más que yo. —He naufragado tantas veces que ya ni lo recuerdo —se podía observar en su blanquecino cabello menguado de vida que las experiencias vividas por aquel sujeto eran sumamente increíbles—. Pero este paraje es tan extraño, ya deberíamos haber encontrado frutas. Al observar las copas de los arboles e incluso lo suelos por donde caminan Alsius se da cuenta de que realmente no hay ninguna fruta o baya reconocida o comestible. Siguió observando un poco más, pero era solo una simple isla vacía hasta donde sus ojos alcanzaban ver. —¿Esto qué significa? —preguntó curioso como cualquier joven con ansias de conocimiento. —Que es bien una isla habitada o simplemente un lugar donde no se puede residir —para Alsius el comentario tenía completa lógica. Se ponía a analizar la situación y de no poder encontrar nada que les sacase del apuro no tendría escapatoria más que esperar un milagro que extrañamente, aunque fuese creyente de Dios no sabría si llegaría a suceder. Siguieron avanzando hasta llegar a una cueva en medio del camino solo dejando aperturas a los lados para seguir avanzando hacia adelante en la isla. —¿Deberíamos revisar? —pregunta otro marinero con un temor infundido por lo desconocido. —Sería lógico —dice observando al anciano—. Preparen unas antorchas —les ordenó a todos—, iremos a ver lo que se encuentra dentro. La cueva era estrecha al principio, pero a medida que avanzaban se iba expandiendo más hasta abrirse completamente a lo que parecía ser su tamaño máximo. Las luces del fuego alumbraban las paredes y hacían brillar los charcos de agua que goteaban desde la altura del techo. Era difícil apreciar con claridad algunas cosas por lo que debía acercarse de lleno hasta lo que llamase su atención. Un pequeño escorpión color rojo en seguida capta su inquisición por lo que se agacha en medio de una pequeña esquina para observar de cerca el espécimen. —Mortal si te pica —dijo el anciano detrás de él—. Mejor dejarlo tranquilo, a no ser que quiera una muerte intensa y dolorosa. Siguieron caminando luego de que Alsius dejara partir a la sabandija, pero antes de poder seguir todos recaen en vista de lo que uno de los soldados había conseguido pintado en las paredes. Se trataba de dibujos antiguos en significado nórdico y griego. Todos se acercaron a observar, pero nadie lograba descifrar lo que ahí contenían esas escrituras solo pudiendo ver con claridad los dibujos que se encontraban plasmados con lo que parecía ser alquitrán. —Son santas escrituras antiguas —dijo el viejo al muchacho—. Aunque no sé lo que dicen realmente. —Tampoco logro saberlo —no estaba entre sus cambios físicos e internos el comprendimiento de idiomas a los que no está acostumbrado. —Suena a malos presagios —dijo un joven marinero—. Este tipo de cosas son supersticiones hechas por los habitantes. —No decidas conclusiones por tu cuenta sin conocer el problema —se quejó otro más. Alsius podía notar qué, aunque la mayoría pareciese estar en calma por dentro sentían algo de temor por lo que acababan de presenciar. Las muertes plasmadas en los dibujos evidentemente no sorprendían de buena forma, pero para él observar la muerte en ilustraciones ya no era lo mismo luego de haberla presenciado en carne y hueso. —Sigamos —ordenó y de inmediato comenzó a caminar nuevamente seguido de la mayoría de los hombres incluido el anciano quien parecía confiar en él más que todos los demás. Los otros que dudaban no tuvieron más remedio que seguir la voluntad del hombre con más convicción y poder de mando, aunque no quisieran hacer más que salir comiendo nuevamente a la orilla bajo las faldas de la luz solar. —No da miedo la obscuridad —dijo el anciano con agrado hacia el capitán Alsius—, sino lo que ésta pueda poseer. —La luz de nuestros ojos pueden alumbrar aquellos miedos con valentía —le agradaba la forma de ser del viejo y el modo en que no temía a ninguna orden. —Muy sabio para ser más joven que yo —dijo sorprendido—. Por eso dicen que la guerra forja hombres jóvenes con voluntades de hierro. —¿Escucharon eso? —dijo el marino que llevaba temor desde que vio los dibujos. —No se escucha más que las gotas de agua cayendo —contesta el anciano antes de que Alsius haga algún comentario. —Huele a humo —Alsius se coloca las manos en la boca, aunque el olor sigue transitando sus fosas nasales—. ¿De dónde proviene? —todos comienzan a alumbrar hasta que se dan cuenta de que proviene de encima. Observan casi todos al unísono y se dan cuenta de lo inimaginable, un Garnaj. Considerado como una especie de dragón ciego y peligroso de más de tres metros de largo con afilados dientes y un cuello largo. Se trata de un gran carnívoro nocturno y auditivo, una especie de dragón quimera con un alto rango de peligrosidad. Alsius había podido analizarlo en alguno de sus libros, pero la información era escasa puesto que casi nadie sobrevivió al ataque de uno de esos monstruos. —No hagan ruido —comenta el anciano en voz baja, parecía también saber sobre el animal y sus instintos. Los marineros se comenzaban a impacientar por salir, lo mejor era regresar así que Alsius dio la orden de regresar al señalar con su mano izquierda el camino que se debía tomar de retorno. Todo parecía bien mientras avanzaban poco a poco hasta que uno de los soldados dejó caer un dije de plata sobre los suelos rocosos y este rechinó con un ligero sonido agudo que hizo al Garnaj moverse de su sitio hasta caer al suelo olfateando por todos lados. “Maldición —se dijo Alsius estático sin moverse a unos pocos metros”. No podía realizar movimientos bruscos o los marineros se asustarían atrayendo a la bestia fuera de la cueva, pero la manera en la que buscaba desesperada a sus presas era tan amenazante. El anciano señaló al muchacho negando con la cabeza para indicarle que no había que moverse por los momentos, pero solo hizo basta una gota de agua, una simple gota de agua cayendo sobre la funda de hierro de la espada de Alsius y en seguida la bestia volteó al lugar indicado. —Tal vez no nos haya visto —dijo un marinero y enseguida la bestia suelta un grito agudo y ensordecedor. —¡Corran! —gritó un marino y todos echaron correr. Sin mucho tiempo para pensar Alsius decidió seguirlos con tal rapidez mientras la bestia descontrolada se llevaba a rastras todo a su paso haciendo vibrar la cueva con pequeños derrumbamientos. Desesperados por sobrevivir todos corrieron con fuerzas hasta poder salir, aunque traerían consigo una plaga a la luz de un atardecer que podría convertirse en una luna sangrienta. —Con que trajeron la diversión —Exo y su grupo se encontraban en el mismo lugar justo afuera. —¿Llamas a eso diversión? —comenta Alsius asustado, la bestia mueve su cabeza de lado a lado para olfatear a los humanos de su alrededor. —Tal vez quieras darle espacio a los mayores para que resuelvan lo que los niños no pueden —Exo se adelanta un poco y sube las mangas de su camisa. No lleva puesta su armadura, pero por lo confiado que se ve Alsius duda que alguien como él la necesite. —Algo me dice que no resuelves los problemas como lo pienso —de inmediato el cuerpo de Exo comienza a ensancharse de forma física y brotan huesos de su piel como una segunda capa de armadura. Alsius no podía definirlo bien, pero era más que obvio, su forma humana solo escondía algo mucho peor que los secretos mortales del pecado. El peligro asecha desde los lugares más amados Esperarás tanto que terminarás derrumbado ante tus manos Convirtiéndote en esclavo de los años, y el pasar de los delitos Cometerás tantas fallas antes de haber podido cerrar el ciclo Regresarás al mismo, sin arrepentirte de hacerlo porque eres humano Llevas carne y huesos en tu cuerpo, y el alma manchada con deseos de eternidad.
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