Sin pensarlo mucho más confió en la amabilidad que el sujeto desprendía de su rostro y subió a la carreta de atrás. Mientras el caballo avanzaba el hermoso paisaje que se atravesaba entre sus ojos como un sitio inexplorado parecía ser tan cercano a su corazón como si se tratase de un lugar ya existente dentro de su ser. El clima acariciaba lentamente su blanquecina piel montañosa con un cálido aroma a flores y polen que desprende cada floral por donde cruza la carreta. Con un sol que emana una tranquilidad serena alejada de la frialdad de un clima inerte y peligroso, alejado de los propios sentimientos que ella ha mantenido ocultos desde su nacimiento. Ahora podía explorar el mundo con sus propias manos y descubrir aquellos secretos que parecían ser verdades ocultas y no simples mentiras para proteger algo.
Al cabo de unos minutos de camino por fin llegaron, una enorme extensión de cabañas en las montañas juntas las unas de las otras como si se tratase de una aldea más que un simple pueblo o una ciudad como muchos la consideran por su inmensidad y extensión alrededor de toda el área.
—Hemos llegado —el sujeto se baja de la parte delantera de la carreta y se acerca a la parte trasera para ayudar a Sara descender con cuidado—. Mucho cuidado al bajar —ofrece su mano para que ella se sostenga y Sara no pierde tiempo al lanzarse con los pies descalzos al suelo y sentir la frescura de la grama entre sus dedos.
—Es tan suave —se le nota el agrado en el rostro e internamente la felicidad la invade—. Le agradezco mucho por haberme traído —del bolsillo delantero de un pequeño bolso de piel que lleva saca una pequeña pepa de oro verde que le ofrece al sujeto con aprecio.
—Esto es más de lo que podría recibir —dice sorprendido al ver el mineral y estar al tanto de su costo.
—No lo necesito —ella le apretó fuerte la mano para hacerle entender que era suya.
Salió corriendo al horizonte mientras el sujeto seguía procesando la situación, cada tramo que avanzaba era un nuevo espacio para conocer y la belleza de un lugar donde el sol llega desde lo alto con la suavidez de la seda se mezclan con la cantidad de yacimientos naturales de mineral Etherium el cual es considerado como uno de los más importantes de la región por su calidad y belleza al recibir luz nocturna de la luna. Maravillada por cada paso que daba de un momento a otro se detiene a observar uno de los minerales saliendo del propio suelo en una pequeña ladera cerca de algunas casas. Eran cristales grandes y rectangulares trasparentes, pero con colores rosados, azules y amarillos reflejados por la luz del sol dentro de sí mismos. Al tocarlos sentía como la belleza podía empaparle las manos, pero nada más hermoso que la paz mental y espiritual que sentía en ese preciso momento al saber que había podido cumplir uno de sus más grandes y mayores sueños de la vida. Aquella sensación de logro que parecía amarga y al mismo tiempo le endulzaba la tarde por medio del sentimentalismo que se aparecía delante de su destino. Supo al verse reflejada en el cristal que ha vivido para este momento a solas con ella, donde es capaz de apreciar una verdad del mundo llamada muerte. Que está viva para que la belleza impura del mundo le siga enseñando sobre la vida y sus misterios, y que nada se podría comparar con el sentimiento de saber algo más allá de su propio nombre. Era la hora de comenzar su camino y debía hacerlo justo como el alquimista mencionaba, recorriendo el mundo a su imagen y semejanza y como fuese correcto para ella. Conociendo y no dejando de obtener información, viviendo para la eternidad o muriendo cada día hasta llegar al lugar donde reposan las almas. Una difícil decisión que había logrado tomar en memoria de sus padres, vivir para soñar y soñar para nunca dejar de vivir, aunque el mundo se empeñe en matarla a sufrimiento. Lucharía por lo que cree correcto y lo haría hasta dejarse las manos con posición al sol, luego de alcanzar sus metas para poder descansar en paz justo como aquel hombre hizo en aquella fría y solitaria cueva al desprenderse de su responsabilidad y sueños a medias. Al desprenderse de sí mismo por no poder soportarse, pero siendo capaz de transitar su última voluntad con una sonrisa. Sara llegaría al descubrimiento del mundo, algo que llamaba su atención en todo sentido. Seguiría caminando hasta donde las piernas escuchen a su corazón, y descansaría solo en las praderas más verdes para acostumbrarse a la soledad que traerían las cuevas más obscuras de su vida.
Todavía con el horizonte lejano de su destino el joven Alsius ansioso por la travesía que le espera se encuentra en la cubierta a un costado del barco observando con detenimiento el movimiento de las olas que colisionan con el navío. Es un sentimiento de tranquilidad, bajo un cielo azul donde todo se encuentra sereno y los hombres descansan luego de una ardua mañana de trabajo en el barco antes de continuar con sus deberes al anochecer. Volvió a pensar en su futuro y lo que le esperaba tras esa gran puerta imaginaria que debía cruzar antes de tiempo, antes de convertirse físicamente en un hombre que todo lo puede en esta vida.
El capitán le observa desde el mando del barco y al verlo tan distraído decide acercarse hasta el joven oficial con curiosidad sobre lo que un muchacho tan lozano podría estar pensando.
—Si las olas fuesen como la vida, quizá no siempre chocaríamos con un barco —la oración deja a Alsius pensando, pero al instante capta el expresar del capitán quien se refiere a que si fuésemos completamente libres como el mar quizá los golpes de nuestra vida no fuesen tan fuertes o simplemente jamás colisionaríamos en contra de algún navío.
—Si fuésemos el mar seguramente tendríamos muchos secretos internamente, aunque seamos libres por fuera —replicó de inmediato—. Creo que la verdadera libertad empieza por lo que sentimos dentro de nosotros mismos, y sin ello no podríamos llegar a ser como el océano.
—El océano se esconde por miedo —añade el capitán recostando sus antebrazos en el costado del barco—. Aquí el verdadero problema es que nosotros los hombres de mar nos negamos a aceptar que hay secretos que deben permanecer ocultos.
—Hasta las tumbas deben ser abiertas para comprobar si el muerto sigue ahí —el capitán sonrió al escuchar dicho comentario de un joven inexperto del alta mar.
—Qué tanto daño se puede recibir en la vida para tener pensamientos como esos —soltó al aire—. Como si fueses más que un simple soldado que busca complacer al rey, lo que me dice que tienes pensamientos rebeldes.
—¿Qué no puede un hombre pensar por su cuenta? —voltea la mirada hacia él con duda.
—Cuando no se controla el propio interior sucumbes a la doctrina de los demás —responde el capitán—. Entonces es ahí cuando dejas de pensar para ti mismo porque de inmediato tus pensamientos solo pasan a ser el reflejo de lo que los demás quieren para sí mismos.
—Seguro que el rey impone demasiadas cosas —dijo en voz alta. Ya venía con dicho pensamiento activo en la mente, ese de que el rey solo juega las cartas a su favor, pero sin pensar en los resultados que se puedan convertir en consecuencias para los demás—. Pero de nada le sirve al hombre pensar por otros sin saber lo que para ti está bien.
—Hay quienes dan la vida sin saberlo —saca del bolsillo interno de su chamarra una brújula brillante de oro con la que apunta al horizonte para saber el destino en que se encuentran.
—¿Dónde estamos? —interrogó Alsius. El capitán vuelve a guardarse la brújula dentro de la chamarra y no despega la mirada del horizonte.
—Encaminándonos directo a la voluntad del rey —Alisus asiente con la cabeza casi soltando un sí con la boca.
—¿Las brújulas dan la dirección correcta? —esta vez el capitán lo observa.
—Claro que no —sonrió de inmediato—. Esto es un mito, es el corazón de los marinos lo que los lleva al destino correcto.
—Tal vez solo estén acostumbrados al mar y no necesiten brújulas —dice Alsius—. Pero creo que, aun así, si los corazones sirvieran para dar direcciones no estaríamos caminando por destinos inciertos —el capitán calló ante tal demostración de sabiduría. Un hombre de mar no podía competir con quien sufre en la tierra donde nada amortigua tus pies que pisan suelos duros y sólidos.
—¿Quieres cenar? —parecía un cambio de tema repentino, pero solo quería dejar la nostalgia de la imperfección del mundo para después—. Seguro que la noche se acerca con presagios tormentosos.
—El cielo está esclarecido —Alsius entre cierra los ojos por la luz solar y observa las alturas—. No parece que vaya a llover en días.
—Créeme —el capitán comienza a caminar hasta el timón—. ¡El viento nunca miente!
La brisa sopló suavemente el rostro de Alsius y con un ligero beso en las mejillas comprendió que la dulzura de la naturaleza humana se basa en ser capaces de comprender tu propia existencia. Así serás capaz de conectar espiritualmente con el viento, y este te dirá cosas que nadie más que tú podría comprender. Solamente te aconseja de la vida, pero sigues siendo el que pone las riendas del camino, y pisas los charcos que más te gusten.
La cena estuvo tal cual como lo imaginaba, la mayoría de las comidas eran solo provisiones, aunque él y sus tres soldados comieron lo mismo que el capitán del barco lo que generalmente suelen ser las mejores comidas. Carnes de res y las mejores guarniciones para los de alto rango en el navío, mientras que los marineros de baja categoría solo pueden llegar a probar trigo y pan entre otras cosas básicas como cerveza o licor de baja calidad.
Al finalizar su cena Alsius se dirigió hasta su camarote con el estómago lleno y la cabeza dando vueltas en círculos viciosos de dudas y pensamientos. Se quedó dormido entre tanto ajetreo, el mar había dejado de estar en calma, pero aun así fue capaz de descansar plácidamente durante un par de horas.
Un estruendo le despertó a plena media noche, se escuchaba el ajetreo de los hombres y el mar estaba tan avivado que las olas llegaban a golpear la ventana del camarote. Decidió ver qué sucedía, se encaminó a las escaleras y al subir inmediatamente una fuerte ventisca intentó arrasar con él mientras una enérgica lluvia descendió sobre su cuerpo de manera furiosa.
—¡Icen las velas! —se escuchaba constantemente. El contramaestre guiaba a sus hombres a los puntos estratégicos del barco para asegurar los amarres mientras que los demás aseguraban las provisiones en caso de que sucediera algún percance.
—¡Capitán! —grita uno de los marineros—. ¡Avalancha! —el hombre señaló a un costado del barco donde a la cercanía se encontraba Alsius observando de cerca el espectáculo que se vive en las travesías marítimas. Volteó a su derecha, pero era demasiado tarde para huir, una gigantesca ola se había acercado hasta el navío y lo último que podía hacer era aguantar la respiración y rezar por no morir.
Sintió el impacto hundido en el agua como si el mar se hubiese tragado el barco, braceando para poder surgir a la superficie no lograba hallar el final del camino. Se ensordecieron sus oídos solo pudiendo apreciar la suave canción de cuna que le ofrecía el mar por dentro mientras acallaba vidas fuera de sí. Todo huracán tiene en paz sus almas por dentro, pero por fuera desprende cada demonio que haga falta para arremeter vengativamente contra un mundo injusto. Observando encima de sí mismo se da cuenta de que muy arriba el cielo posee puntos brillantes que cada vez se obscurecen al perder oxígeno.
“Son… estrellas —dijo mentalmente mientras perdía el conocimiento—. Son… hermosas estrellas de paz”.
Cómo saber que el mar te llevará lejos si primero no intenta hundirte
Cómo saber que tocarás el cielo sin tener los pies en la tierra
Cómo tener un propósito si no has aprendido conocerte
Cómo hacerte tantas preguntas si tienes miedo de las repuestas
Cómo caminar al horizonte si solo dejas que los demás guíen tus pasos
Cómo amar sin conocer y conocer sin amar
Cómo vivir pensando en morir, cómo surgir de tu propia soledad
Lo harás sin pensarlo tanto luego de haberlo deliberado
Y si después de que lo haces no consigues respuestas
Cómo pretendes rendirte antes de que termine el fin de tu viaje en esta tierra.