Capítulo 13.

2281 Words
Aún lejos de su llegada a Etherium, Alsius se encuentra intentando dominar el arte de la meditación mientras se encuentra en la carreta de camino al puerto Sarim. Deberán cruzar parte del mar para poder llegar al otro lado del noroccidente y continuar el viaje al destino mencionado por la carta del rey. Ha tenido tiempo suficiente de meterse de lleno en sus pensamientos, aunque por instantes suele desconcentrarse por los sonidos externos, no obstante, sus ojos están completamente cegados de la luz solar por mantenerlos cerrados con fuerza intentando no sucumbir al sueño de un excesivo cansancio por delineamientos tan imponentes para su propia mente. Aprendiendo el arte budista de la meditación se ha dado cuenta de que las capacidades humanas van más allá que la de las bestias o monstruos de los que haya tenido conocimiento. Somos capaces de arremeter con nuestros propios demonios internos, aunque para él ese tema se encuentre con total delicadeza casi intratable. El movimiento de lado a lado que la carreta tiene se ha acoplado perfectamente a su cuerpo el cual desliza de la misma manera suavemente dejándose llevar sin resistirse para poder permanecer en perfecta armonía con su interior. No consigue respuesta a tantas preguntas, pero consigue preguntas para tantas dudas que es sencillamente abrumador para alguien que nunca ha estado capacitado para soltarse mentalmente ante cualquier situación de vida. La importancia de la inteligencia y conocimiento para los seres humanos va más allá de la comprensión frívola sobre las necesidades básicas para mantenernos hasta la vejez y morir. Se da cuenta de que podríamos utilizar nuestros conocimientos para salvarnos el alma y la del mundo antes de que termine de romperse a pedazos desgranados por el suelo terrestre que pasará a la historia de seguir en el mismo destino en el que se está enrumbando. La vida nunca le había premiado con mucha inteligencia, pero sí con una imparable voluntad para seguir sus metas, aunque le cueste perderse sin retorno en lugares de los que solo saldrá si otros deciden que así sea. Seguía recordando a su madre y lo que pudo haber sido para que ella viese, y aunque creyó que ella le estaría observando desde los cielos ahora dudaba sobre la verdad que la biblia dice de la muerte. —Llegamos, señor erudito —dijo Exo de mala gana. Alsius abre los ojos y efectivamente se encuentran en el extenso puerto de Sarim. Desciende del carruaje y aspira el olor del mar que le llama con tanta amabilidad para apretujarle las mejillas en la proa de un barco con la mirada destinada al horizonte de sus metas. —Amo este clima —comentaba Lira al acercarse a ambos. —Odio el mar —refunfuña Or, quien en su pasado tuvo que recorrer gran parte del continente en barcos hasta llegar a Zalador. —Sea como sea déjense de lloriqueos y busquen sus cosas —les demanda Exo y los dos se devuelven al carruaje. —Señor —dijo uno de los soldados—. Aquí nos despedimos de ustedes, esperamos que tenga un buen viaje. —Te lo agradezco, puedes llevar las cosas al barco si no es mucho problema —correspondió Alsius y el soldado luego de asentir se puso en marcha junto con los otros seis para llevar las provisiones y armas directo al barco que les esperaba. Un hermoso navío hecho de la mejor madera con alta calidad y finura, expresando grandeza como al rey suele gustarle con esos detalles en oro y la estatua de sirena que se visualiza en la proa. Aunque por muy extenso que fuese el puerto, Alsius no tendrá tiempo de recorrerlo todo como esperaba hacerlo, sin mediarlo demasiado se arribó a los adentros del navío para conocer al capitán que los llevaría hasta el otro lado del noroccidente. —¡Camaradas! —dijo alegre el hombre—. Bienvenidos al navío Atenea, su capitán presente está al mando de llevarlos sanos y salvos como el rey lo ha solicitado. —Sí claro, solo no me hagas llegar más tarde del tiempo que hemos perdido —comenta Exo con pedancia caminando hasta las escaleras que descienden a las habitaciones seguido de Lira y Or. Los soldados al mando de Alsius acomodaban las cosas en la cubierta para antes de partir. —No suelen ser muy animados nunca, así que esperar de ellos una sonrisa sería una pérdida de tiempo —Alsius extiende su mano para saludar al animado capitán y corresponder correctamente a su bienvenida. —Usted debe ser el hombre a cargo —aunque ya había escuchado de él se le hacía difícil creer que un niño fuese el capitán del regimiento imperial de primera línea del rey—. Muy joven para parecerlo, pero no juzgo por edad sino por determinación. A los hombres del mar nos gusta confiar en las personas según sus capacidades para izar las velas en vientos fuertes. —He de imaginar que confía más en las acciones que en las propias palabras de un hombre —el capitán le palmea la espalda con ánimos. —¡Usted y yo nos vamos a entender bien! —Seguro que sí —respondió amable a pesar de la extraña situación. —Sígame —el capitán cruza su andar desde la cubierta hasta la proa con vista al horizonte soleado que daba presagios de buen clima para viajar sin inconvenientes—. Este es el hermoso espectáculo que nos regala la madre naturaleza antes de partir a nuestros viajes. —Digno de admirar para quien conoce del arte —creyó que solo pocos logran apreciar la belleza del mundo. —¿Sabe por qué? —le observó de reojo con una sonrisa entre labios. —Desearía saberlo si usted lo permite —contesta el muchacho. —Porque bien puede ser lo último que veas al cruzar la línea imaginaria de la frontera del puerto e incorporarte al medio del mar donde no sabes lo que puede pasar. Tenía total razón, el mar es hermoso de día y peligroso de noche. Tan comprensible cuando las olas retocan la punta del navío y te guían sin brújula, e incomprensible cuando las furias de las tormentas te encallan o te hunden a hasta el fondo del océano. Muchos van, pero pocos regresan y desde donde se logra ver ahora puede que lo único que llegues a distinguir sea un infinito de agua tragándote a brazadas desesperadas por querer vivir. —Confió en que sepa manejar su navío —dijo seriamente. —¿Bromea? —dijo sonriente—. He manejado este barco desde que usted estaba en pañales al menos y hoy en día tengo cincuenta y cuatro años de experiencia. —Dejo nuestro viaje en sus manos, y también el pago que seguramente el rey dará por sus servicios. —Puede descansar tranquilo —Alsius lo observa y asiente con la cabeza. Sin más que añadir se dirige al interior de barco para buscar un camarote y poder descansar lo suficiente hasta llegar a su destino al cual tardaría un día y poco más que eso. Parecía una ajustada habitación de marineros, pero cómodamente se ajustaba a lo que Alsius estaba acostumbrado, durmiendo en pajares friolentos o en establos calurosos. Había una bonita y redonda ventana por la cual podía observar a las afueras, aunque con la visión limitada a un solo lugar. Nada más lo entretendría a ratos cuando sienta que no quiere salir para tener que observar el mar. Al pasar unos minutos el navío se comienza a mover, y en cuestión de horas ya se encuentran en la alta mar rumbo al puerto de desembarque para ir a Etherium. Sentado en la cama no logra conciliar un sueño de medio día por la fragilidad de sus pensamientos y dudas, mientras escucha como los hombres de cubierta realizaban sus respectivos trabajos para mantener el navío en su mejor funcionamiento. “Quizá debería leer, aunque no veo algún libro aquí —se dijo a sí mismo buscando con la mirada al menos algún pedazo de papel olvidado que le sirviese para entretener la mente”. —Mocoso —se escucha del otro lado de la puerta—. Sal un momento —Alsius se levanta y en menos de dos pasos ya se encuentra frente a la puerta. —Exo —dice al abrirla—. ¿Qué sucede? —interroga con curiosidad de que sea él mismo quien lo busque. —Hablaremos del plan, solo ven —se comienza a encaminar por el pasillo hasta su camarote y Alsius le sigue sin pensar en algún peligro vivo que pueda haber. Se encontraban también Lira y Or, el camarote de Exo parecía ser más grande que el que Alsius había escogido, lo que parecía raro considerando que siempre suelen ser de las mismas medidas. —Sera mejor que hablen rápido —dijo Lira—. Me gustaría irme a dormir para rejuvenecer mi piel. —Basta de juegos, nos pagan para esto así que comporten sus modales —Exo impone su carácter—. Niño —observa de reojo con mala gana a Alsius —. ¿Algún plan? —He tenido algo pensado desde que estábamos en la posada —al principio sintió algo de incomodidad, pero ese miedo al estar frente a lo que parecían ser soldados de la muerte desaparece con el ruido externo del barco golpeando con las olas del mar—. Podría servirnos si queremos conseguir rápido a nuestros objetivos, pero deberán seguir órdenes que no creo sean capaces de seguir. —Tú mismo dudas de tu mando, ¿Cómo no lo haríamos nosotros? —le replicó Exo. —Ustedes son hombres libres de pensamiento que se han regido bajo sus propias reglas en este mundo —explica Alsius—. Pero no es que no confíe en mis capacidades de mando, es que no confío en que ustedes quieran seguirme pensando que sus propios pensamientos son mejores que los míos. Se ve que me odian, aunque no me conozcan del todo, lo que me lleva a la conclusión de que no querrían seguir mis palabras. Y así yo no deje que se las lleve el viento necesito que estén dispuestos tanto como yo a seguir la mejor estrategia para conseguir nuestro cometido. —¿Nos estás pidiendo seguir tus órdenes? —dice Lira confusa. —Les estoy pidiendo que confíen en mí como yo lo haré en ustedes —observa a Exo con esa determinación que ahora lo caracteriza como un fuerte soñador—. Será la única forma de salir victoriosos, o de fallar por pensar como niños pequeños. El clima se detuvo para Sara, dentro de aquella cueva que observaba desde las afueras yacía e cuerpo inerte del alquimista que decidió quitarse la vida a sí mismo al atravesar su garganta con una hoja afilada de plata. Poseía tal poder en sus manos que temblaba más por el miedo que por el frío, e innegablemente sentía la curiosidad de querer probarlo. Perseguiría metas que no estaban en sus planes y saltaría charcos que anteriormente evitaba para no mojarse. La vida le había dado una segunda oportunidad para morir nuevamente y esta vez ella no podría desperdiciar el sentimiento en vano. Faltaba poco para terminar de descender la montaña, al pasar dos horas de camino por fin pudo llegar al mayor descenso de su vida y los límites entre la muerte y la vida se podían denotar con un hermoso paisaje floreado entre medio de lo que detrás de ella se podía apreciar como la perdición. —Es hermoso —tanto como lo era en sus libros y tanto como ella misma lo había imaginado—. Eso es la vida después de la muerte, así se ve la línea imaginaria entre el mundo mortal y el espiritual. Se acercó hasta algo que nunca había tenido la oportunidad de tocar más que con sus propios ojos, una flor de camelia tan hermosa como el contraste que la luz solar refleja en sí. Un hermoso espiral de pétalos pequeños girando infinitamente en armonía. —Es tan preciosa —se agacha para tocarla con ambas manos y la suavidad del olor se queda con ella —. Perdona —dijo con cariño y arrancó la flor para colocarla en su cabello. Dirigió su mirada nuevamente al horizonte y se encaminó durante algunos minutos hasta encontrar un camino de tierra entre una verde extensión de árboles que se abren en la inmensidad del cielo. Un hombre que cruzaba con su carruaje se detuvo unos momentos al ver a la chica despistada y enseguida Sara captó su atención. —¿Perdida? —preguntó con amabilidad, pero más que prestarle atención al sujeto Sara se interesa por el caballo a quien se acerca para acariciarlo—. Seguro le agradas —soltó con una sonrisa al cabo de unos minutos cuando ella lo acariciaba con tanto gusto. —Señor —dijo sonriéndole al caballo y luego le observó al rostro—. ¿Dónde me encuentro? —Te encuentras en Etherium —dijo sin más—. Ven, sube y te llevaré. Ciertamente los viajes de nuestra vida son hermosos, a veces imprecisos Con parajes naturales y otros que creamos desde nuestro abismo La imaginación nos gana, pero la realidad es tan inefable Vivirás cada momento sin correr por todas partes, al mirar que ya te encuentras donde siempre deseaste Soplarán todos los vientos para intentar regresarte, pero tu barco no vuelve porque tú ya lo encallaste Si quisieras que se fuera todo a lo que te acostumbraste solo mira el firmamento Para saber que llegaste.
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