Capítulo 9.

2242 Words
—Palabras vacías —responde molesto por no ser capaz de pensar más allá de lo que el muchacho le comenta—. Solo sube, debemos irnos para llegar al atardecer hasta nuestro primer destino. —¿Y los demás? —observa a fondo en la carreta, pero no se ve a nadie más. Exo señala la carreta de atrás y Alsius voltea a verla deduciendo que esos otros dos se encuentran cómodamente acomodados en dicha diligencia. Subió al carruaje, acomodó una pequeña bolsa de cuero que traía consigo llevando un poco de dinero, un libro y nada más que eso adicional a su armadura para el viaje que se estaba por recorrer sin regreso cierto y con destino incierto hasta un lugar totalmente desconocido. Los carruajes empezaron a moverse, se podía observar cómo alejaba su mirada del reino hasta que en cuestión de minutos ya sus ojos no podían observar con claridad a la distancia los detalles de aquel lugar soñado que tuvo desde que era un niño. No había leído la carta, abrió el pergamino mientras Exo solo se limitaba a dormir y comenzó a leer los detalles de su misión para estar al tanto de las expectativas del rey y poder saber con vislumbre lo que debía hacer en un momento dado. Según lo entendía, en las colinas de Etherium, un hermoso pueblo alejado de las sociedades cercanas algunas doncellas que el rey había enviado para la santificación del cuerpo habían desaparecido. El rey necesitaba procrear un hijo proveniente de un vientre virgen y santificado como las santas escrituras del Dios Agmud lo señalan. La única manera de asegurar que el trono esté a salvo de ser tomado por cualquiera es bajo ese único método trascurrido de generación en generación durante los siglos pasados. Debían investigar los sucesos, Etherium está justo a cuatro días en carruaje por lo que habría tiempo de planear una ruta o un sistema de alcance mayor que les permitiera recorrer aquellas planicies con facilidad para conseguir encontrar sin problema a las mujeres perdidas. En total son cinco, y el rey no puede permitirse perder la oportunidad de procrear cinco hijos con sangre real y espiritualmente limpia para sucesores del trono. Alsius recostó la cabeza en la lona del carruaje al terminar de leer el informe y las indicaciones, suspirando por la iluminación de su Dios que, aunque no fuese el mismo que el de Zalador seguía siendo el único en quien podía confiar para poder terminar la travesía sin inconveniente alguno. Parecía que las horas trascurrían lento, el sol tardaba en decaer luego del medio día, pero el caliente que se posaba sobre sus cuerpos era tan ardiente como las brasas del enano herrero que visitó en el reino para pedir trabajo. Observó que Exo, aunque parecía estar durmiendo solo mantenía los ojos cerrados, pero su oído estaba tan atento como para escuchar las conversaciones ajenas y mentales de cualquier individuo a su alrededor. —Seguro que piensas mucho en lo que delibero dentro de mi mente —comentó Alsius para sacar algún tema de conversación. Conocer al enemigo es tan importante como conocer a los aliados, dándose la tarea de saber más de aquellos dos hombres y esa mujer que parecían cargar con más pasados dolorosos que cualquiera de su propia especie o entorno. —No me gusta ser molestado cuando duermo plácidamente —responde sin abrir los ojos, el sol le molestaba la visión—. Si quieres saber algo lee un libro, no esperes que de mi boca surja una charla contigo. —Aunque no pareces ser muy hablador —dejó el pergamino a un lado—, creo que eres un charlatán cuando se trata de dinero, bebidas y mujeres. —¿Hay algo mejor que eso? —Alsius se queda pensando, para él hay muchas cosas mejores que esos deseos superficiales. El cantar de las aves en primavera, o la frescura del invierno luego de un verano caluroso. El caldo que su madre preparaba para él en esas noches de desvela o simplemente el poder vivir como sus sueños se lo indicasen. La única diferencia es que un hombre como Exo seguro no le entendería, y esas palabras que quisiera comentar solo sirven quedándoselas para sí mismo. —Hay mucho —contestó el joven—. Pero todos gustan de diferentes placeres en esta vida como para yo imponerte los míos. —Para tu edad incluso diría que piensas mejor que el comandante —se refirió a Faraha con quien mantiene una relación nada amistosa por obligación del rey—. Reconozco que no eres común, pero se te da mal pensar que comprendes los verdaderos placeres de la vida como un adulto. —Si un niño no puede hablar de placer entonces un hombre no puede hablar de sueños —contesta con análisis sobre su misma respuesta, la cual parecía correcta ante sus ojos—. Lo que para mí es verdadero, para ti solo es una pérdida de tiempo. Crees que tu juicio está bien, has olvidado lo que debes ser porque te impones lo que una espada deja en tus propias manos. —Los sueños existen para despertarse y vivir la realidad, no para aferrarse a una ilusión —Exo comenzaba a molestarse de que sus palabras fuesen rechazadas con tanto desprecio según lo escuchaba. —Debe ser triste que tu realidad sea solo un placentero momento de embriaguez —sus ojos dicen que no es la vida que desea llevar. —Yo soñé, y tuve mis momentos de iluminación en esta vida —por primera vez en la conversación y desde la salida del reino Exo abre los ojos dejando que la luz ilumine sus ojos color café—. Pero en este mundo los sueños deben ser un arma con la que puedas defenderte. Pensar en ser feliz no se puede considerar un sueño si eso es lo que quieres decirme, pero pensar en ser un dictador y asesino tal vez te lleve más lejos que un destino donde quieras verte sonreír con una familia. —La vida es para quienes quieren vivirla a su modo —contesta afligido por haber escuchado una verdad directa sin aviso—. No para aquellos que se ajustan a lo que el mundo les ofrece como si no pudiesen merecer más nada que lamerle las botas al destino. —Dime que no tomarás lo que la vida te dé cuando tengas un año de hambruna y delante de tu mirada se aparezca un c*****r podrido de cualquier animal no comestible que aun posea carne en sus huesos —Exo dejó que pasaran unos segundos sin respuesta, el sol comenzaba a descender y la noche llegaría pronto—. Ahí te conocerás a ti mismo y el mundo que te rodea, así que deja de pensar como un maldito crio y compórtate como lo que eres. —¿Cómo un hombre? —preguntó dudoso sobre si eso es lo que parece querer decirle. —Como una maldita marioneta de los hilos que te mueven hasta el día de tu muerte. No pudo decir nada más, para Alsius la conversación había terminado en ese acribillamiento de verdades puntiagudas que se quedaron clavadas en su cuerpo. Dejó de observarlo y regresó la mirada al atardecer que se comenzaba a tornar de un color dorado. Pensaba en lo hermoso que sería poder visualizar tal tranquilidad al lado de su madre, pero descender la mirada hacia los soldados y el carruaje de atrás le sacaban de ese bucle momentáneo del que quería pretender vivir sin reconocer las verdades que Exo dejó en él como recordatorio frío y penumbroso sobre la vida de un portador de muerte y destrucción. Porque ese destino le había tocado la puerta, y su inmadurez ilusa abrió creyendo que nuevamente sería su madre trayendo el estofado del fogón a las afueras de la granja. Antes de caer la noche llegaron a una posada, un hermoso paraje bien posicionado y con vista a un hermoso y pequeño lago lleno de peces dorados que Alsius reconoció en seguida. Se trataba de las famosas tunas del desierto, unos hermosos peces de color amarillento con propiedades curativas a media calidad capaces de aliviar heridas superficiales y poco profundas como la cortada de un sable o el disparo de una flecha. Considerado como magia de nivel uno entre los aprendices a hechiceros. —Capitán —llama uno de los soldados y Alsius reacciona de su impresión. Solo había podido leer sobre aquellos peces en los libros que solía ojear de vez en cuando. —¿Sí? —comentó al acercarse y nota que una dama vestida de kimono realiza una reverencia para él. —Seguidme por favor —la mujer se da media vuelta y comienza a caminar hasta los adentros de la edificación de madera con estilo oriental. Se podía observar la humareda de vapor detrás de aquella posada, lo que daba señales de un balneario con aguas termales para calentar el frío asentado en las noches. No había nada de sorprenderse, por donde mirase, aunque todo era nuevo no había mucho que le dejara intrigado más que la sencillez de un lugar que si bien había sido escogido por el mismo rey parecía tan vulnerable al ataque de los enemigos como si se tratase del asalto a la casa de un pobre carpintero con puerta de palos. —Pueden elegir las habitaciones que deseen —al decir esto tanto Exo como los demás van en busca de sus respectivos lugares para descansar. Alsius observa a ambos lados del pasillo, pero no se decide por recorrer alguno—. Usted puede venir conmigo —señala la dama y se adentra en el pasillo frente a ellos hasta dar salida a un pequeño jardín que cruzan de lado. Hermosas flores que se tornan coloridas por las luces de algunas luciérnagas que se ven menos brillantes por la falta de obscuridad. Llegó hasta una habitación donde dentro estaban bien acomodados en el suelo dos ancianos sentados de rodillas alrededor de una pequeña mesa de té. La mujer extiende su mano para indicarle a Alsius que se adentre y al hacerlo ella cierra cuidadosamente la puerta sin hacer mucho ruido. Se trataba de dos hombres pálidos de color y unas luces artificiales que alumbraban bien la habitación. Uno de los hombres lo observa, parece analizarlo con cuidado y aunque parece no estar de acuerdo con algo el otro de menor apariencia ruda sonríe ligeramente calmando las ansias del joven muchacho inexperto. —Bienvenido —dijo el de aspecto más rudo, cosa que deja desconcertado a Alsius por la amabilidad de su voz—. Seguro eres muy joven para ser el capitán, pero creo que en tu mirada residen secretos que ni tú mismo conoces. La seguridad de tus manos al sostener el aire que cruza por ahí me dicen que eres amable pero la vida no ha sido respetuosa contigo. —¿Son ustedes alguna clase de eruditos? —Alsius se acerca con confianza y se agacha para adoptar la misma posición que los hombres en el suelo. —Somos los consejeros externos del rey —contesta el otro anciano—. Seguro no has escuchado de nosotros, no hacemos cosas muy relevantes como para que nuestros nombres sean mencionados. —Debe haber alguna razón para que yo esté aquí —de repente uno de los hombres saca una pipa de tabaco pequeña. Enciende y al aspirar el humo impregna las cercanías de toda la habitación, extrañamente figuras salían de dicho humo como si contasen una historia en silencio. Cinco mujeres bailando alrededor de una fogata que se vuelve cada vez más grande, tanto que las llamas parecen llegar al cielo con furia. Las mujeres se alejan del fuego, tienen miedo y sus manos tiemblan al señalar algo que se acerca a ellas. El humo se desvanece, las mujeres no están, pero el fuego se mengua poco a poco hasta desaparecer en una pequeña llama que termina siendo el humo del tabaco hasta que por una pequeña ventana todo se marcha como si jamás quisiera volver. —Has visto lo que el papel que llevas contigo no demuestra ni con las palabras más expresivas —Alsius tocó sus bolsillos, pero ya no lleva el pergamino consigo—. Cuando de ti desaparezca la visión del mundo, deberás buscar quién te aconseje si tú mismo eres incapaz de hacerlo. Porque las verdades pueden variar en cada cabeza que es capaz de pensar como las manos que son capaces de labrar bien la tierra. Tu rey puede y será el más sabio, tomará decisiones que tú serías incapaz de pensar, pero dime una cosa ¿También será tu verdad? Difuso puede ser el clima que acompañe tu realidad, sin saber que es tuya Porque desde donde pende un hilo se pueden conectar miles más Para tejer la hilada de una red de mentiras que vas a creer desde otra perspectiva O te mueres con lo que sabes vivir, o vives sabiendo en el mundo de alguien más Pero jamás la verdad será verdad, cuando todo se use según tu propio criterio El dolor sigue doliendo después que lo dejas incluso, porque pensarlo te seguirá carcomiendo Verídico o no, el mundo sigue siendo extraño y a veces falso, pero tanto es como no es Que simplemente terminas atraído por vivir en esta falsedad que te toca transcurrir.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD