—Fui enviado para unirme con el equipo de reconocimiento —recalcó el joven en medio de la disputa a pesar de no saber con quién estaba discutiendo—. Necesito reunirlos para una misión.
—¿Sabes contar? —preguntó una mujer.
—Sí, sé contar —respondió Alsius y de inmediato comenzó a sentir somnolencia desde la cabeza hasta la debilidad de sus propias piernas. El sujeto con quien hablaba apretó su garganta con fuerza y evidentes ganas de ahorcarlo, pero en seguida el instinto demoníaco defensivo del muchacho se activó con un ligero suspirar donde por poco succiona el alma del sujeto desde sus entrañas.
—¡Vaya! —dio un salto hacia atrás—. Este no es como los demás.
Las luces de unas antorchas alumbraron desde el pasillo de la mazmorra hasta acercarse directo a la habitación encendiendo todo el lugar.
—Veo que se han conocido —Alsius voltea y se da cuenta de que se trata del rey. Aun no lograba respirar con eficiencia, el rey lo nota y alza su mano para indicar que paren—. No seas tan dura con el muchacho Lira.
—Solo jugábamos un poco —el hechizo de Alsius desaparece y vuelve a respirar con calma, aunque durante segundos el aliento no llega y siente casi estar ahogado.
Al observarlos se da cuenta de que son semi-humanos, la mujer es lo que podría llamarse un elfo por la forma puntiaguda de sus orejas y la forma fina de su rostro y cabello. El hombre que había sostenido del cuello a Alsius parecía ser un humano normal, pero algo dentro de él le decía que no era lo que aparentaba por dentro. Mientras que el hombre sentado al final en una mesa mientras tomaba una cerveza era nada más y nada menos que una quimera, mitad hombre y mitad bestia comenzando por aquella parte de su rostro con aspecto de fiera rayada.
—Es el nuevo capitán —comentó el rey para apresurar la conversación.
—Siempre de perro faldero, Faraha.
—En efecto sirvo al rey aún —comentó el comandante. Había decidido hacerle compañía a su majestad en la visita a la mazmorra junto con dos de sus guardias personales—. Pero por lo visto, Exo —dijo al sujeto de aspecto más normal—, tú sigues siendo una escoria.
—Vaya, se pierde el respeto incluso en mi propia celda —dijo con esa voz corpulenta y cuerpo definido en pro a combatir, pero el rey no dejaría que se diese una disputa en su presencia.
—Más respeto ante su rey —todos hicieron silencio a pesar de que aquellos tres miembros de la brigada de reconocimiento fuesen tan imponentes—. El muchacho tiene el pergamino —Alsius se lo observa entre las manos, no ha tenido tiempo de comentar una sola palabra, pero prefiere mantenerse así por los momentos—, espero que la misión se cumpla con los requerimientos necesarios. Hablamos de que lo sucesos que arremeterán en contra de los reinos vecinos también podrían cargar con nosotros si no hacemos algo al respecto.
Todos escuchaban con atención las palabras de su rey, nadie se atrevía a interrumpir no solo por respeto sino por la lealtad que tenían hacia las palabras de aquel hombre que se consideraba como uno de los más sabios de entre muchos eruditos y hechiceros que habían estudiado las artes místicas durante tantos años.
—Solo a este grupo serán asignadas misiones como éstas —Exo se acerca a Alsius y de sus manos arrebata el pergamino para leer las instrucciones por cuenta propia. El muchacho no decía nada, y nada podía salir de su boca en esos momentos donde no sabía cómo reaccionar ante una situación tan delicada como la responsabilidad de una primera misión donde las cargas y vidas de otros hombres residen sobre sus hombros—. Seguro sabrán leer bien, no hay mucho más que decir.
El rey nunca había sido un hombre de tantas palabras a menos que decidiera dar un discurso, de resto prefería mil veces estar al silencio de las órdenes que solía dar confiando en que sus hombres realizarían bien el trabajo.
—Suena y me huele a que los bolsillos de alguien se están llenando —comentó Exo con un ambicioso deseo de formar parte de aquella misión tan entretenida para un casi prisionero del reino que solo salía cuando el rey decidía que así fuese.
—Tendrán una buena recompensa —dijo orgulloso el rey con ese aspecto de seguridad mayor que el de ningún otro—, así que mejor no tarden demasiado en cumplir. El tiempo límite les deja en claro que necesito rapidez en el asunto, o no solo ustedes serán los únicos que sufrirán la furia de aquellas acciones que no hemos podido detener.
—A sus órdenes —Exo hace una reverencia con la cabeza, pero entre labios la sonrisa que mantiene es tan detestable como la de un ladrón que intenta parecer tener el rosto limpio con el hollín saliéndose de sus poros.
Faraha observaba preocupado al muchacho, dejarlo con semejantes seres al mando de una peligrosa misión no parecía algo que normalmente el rey haría. La calidad de sus decisiones nunca había podido ser juzgada por ningún otro, pero hasta Faraha reconoció en ese preciso momento que las cosas del mundo estaban dando nuevamente otro giro de trescientos sesenta grados. Muchos quedarían atrapados en ese cambio radical que llegaría derrumbando casas como tornados, y las muertes masivas serían incontables por las mentes más adiestradas en los números.
—Saldrán al amanecer, y los escoltarán hasta los límites de la frontera —dijo el rey al darse media vuelta. Observó de reojo a Alsius sin decir nada más, pues consideraba que su puesto como superior en la misión ya le había hecho entender que tenía la responsabilidad de que todo saliese de la mejor forma.
—¿Este pequeño será el líder? —preguntó la quimera con recelo ante ese muchacho—. Dudo que pueda sostener una espada.
—Puede sostener su palabra —expresó el rey dejando a todos atónitos con esa respuesta—. Lo que lo convierte en un peligro mayor que una simple hoja de hierro afilada.
Finalizada su respuesta decidió salir de la mazmorra acompañado del comandante y sus escoltas, no sin que Faraha pudiese dirigir una mirada al joven inexperto indicando que la peligrosidad de aquellas personas variaba según ánimos y hambre de sangre, lo que los dejaba con unas ansias enormes de victoria ante cualquier situación que alguien tan joven como él sería incapaz de tomar.
Alsius se quedó solo, luego de que los pasos de rey se dejaran de escuchar fuera y el silencio retomó aquella habitación penumbrosa que ya no estaba obscura de luz, aunque llena de malas vibras que harían a cualquiera vomitar la tranquilidad y calma. Exo lanzó el pergamino nuevamente con la carta a las manos del capitán, una mirada muy ligera cruzó por sus ojos antes de regresar a la mesa con la quimera para seguir bebiendo alcohol. Lira se encontraba sobre una pequeña mesa de cedro recostada a medio estar observando con deseos algo lujuriosos la carne fresca del joven ascendido a un gran rango militar a pesar de su corta edad. Sin nada que decir Alsius apenas consigue mantenerse de pie, observando cómo aquellos dos hombres beben el alcohol barato con tanta pasión que siente sed en su propia garganta por una bebida que jamás en su vida ha probado.
—Has de ser muy especial —dijo luego de un largo trago de cerveza agria—, como para que el rey te ponga en un puesto tan llamativo —se limpia la boca con el antebrazo y se voltea arrastrando la silla para volver a quedar a la altura de la mirada del joven.
—Creo que los méritos se ganan más por experiencia que por edad —responde para no quedarse callado ante quienes se suponen deben darle respeto—. ¿No crees? —alarga la conversación.
—Tienes razón hasta cierto punto —llevaba ya rato observándolo—, y es el hecho que pareces ser tan inocente como si tu alma fuese pura. Pero dentro de ti llevas algo que me inquieta, y es como la sensación de estar frente… —calla unos segundos ensordeciendo la sala del único silencio que la quimera daba al beber—, a un demonio.
Alsius no pierde la calma, aunque tenga razón aquel soldado, ahora se ha convertido en un ser irreconocible en su propio espejo, pero mantiene la esperanza de poder encontrar la forma de deshacerse de ello, así como pudo obtener esos poderes desconocidos que llegarían a ser su mayor perdición y salvavidas, hundiendo barcos y navegando entre c*******s. Recordó sus días de granjero nuevamente, cuando en las nevadas más friolentas muchos morían de hambre por las sequías que había en verano, y las desérticas semanas sin llovizna del cielo. Solo algunos pocos lograban subsistir mientras que los demás perecían a merced de las puertas ajenas a sus hogares por un poco de pan que no saciaría a la muerte asechadora que les esperaba detrás.
—¿Tienes miedo de los demonios? —sintió que la contesta causó en él un efecto de nervios de acero con los cuales podría defender su punto y sentir—. No pareces ser muy normal detrás de esa fachada que llevas.
—Este pequeño no es como el último capitán —se agrega Lira a la conversación al interesarse por la convicción del chico, aunque que de primera vista no parece haber sostenido una guerra entre las manos.
—El último era un idiota —dice Or, la quimera.
—Nuestro nuevo amigo se va a comportar bien, ¿No? —Alsius se lo queda viendo. Obviamente ninguno parece ser de esos usuales tipos confiables con los que el mismo rey cuenta para todo, pero seguía siendo su equipo, seguían estando a su responsabilidad y aunque fuesen unos asesinos en serie deberán respetar la voluntad de un hombre por cumplir su misión.
—Nuestras conexiones en batalla no serán las mismas que los soldados del rey —esta respuesta le hizo gracia a Exo—. Pero si deberán matar por cumplir, cumplirán para seguir matando a quien se interponga en el camino de la victoria que tenemos predispuesta para nuestro Dios y su majestad.
—Muy bonitas tus palabras —Exo se coloca de pie con imponente físico—, pero lo único que importa es cuánto seas capaz de manchar tu espada.
Al acercarse a Alsius le hunde el pulgar en medio del pecho para empujarlo hacia atrás y hacerle saber que solo seguirá aquella convicción si se convierten en acciones. Acciones que ni él mismo sabe si será capaz de realizar, pero que deberá obligarse al niño interior a salir completamente de él o no será capaz de sobrevivir en este fatídico mundo caótico que los dioses dejaron derrumbar, siendo nuevamente construido por una civilización aun peor que las bestias espirituales.
—Ya veremos si tu espada sostiene más vidas que la mía, porque la verdadera ganancia de una guerra no son las muertes innecesarias.
Alsius salió de la habitación, ascendió por las escaleras hasta regresar al castillo y recordando el transitar que anduvo con el soldado antes de llegar, logra dirigirse hasta su habitación sin ningún problema. Descansó acorde a sus necesidades físicas durmiendo hasta el amanecer que llegó con rapidez para despertarle con el cantar de las aves que surcaban las cercanías del castillo.
Abrió sus ojos con una fresca brisa que le acogió al asomarse por la ventana, vistió sus prendas y se dirigió hasta la puerta principal de salida del castillo donde creyó que encontraría a aquellos bandidos de la noche anterior. En su travesía de ida encontró una hermosa fuente decorada con las piedras más preciosas que se pudiesen conseguir en el imperio hecha de un fino mármol esculpido por las delicadas manos de un artista que seguramente dejó en satisfacción la visión artística del rey. Lava su cara sin ninguna vergüenza como los pobres suelen hacer en las fuentes públicas. Bebió un poco de agua y la frescura le recorre la garganta calmando el caliente de un sol agradable que amenazaba con enfurecerse unas horas más tarde. Luego de estar refrescado siguió su camino, dos carretas esperaban por él y sus hombres junto con algunos soldados que el rey había elegido para escoltarlos.
—Capitán —los hombres reconocen en seguida a su superior y se colocan en posición de saludo.
—Descansen —fue lo único que se le ocurrió a Alsius para dejar la tensión del instante.
—Su armadura señor —uno de los hombres se acerca con las piezas de metal alumbrando un destello brillante por el impacto del sol.
—Gracias —dijo al recibir el set. Se trataba de una armadura hierro mortífero con aleación de plata que, hacía brillar ciertas partes, pero en su totalidad es de color n***o brillante y metalizado.
—Tal vez así no mueras —se escuchó decir desde dentro de uno de los carruajes.
Alsius se acerca y nota que Exo está recostado dentro con los brazos sobre la cabeza como almohadas.
—Si también te da miedo morir, no serás capaz de quitar la vida a alguien —Exo se detuvo a pensar—. Y lo digo porque al matar, incluso una parte de ti muere por dentro.
La perfección de ser un guía de luz se llena de obscuridad a momentos
No hay destino más duro que desterrar con tu fuerza de mando
Cuando la luna sea llena, y los hombres beban alcohol debajo de ella
Las penas de un día con decisiones dolorosas partirán hacia las estrellas
Por unos pocos menos y por los más que vendrán, serán duros los años
Pero al final, siempre al final seguirás al mando de la muerte.