Advertencia puede contener contenido emocionalmente un poco fuerte.
Emily Mayer
De veinticuatro años contraje matrimonio con el amor de mi vida, en aquella misma casa campo, mi padre podría pagarme la boda que yo quisiera pero me negué, quería algo sencillo, algo hecho por mi y Dominic, fueron muy pocos los invitados, mi familia y amigos, algunas personas cercanas a Dominic.
Pregunté a el por sus padres, pensé que querría tenerlos en este día pero el solía hablar muy poco de ellos dijo que su relación no era muy buena, llegue a preguntarme si se avergonzaba de mi pero no era así, en los ojos de Dominic había un amor desbordante, cuando el me veía mi mundo temblaba.
Una corona de flores adornaba mi cabello ese día, el cielo parecía celebrar junto conmigo ese día, el día era fresco, la brisa suave, la felicidad podía respirarse en el aire, mis amigas me veían con emoción, mi padre caminaba a mi lado, mi madre me veía con un brillo es sus ojos, feliz de que su pequeña se estuviera casando, feliz de estar este día aquí. Mi madre un milagro para mi padre, lo más hermoso de su vida y nosotros, veía el amor tanto como ellos, un amor tan grande tenían a pesar de los años y yo estaba teniendo algo así.
Dominic se veía tan guapo y la sonrisa en su rostro lo hacía más atractivo, sentía que con solo una mirada podía comunicarse conmigo, sus ojos me decían lo mucho que me amaba y yo le decía lo mismo, la boda tan sencilla pero llena de amor. Disfrutamos con los invitados, mi familia que ahora era la suya, mamá y papá lo querían tanto, Julián lo quería pero a su manera, no soportaba la idea de que su melliza lo dejará solo y le reprochaba eso a mi esposo. Ahora era la señora Bellini, mi bello Domi era Italiano y algún día quería viajar a su país.
Después de casarnos comencé a trabajar con mi hermano en el restaurante de la familia, estudiaba aun, pues me gustaba especializarme lo más que pudiera en la cocina, mis padres dejaron su casa y se mudaron a la casa de campo, mi hermano dijo que nos dejaría la casa para nosotros solos y se mudo a un departamento, le dijimos a mi padre que pagaríamos por su casa pero dijo que era un regalo de ellos para nosotros, esa casa estaba llena de muchos recuerdos y nos deseaban la misma felicidad que ellos tuvieron.
Dominic me confesó que había dejado atrás a su familia pues ellos querían obligarlo a ser como ellos querían, me hablo con tanto dolor de ellos que pude sentirlo yo también, mis padres siempre habían sido un amor conmigo y con mi hermano, no entendía como habían padres que solo les importaba su propio beneficio y no el de sus hijos o su felicidad.
Poco a fuimos construyendo nuestra familia, aquella casa se volvió nuestro hogar.
—¿Cómo esta mi pequeño amor? —llego Dominic a mi lado, yo me encontraba en la cocina, me abrazo por detrás rodeado mi cintura con sus manos. Dejo un pequeño beso en mi cuello.
—Bienvenido a casa mi amor —lo salude.
—¿Cómo te has sentido muñequita? —preguntó, me giré y enrolle mis brazos en su cuello, acaricié su cabello, el era una parte muy importante de mi.
—Muy bien amor, ya los síntomas son menos, ha sido un día tranquilo —respondí, el sonrió y dejo un suave beso en mis labios, se arrodillo frente a mí y acarició mi vientre dejando pequeños besos sobre el, hablaba en voz baja.
Si, me encontraba embarazad, tres meses después de la boda recibimos esa noticia, un pequeño llegaría a nuestras vidas, nuestro hijo, una parte de Dominic y mía que recibiríamos con tanto amor.
—Te amo pequeño —finalizó y se puso de pie.
—¿Todo bien cariño? —pregunte.
—Si, mi amor no te preocupes —respondió, pero en sus ojos podía notas algo que lo inquietaba, el me lo diría cuando estuviera listo.
Serví la cena y el ahora parecía emocionado por algo.
—Encontré el lugar perfecto para tu restaurante Emily —mencionó, el aun trabajaba en aquel lugar pero ahora ayudaba con la administración de dicho lugar.
—¿En verdad? ¿Podemos ir a verlo? —pregunté emocionada.
—Iremos mañana —respondió.
Dominic me llevo a aquel lugar y si todo era perfecto, pero teníamos mucho trabajo que hacer, comenzamos a remodelarlo de a poco, tanto Dominic como yo estábamos emocionados por recibir a nuestro pequeño. Hasta que ese día se llegó, antes de nuestro primer aniversario nació Adrián Bellini nuestro primer hijo, se parecía tanto a su padre, mis dos hombres, mis dos amores. Dominic derramó una lágrimas y observaba a nuestro hijo con tanto amor y anhelo, lo amamos sin conocerlo y ahora lo amamos más. Nuestro pequeño tesoro nuestro más grande amor…
Tres meses después estábamos en el local terminando de arreglar los últimos detalles del restaurante en dos meses este podría ser inaugurado y eso me tenia muy emocionada. Julián se había quedado con Adrián en casa, no quise dejar solo a Dominic pues ya solo debíamos inspeccionar algunas cosas y el estuvo un poco extraño los últimos días. Salimos del local y cerré muy bien con llave.
—¿Llevamos algo de cenar? Julián querrá cobrarnos por cuidar de Adrián —solté una pequeña risita ante su comentario.
—Por supuesto que no, el solo te molesta, y si llevemos algo de cenar porque estoy segura que Adrián no dejo a su tío hacer la cena.
—Muy bien pasaremos por algo para cenar —afirmó, me ayudó a subir al auto pero antes de hacerlo me tomó por la cintura con posesividad y sus labios se unieron a los míos, un beso lleno de deseo, saboreaba mis labios como si quisiera guardar su sabor y recordarlo siempre —Te amo mi Emily.
—Te amo Domi —dije sonriente, subí al auto y luego subió el, lo puso en marcha y puse algo de música, esa canción en especial me recordaba a nuestra boda, pues es la canción que bailamos ese día. Ahora éramos una familia y estaba a punto de lograr mi uno de mis sueños con su ayuda pues el principal sueño se había vuelto el y mi hijo. Dominic confío tanto en mi que se unió a mi sueño del restaurante junto a él, el sueño se hacía más grande. Me siento bien al verlo sonreír con genuina felicidad, yo lo hacía feliz, veía en sus ojos y sentía en su corazón que lo nuestro era para siempre pero algo fallo…
La música suena dentro del auto, yo canto viéndolo a el y el solo sonríe mientras sigue conduciendo, canto con el corazón y alegría mientras no dejo de ver a mi hermoso esposo.
—Emily ponte el cinturón —me pide y yo no dejo de cantar, el solo niega.
—No te preocupes mi amor, así tengo más libertad para moverme —le digo mientras sigo cantando, he perdido la cuenta de cuantas veces he repetido la misma canción —Tú ponte el cinturón —le digo al ver que él no lo trae.
—Me lo podré si tu lo haces también…
—Trato —me puse el cinturón —ahora tu.
—No puedo estoy conduciendo —dijo y lo fulmino con la mirada.
—Póntelo Dominic —le pedí.
—Lo haré cariño, solo estacionare el auto un momento para ponérmelo —y así lo hizo, estacionó el auto, estaba a punto de ponerse el cinturón cuando una fuerte luz nos cegó, si ya era noche y solo queríamos llegar a casa, las bocinas de un camión se escucharon, sonaban con tanta insistencia.
—Dominic —lo llame presa del miedo al ver el camión acercarse a nosotros, mi cuerpo temblaba y solo pensaba en mi bebé y mi esposo.
—Maldición —lo veo encender el auto para esquivarlo pero ya es demasiado tarde aquel camión impacta con nosotros. Todo pasa tan rápido, como en una película de terror, el sonido del impacto, los vidrios ser quebrados.
—¡Dominic! —fue el grito de terror que salió de mi garganta, un grito desgarrador que no se de donde saque fuerzas para gritar así pero todo eso paso antes de que perdiera la conciencia.
…..
Al día siguiente
Abro mis ojos con dificultad, me duele la cabeza, mi pierna y mi brazo no puedo moverlos, la luz es cegadora, quiero moverme pero no puedo, todo mi cuerpo duele demasiado. Vuelvo a cerrar los ojos y las imágenes de los sucesos llegan a mi mente como flashes, el auto, el camión impactando contra nosotros y Dominic…
¿Dónde está Dominic?
Abro mis ojos alterada, quiero saber como esta el…
—Emi, tranquilízate —escucho que me pide mi hermano.
–¿Dónde está Dominic? ¿Cómo está mi esposo? ¿Y Adrián? —le pregunté al verlo solo a él. ¿Dónde estaba mi hijo? ¿Quién lo tenia?.
—Tranquilízate debes descansar, debes recuperarte pronto Emi — me pedía con tranquilidad, el evitaba mirarme, sus ojos estaban enrojecidos.
—Julián tu nunca me has mentido ¿Cómo esta mi esposo? —pregunté sintiendo como mi corazón quiere salir de mi pecho, el miedo que sentía era tan grande.
—Mírate como estas Emily, debes descansar, el accidente que tuvieron fue muy grave es un milagro que estés viva —su voz temblaba ligeramente. Lo cual me alerto. ¿Estaría muy grave mi esposo?
—Solo quiero saber de Dominic, quiero saber como esta mi esposo Julián, es lo único que pido —mis ojos comenzaron a arder, su mirada se fijo en la mía, sus ojos llenos de tristeza y lastima, negué, no podía ser posible, lo que veía en sus ojos debía ser mentira.
—No, no es cierto… ¿Cómo esta mi esposo? ¡Dime como esta realmente! —exigí —no me mientas.
—Emily, él recibió un golpe muy fuerte, tuvo una hemorragia que no pudieron controlar, el accidente fue ayer, el ni siquiera pasó la noche —una lágrima silenciosa y solitaria bajo por mi mejilla, los recuerdos de nosotros dos invadieron mi mente, mi Dominic no me dejaría el no lo haría...
—Mi… mientes, tu me estas metiendo Julián —reí nerviosa, mi vista se nubló por las lágrimas —No digas esas malditas mentiras —dije un poco alterado —mírame Julián, no juegues así conmigo, hermano dime la verdad, llévame con el, quiero decirle que estoy bien, y que, que estoy lista para volver con Adrián, dile que debemos ir casa, nuestro hijo nos extraña Julián —mi hermano me miraba con dolor y lastima, mis lágrimas bañaban mi rostro, me dolía el alma, me negaba a aceptarlo. El dolor físico no era nada comparado a este dolor —mi Dominic… Julián, mi esposo —dije con la voz rota.
—¡Dominic! —grité intentando levantarme, mi hermano me abrazo contra la camilla —¡Dominic! Amor ven por mi…. —gritaba, sintiendo como mi garganta dolía, el dolor me desgarrada el alma, el vendrá por mi, esto es una pesadilla, lo sé, debo despertar y el estará aquí junto a mi… Mi amor vuelve, te necesito Dominic, no me asustes de esta manera, Domi por favor rogaba por dentro mientras mi corazón se desangraba.