PASSIONE PROIBITA

2399 Words
Stefano Mientras espero que mis hombres den con la mujer que he visto ya en dos ocasiones me dirijo al Passione Proibita bastante molesto, no entiendo cómo es posible que una mujer se les haya escapo de la nariz no solo una sino dos veces. Mientras tomo mi vodka medito en las razones por las que deseo encontrarla, la primera y más importante es que me despertó un deseo carnal tan arrollador que ninguna otra mujer ha logrado y no descansaré hasta hacerla mía, y segundo es porque quiero saber sus motivos para intentar asesinarme. Me instalo en la sala VIP de siempre, desde donde puedo ver a todas las personas en la planta baja y justo cuando mis hombres me informan que no han dado con su paradero, la diviso en la barra bastante animada bebiendo en compañía de un hombre, me relamo los labios ya que justo la gatita ha aparecido delante mí y sé que esta noche no se me escapará, es como carnada fresca para mi paladar. La observo detenidamente durante tanto tiempo que mi acompañante sale furiosa al ver que no le prestó atención, la veo desplegar todas sus armas de seducción contra el pobre infeliz que tiene a su lado y quien parece hechizado, y la verdad es que no lo culpo es una mujer sumamente sensual, cuando considero que es mejor bajar para no perderla de vista ni un segundo más o peor aún que intente largarse con ese tipo, varios hombres que no son míos comienzan a disparar a todo aquel que se cruce en su camino, saco mis armas y sin perder tiempo hago lo mismo que ellos, ya más tarde me encargaré de esa pequeña gatita. Ekatherina Una vez que logro ingresar al antro me quedo como tonta mirando todo a mi alrededor, el lugar es sumamente hermoso, del techo cuelga un enorme candelabro donde se reflejan las luces neón del lugar las cuales pertenecen a varios aros enormes que de igual forma cuelgan del techo, en un lado del antro observo varias butacas bastante cómodas donde beben animadamente varias personas, en el lado opuesto hay varios palcos exclusivos y donde solo se puede acceder por invitación o si tienes influencia. Tomo asiento en la barra para tener mejor visibilidad de todo aquel que llega y sale, después de unos diez minutos veo como ingresa Stefano con varios de sus hombres, el cual se instala en una de las salas exclusivas. Comienzo por beber cuando un tipo se me acerca y dado que no creo poder lograr mi objetivo de asesinar a Stefano y menos aún en su territorio (eso sería totalmente un suicidio por mi parte), decido divertirme un rato con este hombre, cuando estoy por besarlo escuchamos varios disparos seguidos de los gritos de todos los que estaban disfrutando de la noche. Me giro en el momento justo que una bala impacta en donde hasta hace un momento tenía mi cabeza y por el grito creo adivinar que le ha dado al barman, me apresuro a sacar mi arma y comienzo a disparar, en un extremo del antro veo como Stefano toma como escudo humano a uno de los tipos que comenzaron todo el desastre y como está tan distraído tratando de asesinar a todo aquel que sea enemigo, decido aprovechar para lograr mi objetivo, levanto mi arma y justo cuando voy a disparar este me observa fijamente, mueve su mano y en este momento creo que va a dispararme por lo que me apresuro a accionar mi arma, sin embargo, el impacto no da en mi objetivo ya que alcanza a cubrirse con el tipo que le sirve de escudo, en cambio su impacto da de lleno a alguien a mi lado. Volteo y me percato que se trata de un tipo al que ni siquiera le había prestado atención, vuelvo mi mirada a Stefano quien me mira con las cejas arqueadas y una expresión burlesca, me acerco al tipo que está tumbado a mi lado, tomo su arma la cual es una hermosa AK-47 (mis preferidas cuando de acción se trata) y sigo disparando a todos, hasta que sólo queda un tipo es que decido emprender la huida, justo cuando estoy por llegar a la puerta trasera, unos fuertes brazos se aferran a mi cuerpo impidiéndome escapar, por lo que comienzo a darle de golpes, sin éxito alguno. —No te va a servir de nada gatita, esta vez no vas a escapar, mis hombres han rodeado el lugar. —Susurra en mi oído y después muerde mi cuello de tal forma que lanzo un gemido bastante audible para los dos—. Por Dios si solo fue una mordida, no quiero imaginar cómo vas a gemir cuando te haga mía esta noche. —Yo por mi parte sigo intentando escapar, pero dado que es más fuerte que yo, me carga sobre su hombro y me saca del lugar, pasando su mano por mi trasero el cual acaricia hasta que se detiene al llegar a una camioneta donde me mete sin esfuerzo alguno. —¡Suéltame, imbécil! —Comienzo a manotear, cuando se sienta a mi lado y le indica a su chofer que comience a manejar, me levanto de mi asiento y hago intento de ahorcar a su chofer, haciendo que gire bruscamente. —¡Suéltalo! Si sabes lo que te conviene. —Expresa Stefano mientras toma su arma y me apunta con ella a la cabeza, lo suelto sin rechistar y me acomodo en mi asiento lo más lejos posible de él, a lo que inmediatamente Stefano me jala hasta casi sentarme en sus piernas y comienza a besarme con tal desesperación, que cuando nos separamos nuestras respiraciones están agitadas, y justo como ese día provoca que mi cuerpo arda en deseos de entregarme a este maldito hombre que como me vuelve loca. —¿Cómo te llamas gatita? —Trina Vólkova. —Respondo de inmediato, este me mira unos segundos y después desvía su mirada bastante molesto, por lo que espero que crea que ese es mi nombre y no se haya percatado de mi mentira. En cuanto llegamos a su mansión, me saca de la camioneta enredando su brazo alrededor de mi cintura y subimos por una escalinata de piedra, miro de un lado al otro y observo tantos hombres apostados en la propiedad que sé me será imposible salir viva de aquí si saco mi arma, me encamina por la planta baja dando instrucciones a sus hombres sobre lo que deben de hacer, cómo cuidar cada perímetro debido a lo que sucedió hace un rato, que no me doy cuenta en qué momento llegamos a su despacho hasta que me encuentro a solas con él, retrocedo unos cuantos pasos hasta que chocó con el filo de su escritorio, este por su parte cierra la puerta con llave y es en ese momento que una seductora sonrisa cruza su rostro, paralizándome por completo. —Vaya gatita sí que eres difícil de atrapar, pero nada que Stefano no pueda lograr cuando se propone algo, antes de que comencemos con la diversión quiero que me expliques algo. —¿Qué es lo que quieres saber? —Inquiero de inmediato, tratando de controlar mi respiración. —¿Por qué quieres matarme? —Yo no quiero matarte, simplemente te he defendido de esos matones que es diferente. —Miento con todo el descaro del mundo. —No me mientas. —Sisea amenazadoramente. —Puedes creer lo que quieras, yo solo te he ayudado que es diferente, no entiendo porque no me crees. —Continúo con mi farsa. —¿Qué te hace creer que puedo confiar en ti, cuando has intentado asesinarme en dos ocasiones? —Pregunta mientras se acerca peligrosamente a donde me encuentro y como no deseo demostrarle el miedo que en este momento provoca en mí, me quedo lo más quieta posible, mirándolo con aburrimiento—. ¿No piensas contestar Ekatherina? —Susurra en mi oído una vez que me tiene cautiva entre sus brazos y el escritorio. —¿Cómo sabes mi verdadero nombre? —Me sorprendo al saberme descubierta por este hombre, el cual provoca un sinfín de emociones en todo mi cuerpo debido a su cercanía, siento pequeñas corrientes eléctricas recorrerme desde la cabeza hasta los pies. —Te investigue, así como tú sabes todo de mí, yo sé todo de ti Ekatherina, ahora te vuelvo a preguntar ¿cómo puedo confiar en ti si me mentiste sobre tu nombre y sobre que has intentado asesinarme? —Sin dudarlo ni un segundo, levanta un poco mi vestido hasta llegar a mi centro, el cual comienza a palpitar al sentir el roce de sus dedos sobre la tela de mis bragas, empieza a masajear mi punto sensible arrancándome un sonoro gemido—. Tenías razón sobre algo. —Yo lo miro sin comprender a que se refiere por lo que se explica—. Este vestido se te ve mejor a ti. —Yo… yo… tú… —Comienzo a gimotear sin poder evitarlo, aferrándome al filo de su escritorio disfrutando del pequeño placer que en este momento me está dando. —¿Yo, tú? ¿No vas a darme una mejor explicación Ekatherina? —Y con tan solo escucharlo decir mi nombre con ese acento suyo me excita hasta el punto de perder la razón por completo. —Solo cállate y fóllame aquí, Stefano. —No necesita que se lo repita dos veces, cuando levanta la otra mano dejándome libre y comienza a apretar ligeramente mi seno a través de la fina tela de mi vestido, momento que aprovecho para enredar una de mis piernas en su cintura, mientras lo beso con verdadera desesperación, su aroma me deja tan embriagada que no me doy cuenta en qué momento me carga y me tiene sobre el sillón, donde comenzamos una lucha por desnudarnos tan rápido que en cuestión de segundos solo estamos piel contra piel. En este momento las palabras sobran, sobre todo cuando sus labios atacan mis senos ya sensibles por la magia que tan solo sus manos han hecho en segundos, yo por mi parte muerdo ligeramente su cuello arrancándole finalmente un suspiro, se levanta un poco para posicionarse sobre mi intimidad y comienza a penetrarme lentamente, algo que había estado esperando desde hace un rato, cuando finalmente está dentro, comienza a moverse implacablemente llenándome por completo. —Por Dios sí que eres bueno en esto. —Logro articular entre cada una de sus embestidas, presa del placer que su cuerpo me da en este momento, mientras una de mis manos recorre su torso desnudo y la otra aprieta sutilmente su trasero. —No te quedas atrás. —Comenta una vez que cambiamos de posición y ahora estoy sobre él dándole la espalda, comienzo a moverme al son que sus caderas me marcan, con una de sus manos aferrada a mi cintura y la otra sigue apretando ligeramente mis senos, cuando siente que estoy por llegar al clímax, sus movimientos se vuelven más frenéticos hasta que el ansiado orgasmo nos alcanza a los dos dejándome, temblando sobre su cuerpo. Cuando nos recuperamos me levanto sin ningún recato y comienzo a asearme antes de vestirme rápidamente, ante su atenta mirada como temiendo que en cualquier momento decida asesinarlo. —No te preocupes querido, por hoy te has salvado, después del magnífico sexo que tuve contigo no podría deshacerme de ti, créeme que eres el mejor amante que he tenido en muchos años. —Me acerco hasta donde se encuentra aun totalmente desnudo, le doy un último beso y sin que lo esperé lo esposo a la ventana que se encuentra a su lado—. Pero la próxima vez no tendrás tanta suerte. —Tomo mis cosas, junto con su arma y salgo de su despacho, encerrándolo con llave. Cuando salgo me topo de frente con sus guardias, me despido con un movimiento de cabeza no sin antes pasarles un recado. —Su jefe está un poco indispuesto en este momento, pidió que no entren en por lo menos unos veinte minutos. —Estos asienten y evitan mirarme a la cara en todo momento, por lo que deduzco que escucharon lo bien que lo pasamos hace unos instantes—. Por cierto, hasta luego Bill y cuídate ese brazo, no es bueno que te esfuerces demasiado. —Le dedico una tierna sonrisa al hombre que me mira con el ceño fruncido ya que su brazo reposa en un cabestrillo producto de la pequeña discusión que tuvimos hace unos días, paso por su lado y le doy unas cuantas palmaditas en su hombro arrancándole un pequeño quejido de dolor a lo cual lanzo un pequeño bufido, se comporta como un bebé. Apresuro mis pasos y me dirijo hasta su enorme cochera, la cual amablemente sus hombres me indicaron donde se encontraba, una vez ahí tomo prestada su preciada Harley Davidson Fat Boy (lo sé porque estaba cubierta para evitar que se empolve al contrario de las otras que estaban expuestas), en cuanto enciendo el motor la adrenalina inunda mi cuerpo nuevamente, pero esta vez es una adrenalina diferente a la que experimente con Stefano profanando mi cuerpo con sus hábiles movimientos, arranco y salgo a toda prisa, mientras sus hombres intentan perseguirme sin éxito alguno, al darse cuenta que han sido engañados por una simple mujer como muchos me han llamado. Desconocido —Te tengo información… —¿Ya sabes dónde está Ekatherina? —Pregunto cortándolo, mientras continúo revisando mis pendientes en mi computador. —Sí, ya dimos con ella. Hace unos días seguía en Rusia, pero me informaron que ha viajado a Italia para realizar un trabajo… —¿Un trabajo? —Levanto la vista y presto atención a sus palabras, con el ceño ligeramente fruncido. —Si, para el hombre llamado Sergey Ivanov. —Cierro mis ojos y aprieto mis manos en puños de tan solo escuchar ese nombre. —En ese caso arregla todo para viajar está misma noche. —Bien, también debes de saber que su objetivo es asesinar a Stefano Belucci… —Dicho esto mi hombre sale dejándome solo y con un sabor amargo en la boca de imaginar a Ekatherina con ese hombre. —Esta vez no te dejaré escapar Ekatherina, al fin volveremos a estar juntos, como siempre debimos estarlo desde el principio…
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD