¿MI AMIGO?

2084 Words
Ekatherina En cuanto estoy lo suficientemente lejos de la casa de Stefano, reduzco la velocidad y marco a la única persona que conozco aquí, después de algunos timbrazos la voz de Mich un tanto asustada me responde. —¿En qué le puedo ayudar? —Susurra. —Mich necesito que me ayudes a encontrar una bodega donde esconder algo que le he robado a tu jefe. —Sonrío mientras se lo confieso, lo escucho lanzar un suspiro seguido de varias maldiciones. —Bien puede llevarla a una bodega abandonada que conozco, allí nadie la podrá encontrar, enseguida le mando la dirección. —Responde después de unos segundos de silencio. —Gracias Mich y recuerda si alguien se entera de esto, tu tendrás la culpa de que algo muy malo les suceda a tus hermanitos. —Lo amenazo de inmediato. —No se preocupe, seré como una tumba. —Comenta antes de cortar la llamada. Espero unos minutos y justo como lo prometió me manda la dirección de una bodega bastante alejada de donde me hospedo, enciendo la moto y después de al menos media hora doy con el lugar, la verdad es que está bastante apartado de miradas curiosas por lo que estoy considerando tomarla como mi refugio en caso de requerirlo, uno nunca sabe cuándo será necesario. Una vez que guardo mi nueva adquisición le mandó un mensaje a Mich agradeciéndole por el lugar que me ha prestado. Al día siguiente —¿Por qué no has terminado el trabajo Ekatherina? —Escucho a Sergey bastante molesto al otro lado de la línea. —Nunca me dijiste que alguien más intentaría asesinarlo, en las dos ocasiones… —No me vengas con excusas Ekatherina, no te saque de ese maldito lugar y te di el mejor entrenamiento para que no cumplas con tu trabajo, tienes solo unos días para lograr tu cometido. —Dicho esto me cuelga. —¡Con un demonio Sergey! Puedes joderte. —Grito colérica, su comentario únicamente ha logrado traerme malos recuerdos y antes de que pueda siquiera derramar una maldita lágrima, alguien toca a mi puerta, tomo mi arma y observo por la mirilla, al parecer solo es el mozo del hotel, aun así, abro con mucho cuidado. —Buenas tardes, señorita, Vólkova, alguien dejo una carta para usted en la recepción. —Me tiende un sobre y me da una cálida sonrisa. —Muchas gracias. —Tomo la carta y busco en mis pantalones un billete. Una vez que se marcha vuelvo a cerrar la puerta y me dirijo a mi cama, donde comienzo a leer la carta que me han dejado. Estimada señorita Vólkova: Tengo información muy importante que compartir con usted sobre el responsable que está detrás de su cabeza, es alguien que usted conoce. La veo está noche en... Observo la carta una y otra vez, sopesando mis posibilidades, puede que esto sea una trampa para acabar conmigo, por lo que vi ayer alguien también intentó asesinarme y fue justo gracias a Stefano que estoy viva, paseo de un lado al otro en mi habitación intentando poner mis ideas en orden, si voy puede que se trate de una emboscada, aunque también podría ser cierto que esta persona desea ayudarme y así conseguir información sobre esos malditos que me persiguen y los cuales tal parece que saben mi ubicación exacta. Busco la dirección que me han dejado y según esto son unas bodegas que se encuentran cerca del puerto, tomo mi arma y la guardo en mi espalda, así como la pequeña daga que ahora tengo oculta en mis botas, puede que en verdad tenga información que me sirva para descubrir a esos malnacidos que están jodiendo mi trabajo y lo único que han logrado es atrasarme en llevarlo a cabo. Salgo de mi habitación y en cuanto estoy afuera del hotel, observo a cada lado de la calle, al parecer ya no es seguro permanecer en este lugar, pero más tarde buscaré donde quedarme ahora lo que me interesa es conocer a esa persona que pueda darme la información que necesito. Como el lugar queda bastante alejado de aquí tomo un taxi, después de casi una hora de viaje llego al puerto. Camino hacia el muelle de Vernazza donde hay varias parejas disfrutando de la hermosa vista que se aprecia en este momento, ahora que la luz del Sol se ha ocultado por completo, una fresca brisa con un poco de agua salada nos da la bienvenida a ese muelle, donde los pequeños barcos comienzan a desembarcar y se escuchan retazos de conversaciones ajenas a todo lo que sucede a su alrededor; las casas aledañas con sus luces encendidas me cautivan de tal forma que por un momento olvido a que he venido y me dejo arrastrar por su encanto, sin embargo, cuando un hombre choca conmigo, salgo de mi ensoñación. —Aquí no es seguro señorita Vólkova. —Susurra ese hombre quien camina rápidamente hacia un pequeño callejón donde se aprecian el mismo tipo de casitas coloridas típicas de este lugar, sin dudarlo ni un segundo comienzo a seguirlo, conforme nos adentramos me percato que hay menos transito local, este ingresa a una casa en apariencia deshabitada, miro una vez más a mi alrededor y sin perder tiempo entro detrás de él con una sensación extraña en mi pecho, sé que esto está mal, pero mi curiosidad es más grande que mi razón la cual me grita que me largue de inmediato de aquí y sé que si Sergey se enterase de esto no dudaría en restregarme en la cara (hasta mi muerte o bien la de él) que de nada me sirvió el entrenamiento que recibí. Prácticamente todo a nuestro alrededor está oscuro, la única luz que se filtra es la de la Luna, por lo que me es imposible ver si hay alguien más esperando por mí, lo único que si alcanzo a divisar es que la pintura blanca de las paredes se ha botado debido al salitre que se apodera de estas, presas del tiempo que ha pasado sin ningún ser viviente que cuide de ellas; conforme avanzamos a mi nariz llega un olor putrefacto y puedo escuchar el goteo de alguna cañería dañada así como el corretear de algunos roedores en su intento por huir y no ser descubiertos, después de unos segundos llegamos a una estancia bastante grande, dónde cubierto en las sombras permanece ese hombre. —¿Por qué me hizo seguirlo hasta aquí? Me había dejado la dirección de unas bodegas. —Es más seguro aquí, por si no se ha dado cuenta hay mucha gente siguiendo sus pasos, no puede fiarse de ninguno de ellos. —Susurra con una voz grave, la cual siento tanto familiar como desconocida al mismo tiempo. —Me dijo que tenía información sobre la persona que está detrás de mi cabeza. ¿Cómo sabe eso? —Inquiero mientras pongo mi mano detrás de mi espalda, dónde acaricio con suavidad mi arma, la única en la que puedo confiar en momentos como este. —No debe desconfiar de mí, créame que soy su amigo… —¿Mi amigo? No deseo contradecirlo, pero usted y yo no somos amigos, es más ni lo conozco. —Lo interrumpo con un dejo de hostilidad en mi voz. —Créame de ahora en adelante usted puede confiar en mí. Sólo le puedo decir que no le conviene confiar en Stefano Belucci y mucho menos en… Se calla de golpe y observa algo detrás de mí, sin perder tiempo levanta su arma y dispara a alguien que mis finos oídos no fueron capaces de detectar por estar discutiendo con este imbécil, cuando se escucha el fuerte golpe de un cuerpo golpeando contra el piso, sé que ha dado en su objetivo. —Es mejor que nos veamos en otra ocasión y por favor salga de aquí cuanto antes. —Grita mientras huye por una puerta que no había visto, intento seguirlo, pero no he dado ni un paso cuando escucho al menos dos pares de pies, me escondo en una de las habitaciones con mi arma en alto, estoy por asomarme al pasillo cuando un golpe en mi cara me hace ver unos cuantos destellos. —Sabía que eras una presa fácil maldita. —Antes de poder levantar mi arma y defenderme pierdo el conocimiento debido al fuerte golpe que este tipo me ha dado, por lo que sé que no volveré a ver la luz del Sol y perderé la vida en un lugar tan horrible como este, donde nadie extrañará mi ausencia. […] Cuando despierto siento un fuerte dolor en mi cara al mismo tiempo que estoy bastante cómoda en algo tan blando que pareciesen un millón de plumas, después recuerdo a los tipos de ese lugar y abro los ojos de golpe, me siento tan rápido que me mareo y se me nubla la vista de nuevo, cuando me recupero observo de un lado al otro, estoy en una habitación la cual no reconozco. Frente a mi hay unos enormes ventanales desde donde puedo estar casi segura se ve todo Cinque Terre, alcanzo a ver un pequeño sillón para una sola persona muy cerca de estos, en el otro lado más alejado veo otros sillones un poco más amplios, todo en este lugar es sumamente elegante aún más que el hotel donde me hospedo, cuando estoy por levantarme para tomar mis cosas las cuales están sobre una pequeña mesita, se encienden las luces y observo a Stefano muy cerca de la puerta, bastante serio y eso ya es decir mucho, dado que en el poco tiempo que lo conozco nunca lo había visto con esa expresión en su rostro, parece que tomó un trago de lejía. —¿No pensarás irte sin agradecerme o si gatita? —¿Qué debo agradecerte? —Inquiero sin saber a qué se refiere. —Te salve la vida nuevamente, si no hubiese llegado a tiempo, ahora tu cuerpo estaría en el fondo del mar. —Responde encogiéndose de hombros mientras se acerca hasta donde me encuentro—. Te golpearon a tal extremo que perdiste el conocimiento. —Comienza a delinear con sus dedos mi pómulo derecho el cual ahora que lo menciona me arde ante su tacto, cuando intento tocarme él me lo impide. —¿Cómo sabías donde me encontraba? —Pregunto con mi corazón a mil por hora al recordar las palabras que me dijo ese hombre antes de marcharse, según él no debo confiar en Stefano y en alguien más que no alcanzo a mencionar gracias a que esos malditos nos interrumpieron, pero ¿Cómo no puedo confiar en él después de que me ha salvado la vida ya en tres ocasiones? —No te toques, ya he limpiado tu herida. —Después tan delicado como puede, posa sus labios sobre esa herida que ya ha curado y un nuevo cosquilleo se apodera de mi cuerpo ante su toque, ese beso no va cargado de tensión s****l como los otros, este es diferente, es como si tratase de acariciar mi alma y asegurarme que a su lado estaré bien—. ¿Quiénes eran esos hombres que intentaron asesinarte Ekatherina? —No lo sé. —No me mientas, odio que me mientan y aun no sabes de lo que soy capaz… —No te miento no sé quiénes eran esos hombres. —Lo interrumpo de inmediato. —En ese caso trabajemos juntos Ekatherina, para descubrir quienes son esos hombres que han intentado asesinarnos. —Murmura sobre mi cuello desnudo, donde ha comenzado a dejar besos húmedos, los cuales me encienden como si se tratase de pólvora, enviando pequeñas descargas de placer por todo mi cuerpo, deseoso de que este hombre continúe con sus sutiles caricias y por qué no algo más que solo caricias. —Lo siento querido, pero me dieron bastante dinero por deshacerme de ti, en cuanto encuentre a los malnacidos que han intentado asesinarme y me encargue de ellos, haré mi trabajo, él cual es asesinarte. —Respondo mientras intento ponerme de pie, solo que está vez Stefano es más rápido que yo y me inmoviliza sobre la cama con su propio cuerpo encima del mío—. ¿Qu… qué haces? —Logró farfullar cuando veo que me ha esposado a la cama y una sonrisa siniestra cruza su rostro la cual llega hasta sus ojos grises, trago grueso porqué estoy casi segura de lo que está por venir. 
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD