Capítulo 13

2656 Words
El sonido de varias voces me despierta y me levanto de la cama con la intención de buscar el origen de quien obliga a una embarazada a levantarse de la cama un domingo temprano. Salgo de mi habitación y noto que las voces que oía en realidad son gritos y parece provenir del primer piso. Me acerco al borde de las escaletas, donde me permite observar la puerta de entrada a la casa y lo que observo me sorprende. Baraquiel le grita a Josh, mientras que este último trata de entrar a la casa a la fuerza a la vez que Baraquiel sostiene la puerta impidiéndole el acceso a la casa. -         ¿Josh? Mi voz llama la atención de ambos hombres, quienes levantan la cabeza en mi dirección y empiezo a bajar las escaleras lentamente mientras sostengo mi abultado vientre de seis meses de gestación. -         ¿Qué haces aquí? -         Tranquila, Malakh, este tipo ya se va. Baraquiel empieza a empujar con más fuerza la puerta y está a punto de cerrarla dejando a Josh afuera cuando intervengo. -         Espera, Baraquiel, es mi amigo. Baraquiel se aleja de la puerta, molesto por tener que dejar pasar a un extraño a casa, pero deja pasar a Josh. -         ¿Qué haces aquí, Josh? -         ¿Te molestaría que habláramos en privado? Esa última parte lo dice mientras observa a Baraquiel, parece molesto, pero noto algo más en su mirada… miedo. -         Hablemos en el salón. -         Claro que no, no te dejaré a solas con este hombre, quien quiso entrar a la fuerza a la casa. -         No estaba tratando de entrar a la fuerza, Sam siempre me deja entrar. Sé que Baraquiel está a punto de tomar a Josh del cuello y estrangularlo, por lo que decido intervenir. -         Baraquiel, está bien. Josh y yo hablaremos. Él no me hará daño. -         ¿Oíste, bestia? Sam sabe que nunca le haría daño. Eso último parece decirlo con doble intención y recuerdo la ocasión en la que lo encontré junto a mi casa con un arma blanca en la mano. -         ¿A quién le dices “Bestia”? Baraquiel se acerca peligrosamente a Josh, por lo que me interpongo entre ambos y observo directamente a Baraquiel. -         Por favor, ve arriba, hablaré con Josh. Se aleja furioso, pero finalmente sube las escaleras y desaparece detrás de la puerta de su habitación. -         Josh, pasa. Josh camina hacia uno de los sofás mientras cierro la puerta. Me siento en el sofá frente al que se encuentra Josh y espero a escuchar lo que tenga que decir. -         Hace unos días… pasó algo… Parece que le cuesta hablar, así que me mantengo en silencio para no presionarlo. -         Volvieron a a****r la galería. De inmediato me paralizo por el miedo y puedo sentir el sudor frío cayendo por mi espalda. -         En esta ocasión pude ocultarme detrás de uno de los libreros que instalé cuando volví a la ciudad. Parecía que me seguían por el olor, pero no pudieron encontrarme. -         ¿Estás seguro de que fueron los mismos hombres que la anterior vez? -         Los vi por un pequeño agujero, vi sus rostros, no hay duda de que eran los mismos. Me levanto del sofá con la intención de ir en busca de Baraquiel, pero de inmediato noto que me observa desde la cima de las escaleras. Me observa atentamente y parece que con la mirada me pide que continue hablando con Josh. Vuelvo a sentarme y observo como Josh juega con sus manos ante el evidente nerviosismo. -         ¿Lastimaron a alguien más? -         No, parece que esperaron que no haya nadie en la galería para poder a****r. No puedo descifrar el motivo por el cual atacarían a Josh, al menos que… sepan que no estoy muerta. -         Se notaba que esta vez me estaban buscando a mí y no a ti, pero todavía no entiendo el porqué. -         No puedes volver a la galería. -         Ya había pensado en eso. No sé si podría volver a sobrevivir a uno de sus ataques. -         Vuelve a casa de tu mamá y hermanas, allá estarás a salvo. Josh parece triste, pero no discute lo que le pido. -         No sabía que estabas saliendo con alguien. Creí que tu luto por Hizzand duraría más tiempo. Sus palabras son hirientes, pero hay algo más por lo que debo preocuparme, así que le respondo de la misma manera fría y cortante. -         Baraquiel no es mi novio, es el hermano de Hizzand y está cuidando de mí y Naber. -         ¿Naber? -         Ese es el nombre que elegí para mi bebé. -         Se nota que te quiere. -         En estos meses juntos hemos aprendido a querernos como hermanos y me protege de todo y de todos. No puedo evitar recalcar la palabra “hermanos” para que Josh deje de hablarme de esa manera. -         Parecía algo más que amor de hermanos. -         Créeme, Baraquiel es como el hermano que nunca tuve, solo eso. -         De acuerdo… Josh se levanta del sofá y se acerca a mí. Puedo ver a Baraquiel bajando las escaleras con la intensión de alejarlo de mí, pero se detiene en el momento en que Josh empieza a hablar. -         Sé que te lastimé y de verdad lo lamento. Estaba confundido y tenía miedo. No sabía quién eras y nunca me quisiste decir. Puedo entender los sentimientos de Josh, pero todavía recuerdo el momento en que vi ese cuchillo tan cerca de mi rostro. -         Te llegué a querer demasiado y no soporté que me mintieras todo el tiempo. De seguro así se sintió Hizzand. -         No quería que salieras lastimado. Pensé que si te ocultaba mi verdadera identidad te protegería, pero ahora sé que no lo logré. -         Quizá si me hubieses dicho la verdad yo hubiese podido protegerte. No puedo evitar sonreír ante las palabras de Josh, pero termina siento una sonrisa triste al recordar la amistad que teníamos. -         Pensaba que no necesitaba que nadie me protegiera, pero sé que me equivoqué. Josh se arrodilla frente a mi toma mi mano mientras me observa a los ojos. -         Extraño verte todos los días y la mueca que ponías cada vez que te convencía de hacer algo que no querías. Esa sonrisa triste vuelve a asomarse en mis labios y parece que esta vez Josh también la tiene. Puedo sentir como mi corazón se empieza a romper en mil pedazos al percatarme que este será el adiós definitivo entre Josh y yo. Mi mente me grita que es momento de finalmente decir la verdad y que deje de luchar conmigo misma. -         En serio me gustaría contarte todo. -         ¿Y por qué no lo haces? -         Porque… Porque temo volver a perder a alguien a quien quiero. Algo en mi cabeza me recuerda que de todas maneras estoy perdiéndolo y al menos si le digo la verdad habría la posibilidad de que comprenda todo lo que he vivido y me perdone. -         En toda mi vida solo le he contado a una persona la verdad de mí y no fue a Hizzand. Me arrepiento todos los días desde que lo perdí por no haberle dicho quién era realmente. -         ¿Quién es esa única persona que sabe toda la verdad? -         Yo. Baraquiel aparece a mi lado y se sienta en el brazo del sofá donde me encuentro sentada. Josh se levanta y vuelve a sentarse en el sofá frente a mí. -         Baraquiel ya sabía un poco de mi vida cuando nos conocimos, pero le terminé contando el resto. Josh parece notar que empezaré a contarle mi vida por lo que me observa atentamente. -         ¿Estás segura? – me pregunta Baraquiel. Giro mi cuello hacía él y asiento con la cabeza. Supongo que ha llegado el momento de desahogarme y quitarme el peso de tantas mentiras que llevo en los hombros. -         Esta historia será larga, pero la resumiré… “Mi madre murió cuando nací. Mi padre biológico violó a mi madre cuando ella tenía dieciséis años. Mi tío, a quien considero mi padre y quien me crío, asesinó a mi padre biológico horas antes de que yo llegara a este mundo. Nací en una pequeña cueva en medio de la lluvia. Papá y yo viajábamos mucho cuando era pequeña, siempre supe que huimos de alguien, pero papá nunca me quiso decir de quien. Crecí en varias ciudades, papá hacía trabajos de todo tipo para poder conseguir dinero y alimentarme, pero muchas veces tuvimos que robar cuando nos quedábamos sin dinero. Años después papá consiguió trabajo en una casa que pertenecía a un hombre de mucho poder. Era joven y el lujo me atraía. Parece que el señor de la casa lo notó y empezó a regalarme joyas pequeñas y consentirme mientras papá no veía. No supe en qué momento, pero empecé a enamorarme de ese hombre y papá lo notó. Él se volvió loco y discutió con el señor de la casa. Fue despedido y me negué a irme con él. Papá estaba tan decepcionado de mí que pensé que no lo volvería a ver nunca más, hasta que un día llegó a la casa. Parecía asustado y me llevó a la fuerza con él, parecía que había d*********o algo del señor de la casa y quería alejarme de ese hombre. Estábamos alejándonos de la casa cuando el hombre nos descubrió y evitó que papá me llevase consigo. Lo asesinó frente a mis ojos y ni siquiera pude hacer nada. En ese momento me percaté que no se trataba de un hombre común, era un ser tan horrible cuyo propósito era tenerme a su lado el resto de mi vida. Papá siempre me había dicho que era la protegida de Dios y por ese motivo había alguien quien quería usarme en su beneficio, nunca lo entendí hasta ese momento. La tierra se abrió y ese hombre me llevó consigo hacía un lugar de tortura y castigo eterno. Sus súbditos lo llamaban “Devil”, pero tiene tantos nombres que no podría mencionarlos todos. Viví en ese lugar, encerrada durante años. Poco a poco fui ganándome su confianza y tuve acceso a la biblioteca privada de Devil, había tantos libros y yo tenía tanto tiempo libre que empecé a leerlos todos. Un día Devil me dijo que había llegado el momento en el que nos uniríamos por toda la eternidad. Me explicó que me usaría para poder llegar al cielo, derrocar a Deus y tomar el control. Por su puesto no estuve de acuerdo, pero me obligó a hacer lo peor que he hecho en toda mi vida. Dijo que si no accedía por voluntad propia entonces me daba dos opciones: 1. Ser castigada como todas las almas humanas en ese lugar o 2. Ser quien castigue a las almas. No sé cuánto tiempo soporté el dolor físico y psicológico, pero años después me derrumbé y me vi obligada a tomar la otra opción. Me convertí en el verdugo de todas esas almas, me decía a mí misma que esas almas había llegado ahí por un motivo, pero escuchar sus gritos y suplicas todo el tiempo destrozó mi alma hasta que accedí a participar en el plan de Devil. Preparó un ritual durante varios días y cuando finalmente llegó el día, tenía un plan preparado. Durante su hechizo, empecé a recitar otro hechizo en voz baja. Algo pasó en el momento en que ambos hechizos se terminaron de decir que liberó tanta magia que empezó a destruir todo el infierno como si de un terremoto se tratase. Mi hechizo solo era uno que me permitiría transportarme fuera del infierno, pero en combinación con el de Devil se volvió un hechizo de inmortalidad. Al escapar de ese lugar, sabía que mi libertad no sería eterna por lo que huía de un lugar a otro durante siglos para no ser encontrada por Devil. Años después encontré a Hizzand y me enamoré perdidamente de él, hasta que descubrí que él trabaja para una organización creada por Deus para proteger el portal mágico que lleva al cielo. Ellos también se dedicaban a terminar con la existencia de cualquier ser que pueda destruir la paz de la humanidad, es decir personas como yo a quienes Devil puede utilizar para derrocar a Deus. Hui de Hizzand y nos reencontramos siglos después en la fiesta en la playa a la que fuimos meses. Descubrí que él nunca murió, dio su vida a esa organización y fue bendecido con la juventud eterna. El día en que murió Devil atacó el templo donde entrenaban todos los hombres de esta organización y los asesinó a todos. Me dejó hasta el final para que viera todo lo que hizo y en el momento en que trató de llevarme consigo y cumplir su propósito, apuñalé mi corazón. Desperté días después en una pequeña isla junto a un ángel, quien me dijo que estaba embarazada y que todos piensan que estoy muerta.” Puedo notar como Josh trata de asimilar todas mis palabras y supongo que empieza a formular mil y un preguntas. -         Quiero ver si entendí… ¿Eres la protegida de Dios? -         Así es. -         ¿El diablo quiere usarte para llegar al cielo? -         Sí, es que por ser quien soy puedo atravesar el portal que lleva al cielo, o al menos esa es la teoría de Devil. -         ¿Reviviste? -         Si, pero eso no lo comprendo muy bien, el ángel que estaba a mi lado cuando desperté no me lo explicó. -         ¿Tienes siglos de vida? -         De hecho, creo que poco más de un milenio, -         ¿Y quién es él? Josh señala a Baraquiel y dudo en responder, pero Baraquiel decide hablar. -         Soy Baraquiel, ángel caído desde hace mucho tiempo. Me enamoré de una humana y decidí pasar mi vida con ella, pero ella murió al dar a luz a mi hijo Naber. Josh centra su atención en mi vientre y lo señala. -         Es el mismo nombre que el de tu bebé. -         Sí, es que Hizzand es hijo de Naber y quería hacerle un homenaje poniéndole ese nombre a mi hijo. Josh se levanta del sofá y empieza a caminar de un lado al otro frente a mí. -         Los ángeles existen. -         Sí. -         ¿Qué son los seres que atacaron la galería? -         Son los secuaces de Devil, también conocidos como “Enviados”. -         ¿Algo más que deba saber? Se me ocurre una cosa más de la que debería hablarle, pero trato de no asustarlo más de lo que ya lo está. -         Después de huir de Devil aprendí a hacer hechizos y me convertí en una de las brujas más poderosas, o al menos eso dijo Baraquiel. Josh parece mucho más asustado y se ve o******o a sentarse de nuevo mientras trata de tranquilizarse y procesar mis palabras. -         ¿Tu hijo es un ángel? No sé cómo contestar a esa pregunta, pero me alegra que Baraquiel lo haga. -         Un octavo de su sangre es celestial, pero no nacerá con alas ni nada de eso. Pero su fuerza será superior a la de los humanos. -         ¿Por qué siento que todo esto es simplemente una broma? Baraquiel se levanta molesto y camina hacía Josh quien todavía parece abrumado por la situación. -         Puedo llamar a mi hermano para que venga y te enseñe sus alas si es que no confías en todo lo que te acaba de decir Malakh. Josh niega con la cabeza sin observar a Baraquiel. Sus hombros están caídos y parece a punto de desmayarse, pero lo está tomando mejor de lo que pensé. Por primera vez en mi vida puedo decir que he sido completamente sincera con alguien y eso me hace sentir mucho mejor.  
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