Capítulo 12

2370 Words
Siento un ligero movimiento junto a mí, por lo que levanto mi cabeza en dirección al bulto recostado a mi lado. -         Mmm… El sonido proveniente de su garganta me indica que finalmente ha despertado. -         ¿Baraquiel? -         Mmm… Sonrío al percatarme que ha empezado a cicatrizar su herida en el cuello y todos los golpes en el resto del cuerpo. -         Me alegra que despiertes. Sus ojos se abren de inmediato y en un momento que pasa desapercibido por mis ojos se pone de pie junto a la cama en posición de pelea. -         ¿Dónde estoy? -         En casa. Su cuello se gira en mi dirección y nota mi presencia. -         ¿Malakh? -         Estaba preocupada por ti. Me levanto del asiento donde me encontraba sentada esperando a que Baraquiel despierte y me acerco a él. Lo empujo ligeramente hasta que vuelve a recostarse en la cama y vuelvo a acomodar las cobijas cubriendo su cuerpo. -         ¿Qué pasó? -         Pasó que eres un idiota por no pedir ayuda. Ananiel tuvo que sacarte de ese lugar cuando estabas a punto de morir. -         ¿Ananiel? ¿Cómo supo él donde estaba? -         Le llamé suplicando ayuda y fue de inmediato a salvar a su hermano. -         No debiste haberlo llamado. Puedo sentir como el enfado empieza a reemplazar a la preocupación y lo miro furiosa. -         Claro que no debí haberlo llamado, eso debiste haberlo hecho tú, idiota. -         Tenía todo bajo control, no era necesario que nadie me rescatara. -         Ananiel te encontró tirado en el suelo con un enviado apuñalándote una y otra vez. La imagen de aquel escenario me causa náuseas a la vez que tristeza, por lo que decido sacudir mi cabeza para evitar esos pensamientos. -         De todas formas, no era necesario que mi hermanito me rescatara. -         Se dice: “de nada”. La voz de Ananiel se hace presente desde la entrada de la habitación de Baraquiel. Camina directamente hacia mí y se posiciona a mi lado mientras observa a Baraquiel con enojo. Al menos me alegra no ser la única con ese sentimiento dirigido hacia Baraquiel. -         Es humillante que tu hermano menor deba ir a rescatarte. -         Entonces, ¿hubieses preferido morir? Ananiel parece ofendido a la vez que irritado. -         No iba a morir, solo estaba tomando un pequeño descanso y casualmente ese enviado me encontró. -         Por favor… cuando te encontré tenías un corte profundo en la garganta y como doce puñaladas por todo el cuerpo. -         Sabes que unos pequeños cortes no son nada para mí. Baraquiel vuelve a tratar de levantarse, pero antes de que pueda hacer algo, Ananiel lo empuja agresivamente obligándolo a recostarse. -         Por tu culpa Malakh pasó angustiada tres días, sin contar todo el tiempo que la dejaste sola, sin llamar y sin dar señales de vida. -         Fui en busca de la única bruja que podría ayudarnos. Baraquiel levanta la voz y noto que esta situación se está saliendo de control. -         ¿Qué hubiese pasado si morías durante tu búsqueda? ¿Quién hubiese cuidado de Malakh? Ananiel también empieza a gritar y trato de llamar su atención para tranquilizarlo. -         Ananiel… -         Se supone que ese es tu trabajo, no el mío. Tú eres quien debe cuidarla, no yo. Sus palabras me lastiman un poco, pero sé que está hablando cegado por la ira. -         Tú le prometiste cuidarla, a ella y a su bebé. Es mi trabajo, pero yo no he prometido nada. -         Se lo prometí solo porque ella está esperando un descendiente mío. Me congelo ante sus palabras y comprendo de inmediato que a Baraquiel nunca le ha importado mi bienestar, solo el de mi bebé. Camino lentamente hacia la puerta con la intención de dejar de oír esta discusión, pero parece que Ananiel nota mi acción. -         Eres un idiota, ahora le hiciste sentir mal. Baraquiel centra su atención en mi rostro y parece que nota lo mucho que me afectaron sus palabras, pero antes de que pueda decir algo, corro escaleras abajo. -         Malakh… Escucho su voz alejada, pero trato de fingir que estoy bien y empiezo a recoger los trastes sucios que dejó Ananiel hace un par de horas mientras cenábamos. -         Malakh, no quise decir eso… Escucho la voz de Baraquiel muy cerca de mi oído mientras enjabonaba los trastes sucios, pero decido ignorarlo. -         No me preocupa solo el bebé, también lo haces tú. Tengo tantas ganas de golpearlo que aprieto con fuerza la esponja con jabón, pero me controlo y continúo ignorándolo. -         Eres importante para mí, lo sabes, ¿verdad? -         Claro… Termino de lavar los trastes y camino hacia el salón de estar con Baraquiel detrás de mí. Por un segundo observo su rostro y se nota frustrado a la vez que enojado. -         ¿Estás enojada? -         ¿Debería estarlo? Se frota el rostro con evidente fastidio, pero lo ignoro y me recuesto sobre uno de los sofás con los pies en alto. -         Malakh entiende, no quise decir eso, pero a veces Ananiel me hace enojar. -         Lo entiendo. Saco el celular del bolsillo de mi pantalón deportivo y empiezo a revisar cualquier noticia que encuentre. -         Malakh, por favor, no te enojes, tú y el bebé son importantes para mí. -         Naber. -         ¿Qué? Levanto la mirada de mi celular y puedo distinguir la confusión en su rostro. -         El nombre del bebé… es Naber. Su rostro se empieza a iluminar y una gran sonrisa asoma en sus labios. -         ¿Lo dices en serio? -         Sí – Lo vuelvo a ignorar y continúo viendo mi celular mientras empiezo a notar su cercanía. -         Por favor dime que no estás bromeando. Su rostro se encuentra tan cerca al mío que puedo sentir su respiración chocando con la mía. -         Nunca bromearía con algo así. Su sonrisa se hace todavía más grande y en un rápido movimiento toma el celular entre mis manos y lo lanza al otro extremo del sofá junto a mis pies. -         Gracias, gracias, gracias. Me abraza con fuerza por unos segundos, mientras continúa agradeciendo una y otra vez. Empiezo a olvidar el motivo por el cual estaba enojada con él y cuando deja reposar su frente sobre la mía me olvido por completo de todo. -         No sabes lo que ese nombre significa para mí y de verdad agradezco que quieras que ponerle ese nombre a tu hijo. Todavía estoy un poco aturdida por tanta cercanía, pero al sentir sus labios sobre los míos todo empieza a dar vueltas. Puedo escuchar como cientos de alarmas empiezan a sonar en mi cabeza y lo empujo rápidamente para alejarlo de mí. Lo observo con evidente confusión y parece que él tarda unos cuantos segundos en percatarse de lo que acaba de hacer. -         Yo… Lo interrumpo antes de que pueda decir algo que me haga sentir incómoda. -         Baraquiel, esto está mal. -         Lo sé, yo… perdón, solo… por un momento imaginé que eras otra persona. -         ¿Se supone que eso me hará sentir mejor? -         No, claro que no, es decir… Puedo notar lo arrepentido que se siente y en ese momento me percato de todos los sentimientos raros que empezaba a sentir por él. No se trataba de un amor romántico, era un amor fraternal, empezaba a considerarlo un hermano, quizá hasta un padre. Y todo eso lo descubrí al momento es que me besó. -         Estaba reviviendo el momento en que… mi esposa decidió el nombre de nuestro futuro hijo y… yo solo… por un momento me dejé llevar por las emociones que sentí ese día. Baraquiel baja la cabeza, avergonzado y entiendo perfectamente lo que se siente. -         Recuerdo haberla besado durante mucho tiempo por lo feliz que me sentía. Sabía que Naber era un nombre digno del hijo de un ángel y en el momento que ella lo dijo me sentí el hombre más afortunado del mundo. -         ¿La extrañas? -         Todos los días de mi existencia. -         ¿Te importa que pregunte cómo murió? -         Lo mismo de siempre… durante el parto. No puedo negar que esas palabras me asustan de tal manera que siento un escalofrío cada vez que pienso que podría morir durante el parto de mi hijo. -         También moriré durante el parto, ¿verdad? Levanta la mirada hacia mis ojos y puedo notar el miedo que sintió ante mis palabras. -         No, claro que no. Se sienta a mi lado, pero vuelve a bajar la cabeza. Todavía parece avergonzado y eso me hace sentir mal por la forma en la que reaccioné. -         Espero que no… Eso último lo dice en un susurro, pero lo escuché claramente. -         A veces siento que Hizzand está a mi lado, pero cuando regreso a ver no hay nadie y eso me deprime. -         Después de que mi esposa murió la sentía a mi lado todo el tiempo. Quise entrar a la fuerza al cielo y verla, pero no tenía alas con las que pudiera volar. Intenté que varios de mis hermanos me llevaran, pero ninguno accedió. Estaba tan desesperado que empecé a buscar el portal hacia el cielo, pero cuando lo encontré una fuerza más poderosa que cualquier ángel me impidió el paso. Después de caer a la tierra sabía que no podría volver al cielo, en eso consistía mi castigo, pero pensé que papá se apiadaría de mí y me dejaría ver una última vez a la única mujer que he amado en toda mi existencia. El dolor en sus palabras provoca que unas cuantas lágrimas caigan de mis ojos. -         Antes de reencontrarme con Hizzand planeaba acabar con mi vida. Siempre pensé que lo volvería a ver en el cielo y cuando nos encontramos ese día en la playa, me asusté tanto al darme cuenta de que estaba vivo que en ese instante me di cuenta de que estuve a punto de acabar con mi propia por un motivo estúpido porque él ni siquiera estaba en el cielo. -         Un año después de la muerte de mi esposa traté de terminar con mi vida para dejar de sufrir, pero los ángeles, incluso los caídos, tenemos otro lugar de descanso eterno y aunque hubiese logrado mi objetivo nunca más volvería a verla. -         Somos unos idiotas, ¿no es así? Baraquiel sonríe brevemente ante mi comentario y extiende su mano para envolverla alrededor de mi cuello. -         Estamos tan enamorados de alguien a quien no podemos tener a nuestro lado que quisimos encontrar a alguien que sufre lo mismo para poder apaciguar nuestro sufrimiento, aunque sea un poco. -         Por un tiempo pensé que me estaba enamorando de ti, pero después de ese beso me percaté de mis verdaderos sentimientos. -         ¿A sí? ¿Y qué es lo sientes por mí? Muestra una gran sonrisa que me causa alegría, por lo que también sonrío. -         Eres como el hermano que nunca tuve o hasta quizá un padre. -         Me voy a quedar con lo de hermano, no quiero que nadie piense que soy mayor que tú. Su comentario me causa una carcajada y lo empujo juguetonamente para que se aleje de mí. -         Perdón por lo de hace rato, eres importante para mí y también me quiero como una hermana, quizá una hija. Reímos juntos y empiezo a sentirme relajada ahora que aclaramos nuestros sentimientos. -         No creo que a Hizzand le hubiese gustado saber que besé a su eterno amor. -         Es verdad… mejor no se lo digamos. -         Eso deberías decírselo a Ananiel, el chismoso de mi hermano ha estado escuchando todo desde las escaleras. Giro mi cuello en dirección a las escaleras y lo observo sentado en uno de los escalones mientras nos mira con una sonrisa. Sus ojos se abren cuando lo observo atentamente y levanta las manos en señal de inocencia. Camino hacia él y le señalo con el dedo. -         Ni se te ocurra mencionarle esto a Hizzand. -         Yo no he visto nada. -         Más te vale. Ananiel se carcajea mientras sube las escaleras y desaparece de mi vista. Vuelvo a centrar mi atención en Baraquiel y parece que a él no le importa que Hizzand puede enterarse de esto, ya que lo encuentro caminando hacía el refrigerador en busca de comida. -         Deberías llamar a Karla, ha estado preocupada por ti. Tuve que decirle que estaba resfriada para que no viniera estos tres días. -         Llama e invítala a cenar esta noche. -         Son casi las once de la noche, de seguro ya cenó. -         Entonces invítala a desayunar mañana. -         De acuerdo… Estoy a punto de realizar la llamada cuando recuerdo algo importante. -         ¿Encontraste a la bruja? -         Sí, pero no cumplí con la misión que me asignó así que no sé si pueda convencerla de realizar el hechizo con solo dos de los tres objetos que me pidió que consiga. -         ¿Cuáles eran esos dos objetos? -         Unas vasijas donde mi hermano guarda las almas de algunas de las personas más malvadas que han pisado este planeta. Creo haber leído algo de eso en alguno de los pergaminos que encontré hace varias décadas, pero recuerdo claramente que todas esas vasijas se encontraban custodiadas por enviados y varios hechizos. -         ¿Por qué ella quería esas vasijas? -         Es una bruja sedienta de poder, teniendo esas vasijas absorbe poder, hay unas decenas esparcidas por el mundo, pero ella quería que le llevara tres en específico. Creo que con las dos que le entregué es suficiente. -         ¿Por qué nunca escuché de esa bruja? -         Vive aislada del mundo hace siglos, pero piensa que Luzbell irá por ella en algún momento y quiere estar preparada para asesinarlo. -         ¿Por qué quiere asesinarlo? -         Porque Luzbell asesinó a toda su familia cuando ella era niña. Desde que nació se podía sentir su poder a kilómetros. Mi hermano fue por ella, pero su familia la defendió. Los asesinó a todos y en el momento en que iba a tomar a la niña, ella liberó tanto poder con un grito que noqueó a mi hermano y pudo huir.  
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