Capítulo 11

2432 Words
Mis pies se encuentran tan hinchados que decido recostarme en el sofá de la sala de estar y descansar unos minutos. Observo al techo mientras regulo mi respiración y casi de inmediato llega a mi memoria el rostro de Baraquiel y la mirada de reproche que me daría por haber estado de un lado al otro todo el día. -         ¿Todavía no sabes nada de él? La voz de Karla interrumpe mis pensamientos y dirijo mi atención hacia ella. -         Ya han pasado dos semanas y no ha llamado. -         ¿Crees que le haya pasado algo? Trato de encontrar una manera en la que pueda explicarle a Karla que Baraquiel es el peligro de los que muchos huyen y no debería pensar que algo le haya pasado. -         No lo creo, de seguro está ocupado, pero dijo que volvería hace una semana y no lo ha hecho. -         ¿Por qué no lo llamas? Porque no tiene un celular al que pueda llamarlo. -         Porque no quiero interrumpir sus reuniones de negocios, de seguro está ocupado y por eso no ha llamado. -         Cuando vuelva hablaré con ese niño para que no vuelva a salir de viaje de negocios sin despedirse y después no llamar. Río internamente por la forma en la que Karla llama a Baraquiel y por un segundo me imagino a un pequeño Baraquiel corriendo por la casa. -         Karla no debes regañarlo, es un hombre de negocios que debe ocuparse de su empresa de vez en cuando. -         Creí que todo estaba controlado y por eso había venido a cuidar de ti. -         Si, pero hay negocios que debe tratar en persona. Karla no continúa insistiendo y agradezco por no tener que inventar más mentiras para cubrir a Baraquiel. Escucho cuando Karla se sienta en el sofá junto al que me encuentro acostada y busca el mando del televisor en la pequeña mesa ubicada en medio de ambos sofás. -         Sería buena idea que empieces a ir a esas clases prenatales que promocionan en la televisión o incluso podrías hacer yoga. ¡Piensa rápido! No puedo decirle que el hechizo en la casa es lo único que ayuda a ocultar la presencia de mi bebé. -         Lo he pensado, pero no creo que sea necesario. -         Es tu primer hijo, no creo que tengas idea de lo que se hace durante el parto. -         He visto videos en internet. -         ¡Videos en internet! ¿Tú crees que el internet va a ayudarte cuando no soportes el dolor y tengas la necesidad de pujar? -         Karla, hasta donde sabía tú tampoco has dado a luz. Termino de decir esas palabras cuando me arrepiento por completo y enderezo mi espalda con la intención de pedir disculpas, pero algo suave impacta con mi rostro al momento en que trato de sentarme. No entiendo que acaba de ocurrir, pero al observar en dirección a mis piernas me encuentro con un cojín de color blanco y entiendo de inmediato lo que ocurre. -         Karla, ¿acabas de golpearme con un cojín? -         No debes subestimar mi sabiduría, Sam. El rostro de Karla muestra una sonrisa divertida que me indica que no se sintió ofendida por mi comentario. -         Lo sé Karla, pero no quiero tener que salir de casa y conducir hasta una clase donde lo único que me enseñarán es a inhalar y exhalar durante las contracciones. -         Esas clases podrían ayudarte en mucho más que eso. Trato de continuar con mis excusas, pero se me acaban las ideas y decido terminar con este tema de conversación de una vez por todas. -         Tienes razón, Karla, pero creo que sería mejor idea contratar a alguien que venga a casa y tener clases privadas. -         Supongo que es cierto, pero deberías apresurarte en buscar a alguien que imparta esas clases. No te falta mucho para dar a luz. -         Lo sé, lo sé. Coloco el cojín con el que Karla me golpeó hace uno momento bajo mi cabeza y vuelvo a recostarse sobre el sofá. -         ¿Ya elegiste el nombre del bebé? Karla como siempre no se guarda sus preguntas y quiere estar informada de todo. -         Creo que lo hice. -         ¿Crees? -         Es decir, elegí el nombre, pero no planeaba anunciarlo hasta que Baraquiel volviera. -         Por favor dime que no llamaras al bebé “Baraquiel” Su tono expresaba lo angustiada que se sentía, pero su comentario me causa gracia por lo cual me rio mientras tranquilizo a Karla. -         No se llamará “Baraquiel”, lo prometo. -         ¿Me dirás el nombre del bebé o seguir esperando a Baraquiel? Me lo pienso unos segundos hasta que decido que, al menos en esta ocasión, no ocultaré esa información a Karla. -         Su nombre será Naber, como el padre de Hizzand. No puedo evitar que una sonrisa orgullosa asome en mis labios al imaginar la mirada que hubiese puesto Hizzand si le hubiese dado la noticia en persona. -         No entiendo por qué les gustan los nombres raros, “Baraquiel”, “Hizzand” y ahora “Naber” Sé que Karla está bromeando, por lo que su comentario me hace reír y me percato de que tiene razón. -         Supongo que es una costumbre familiar. -         De seguro Hizzand estaría feliz. Cierro mis ojos para poder recordar su sonrisa e imaginar lo feliz que estaría de conocer a su hijo. -         De seguro lo estaría. El silencio se instala en la habitación por unos minutos mientras recuerdo los momentos junto a Hizzand y parece que el bebé percibe mi tristeza porque empieza a removerse incómodo, o al menos eso creo sentir. -         A veces creo que Baraquiel no extraña a su hermano. Su comentario me sorprende y mi mente empieza a trabajar en crear nuevas excusas para la conversación que de seguro se avecina. -         Nunca lo menciona y tampoco lo he visto triste desde que lo conozco. -         Baraquiel no es una persona que le guste expresar sus sentimientos. El día que nos conocimos lo noté triste por la muerte de Hizzand, pero después de eso no lo he visto demostrar debilidad. -         Estar triste no significa ser débil. -         Trata de explicárselo a Baraquiel. -         Ese niño debe entender que no por estar triste significa que es una persona débil. En cualquier otra ocasión estaría de acuerdo con Karla, pero Baraquiel es un guerrero celestial que no debe demostrar tristeza frente a enviados u otros guerreros, lo haría ver débil y lo asesinarían sin piedad. Las horas pasan tranquilas mientras Karla mira un programa de televisión y me ofrezco a preparar la cena para que Karla descanse. Alrededor de las nueve y media de la noche Karla decide que es momento de ir a casa, por lo que se despide con un abrazo y sale por la puerta. Termino de ducharme y me dispongo a vestirme cuando observo por la ventaja un extraño movimiento que alertan todos mis sentidos. Cubro mi desnudez con la bata de baño que se encontraba sobre la cama y camino rápidamente hacia la ventana.   Busco con la mirada cualquier cambio en el paisaje o la presencia de algún extraño, pero solo observo el movimiento de las ramas de los árboles moviéndose de un lado al otro. Una extraña sensación empieza a crecer en mi interior y decido bajar a investigar por mi propia cuenta. Me visto con el pijama rápidamente y empiezo a caminar descalza hasta bajar las escaleras, atravesar el pasillo hasta la cocina y salir al patio t*****o donde creí observar movimiento hace unos segundos. El césped hace contacto con mis pies desnudos, lo que me causa escalofríos y cosquillas a la vez. Observo de un lado hacia el otro, pero el único movimiento que detecto es el provocado por el viento, causando que la hamaca y las ramas de los árboles no se detengan. Levanto mi cuello hacia arriba y solo puedo observar las pocas estrellas que adornan el cielo esta noche. Estoy a punto de retroceder y caminar de regreso a mi cama cuando un rápido movimiento llama mi atención. Algo cruza el cielo de un extremo al otro en tan solo un par de segundos. Mi primer pensamiento es que se trata de una estrella fugaz, pero revivo la imagen una y otra vez en mi cabeza y noto una pequeña irregularidad en la trayectoria del objeto. No tardo mucho en darme cuenta de que la supuesta estrella fugaz se movía impulsándose y al hacer memoria puedo distinguir unas pequeñas alas que le ayudaban a moverse. De inmediato el pánico empieza a hacerse presente y entro corriendo a casa después de cerrar las puertas corredizas. Empiezo a pensar en un hechizo que me podría servir en el caso de que se trate de un enviado volando cerca de aquí y me encuentre, pero el miedo provoca que no pueda pensar con claridad y abrazo mi vientre como si de alguna manera pudiese proteger a mi bebé con esa acción. -         Todo estará bien, todo estará bien. Repito esa oración una y otra vez para convencerme a mí misma, pero los minutos pasan y no logro tranquilizarme. Subo hasta mi habitación y cierro la puerta con llave después de asegurar la ventana para que no pueda abrirse. Trato de tranquilizarme al percatarme que han pasado varios minutos y todavía no ha ocurrido nada, lo que significa que no han venido por mí, o quizá todavía no. Pienso en llamar a Ananiel, pero finalmente decido que no quiero molestarlo si se trata de una falsa alarma. No me muevo de la ventana por casi una hora buscando señales de movimiento en el cielo o incluso la presencia de cualquier ser vivo cerca de la casa, pero nada vuelve a moverse, ni siquiera las ramas de los árboles. Me tranquilizo después de confirmar por sexta vez que nadie viene a por mí y me recuesto sobre la cama sin cubrirme por completo con las cobijas. Busco mi celular en la mesita de noche junto a mi cama, pero al no encontrarlo recuerdo que lo dejé en la cocina mientras lavaba los platos con Karla así que me vuelvo a levantar para bajar hacia la cocina. Mientras me acerco a la isla de la cocina donde se encuentra mi celular no puedo evitar observar a la puerta corrediza que da acceso al patio esperando que en cualquier momento alguien pueda entrar y atacarme, pero nada ocurre y tomo mi celular para volver a subir por las escaleras y dormir. Al recostarme de nuevo en mi cama, me cubro con las cobijas hasta el cuello y dejo el celular junto a la lámpara sobre la mesa de noche. Todavía siento mi corazón un poco agitado por lo que me acomodo en una posición en la que mi vientre me lo permite y cierro los ojos con la intensión de dormir. Pasan varios minutos en los que mantengo mis ojos cerrados, pero mi mente sigue recordando la escena de hace una hora. Me empiezo a preguntar el motivo por el cual Ananiel no hizo acto de presencia y en ese momento saco una conclusión. Si se hubiese tratado de un enviado, Ananiel lo hubiese detectado y de inmediato hubiera venido a protegerme por lo que concluyo que se trataba de un ángel o incluso del mismo Ananiel que solo comprobaba que me encontrase bien antes de dormir. Empiezo a dormirme cuando el sonido de una llamada entrante me despierta por completo. Tomo el celular entre mis manos y observo que se trata de un número desconocido y extranjero. Contesto por curiosidad y al momento escucho un gran ruido que me confunde. -         ¿Hola? Nadie responde al otro lado, pero vuelvo a escuchar un gran estruendo que me obliga a alejar el celular de mi oído. -         ¿Hola? De nuevo nadie responde, pero algo me dice que no debo colgar. -         ¿Hay alguien ahí? -         Malakh. La voz de Baraquiel me sorprende y a la vez me alegra oír su voz. -         ¡Baraquiel! -         Escucha Malakh, perdón por no haber llamado antes. -         ¿Dónde estás? Dijiste que volverías hace una semana. Baraquiel no contesta mi pregunta y puedo escuchar otro ruido de fondo, pero está vez se escucha alejado. -         Baraquiel, ¿Qué ocurre? -         Nada, no pasa nada. Perdón por no haberte llamado antes, estuve en una misión y no pude comprar un celular hasta hace dos días. -         ¿Dónde estás? ¿Estás bien? -         Si, si, pero creo que me voy a tardar unos cuantos días más en volver. Escucho un grito de fondo que empieza a oírse cada vez más cerca. -         ¿Necesitas ayuda, Baraquiel? No obtengo respuesta, lo cual empieza a preocuparme y los casi diez segundos en los que Baraquiel tarda en responderme se me hacen eternos. -         No, no, estoy bien, pero no quería que te preocuparas por mí. Volveré en unos días. -         ¿Qué está ocurriendo, Baraquiel? ¿Qué son todos esos ruidos? -         No es nada, la bruja que conseguí se metió en problemas y estoy ayudándola. -         ¿Ayudándola? ¿Estás en una guerra o algo así? De nuevo no obtengo respuesta y los gritos empiezan a incrementar y hacerse más cercanos. -         Algo así. Escucho un grito tan fuerte que deduzco que se trata de Baraquiel, pero noto que después del grito deja de escucharse cualquier otro ruido. -         ¿Baraquiel? -         Estoy bien, estoy bien. Solo me apuñalaron por la espalda. -         Espera, ¿Qué? -         Como te decía, volveré en unos días. Ya conseguí a la bruja y hará los dos hechizos que acordamos. -         ¡Baraquiel me acabas de decir que te apuñalaron! No puedo disimular el tono de horror que sale de mis labios mientras imagino la escena. -         Tranquila que ya lo asesiné, pero tardaré unos cuantos días en recuperarme para poder volver. Las palabras se me quedan en la garganta cuando vuelvo a escuchar un ruido ensordecedor proveniente de Baraquiel. -         ¡Baraquiel! De nuevo no obtengo respuesta lo que provoca que un sudor frío recorra mi espalda y empiece a gritar su nombre. -         ¡Baraquiel! Pasan varios segundos sin que obtenga respuesta, pero escucho su respiración lo que me da señales de que se encuentra cerca. -         Baraquiel, por favor contéstame. -         Creo… creo que estoy en problemas. La llamada de corta en ese momento y las lágrimas empiezan a caer por mis mejillas mientras trato de pensar en que hacer.    
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